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Lowell Brueckner

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La Gran Tribulación

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El libro del profeta Daniel

“Tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin.”
Daniel 12:4

La Gran Tribulación
Capítulo 12:1-13                              

1.      En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que vela sobre los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de angustia cual nunca hubo desde que existen las naciones hasta entonces; y en ese tiempo tu pueblo será librado, todos los que se encuentren inscritos en el libro. 
2.      Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el desprecio eterno. 
3.      Los entendidos brillarán como el resplandor del firmamento, y los que guiaron a muchos a la justicia, como las estrellas, por siempre jamás. 
4.      Pero tú, Daniel, guarda en secreto estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y el conocimiento aumentará. 
5.      Entonces yo, Daniel, miré, y he aquí otros dos estaban de pie, uno a este lado del río, y el otro al otro lado del río. 
6.      Y uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: ¿Para cuándo será el fin de estas maravillas? 
7.      Y oí al hombre vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, que levantando su mano derecha y su mano izquierda al cielo, juró por aquel que vive para siempre, que será por un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se termine la destrucción del poder del pueblo santo, se cumplirán todas estas cosas
8.      Yo oí, pero no pude entender. Entonces dije: Señor mío, ¿cuál será el resultado de estas cosas? 
9.      Y él respondió: Anda, Daniel, porque estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 
10.  Muchos serán purificados, emblanquecidos y refinados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos comprenderá, pero los entendidos comprenderán. 
11.  Y desde el tiempo en que el sacrificio perpetuo sea abolido y puesta la abominación de la desolación, habrá mil doscientos noventa días. 
12.  Bienaventurado el que espere y llegue a mil trescientos treinta y cinco días. 
13.  Mas tú, sigue hasta el fin; descansarás y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días.

A menudo menciono que yo creo en el cristianismo histórico y en la verdad que la iglesia verdadera ha presentado sobre los siglos. Cito mucho a Juan Wesley, que dijo: “La doctrina nueva es doctrina falsa”.


La razón por la que la enfatizo esto, es porque en el pasado escuché mucho decir que Dios está haciendo una cosa nueva hoy en la tierra. Como resultado de esta enseñanza, las cosas viejas, en general, fueron ignoradas y la gente empezó a buscar una revelación nueva y privada. Por ejemplo, ya no cantaban los himnos antiguos y casi fueron olvidados; en su lugar, una nueva era de música entraba en la iglesia.

La teología llegó a ser casi despreciada y la doctrina perdió su importancia. Nos decían que teníamos que poner a un lado las diferencias doctrinales y concentrarnos en la unidad, demostrando las virtudes ‘cristianas’ a través de una armoniosa convivencia, creando un ambiente agradable y tranquilo. Vi que muchos pretendidos maestros de la Biblia no avisaban sobre el peligro de la dañina enseñanza del catolicismo romano, que produjo la necesidad de una reforma hace quinientos años, y aceptaban a miembros de sectas como hermanos. Con el paso de los años, se vio claro que este movimiento no era de Dios y yo empecé a protestar y a contrarrestar el engaño con la verdad de Su Palabra.

Sin embargo, la profecía de los últimos tiempos supuso un problema para mí. Durante toda mi juventud aprendí acerca del punto de vista premilenialista y no podía, ni puedo hoy, aceptar las posiciones amilenialista y post-milenialista sobre la profecía bíblica. El Apocalipsis del apóstol Juan, capítulos 19 y 20, son demasiado claros, y no puedo entender como hay cristianos, en cualquier tiempo, que no pueden aceptarlos literalmente. Los primeros y más conocidos padres de la iglesia, incluso Policarpo de Esmirna, un discípulo del apóstol Juan, nos dejó comentarios premilenialistas entre sus escritos. Cuando algunas de estas obras se descubrieron de nuevo, causaron un avivamiento de pensamientos premilenialistas a principios del año 1600. Sin embargo, la doctrina de la reforma, en general, se caracteriza por enseñanzas post-milenialistas o amilenialistas.

Todo esto pasó antes del evento más asombroso de nuestros tiempos… el regreso de los judíos a su patria a finales del siglo XIX, que continua hasta ahora, y el restablecimiento del estado soberano hebreo en 1948. R. C. Ryle y C. H. Spurgeon, también premilenialistas, tras observar el principio del movimiento sionista, predicaban claramente sobre la necesidad de que se cumpliera la palabra de Dios para los judíos. Él había prometido que volverían a la Tierra Prometida. ¿Cómo es posible que algunos cristianos puedan ignorar un cumplimiento tan poderoso de profecías, dadas por medio de Ezequiel y otros profetas, miles de años atrás…? ¡es más allá de lo que yo puedo comprender! Jamás ha ocurrido algo semejante en la historia mundial.

Hace muchos años, mi hijo me regaló las obras completas de Jonathan Edwards. Leí todas y, entre ellas, había muchas cartas escritas a conocidos en Europa, en las cuales él debatía sobre las Escrituras proféticas. No puedo citarle directamente, porque buscar una frase en particular entre todas sus vastas obras, sería como buscar una aguja en un pajar. Sin embargo, recuerdo muy bien una frase que, en esencia, decía así: “Pienso que no será posible interpretar estas Escrituras proféticas con precisión hasta que estemos más cerca del tiempo de su cumplimiento”. 

Un día, al estar otra vez luchando para reconciliar mi posición sobre “la verdad antigua” y las relativamente “nuevas ideas” sobre la profecía, alguien me sugirió que la respuesta podría hallarse en Daniel 12:4, donde, como ya sabemos, Gabriel mandaba a Daniel que sellara las profecías hasta el tiempo del fin. Las revelaciones de Daniel eran para un futuro muy lejano y no debían ser una preocupación para él ni para el pueblo de su día. Hoy, al aproximarnos al cumplimiento de estos eventos, el significado global de estas predicciones (aunque no todos los detalles en particular) parece algo claro. 

Yo creo que mucha gente ha sido cegada. Temo que pueda ser algo parecido a lo que les sucedió a los judíos cuando Cristo vino literalmente a la tierra; según los teólogos, se cumplieron más de 300 detalles de las profecías del Antiguo Testamento sobre Su primera venida. Jesús les dijo a ellos: “Tus enemigos… te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti… porque no conociste el tiempo de tu visitación(Lc.19:43-44). “Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no podéis discernir las señales de los tiempos” (Mt.16:3).

El versículo 1 empieza con la frase, “en aquel tiempo…” Por esta frase, vemos claramente que los últimos versículos del capítulo 11 ocurrirán en los últimos tiempos, e involucra al Anticristo mismo. No se está refiriendo al tiempo entre los dos Testamentos, cuando vivía Antíoco Epífanes. ¡Aquel tiempo está para llegar! ¡Miguel, el poderoso ángel y gran príncipe, “que vela sobre los hijos de tu pueblo”, se levanta! Se está quitando el sello de las asombrosas profecías de Daniel y la Gran Tribulación está en el horizonte: “Un tiempo de angustia cual nunca hubo desde que existen las naciones hasta entonces”. Jesús lo confirma: “Porque habrá entonces una gran tribulación, tal como no ha acontecido desde el principio del mundo hasta ahora, ni acontecerá jamás” (Mt.24:21). El cronómetro hebreo, que marca siete años, está a punto de empezar su cuenta regresiva.

Para hallar toda la verdad sobre cualquier asunto bíblico, tenemos que buscar todo lo que la Escritura revela sobre ella. Nunca es sabio llegar a una conclusión sólo por considerar una porción. Sobre la liberación del pueblo de Daniel, predicho en el versículo 1, tenemos que tomar en cuenta también la profecía sobre el tiempo del fin de Zacarías. Lo hemos considerado en el último capítulo: “Dos terceras partes serán cortadas en ella, y se perderán; mas la tercera quedará en ella” (Zac.13:8). La promesa del versículo 1 es para la tercera parte, todos los que se encuentren inscritos en el libro”.

También aprendimos, en el último capítulo, que una profecía concerniente a algo que tiene que cumplirse en un futuro lejano, fácilmente puede estar apuntando hacía más de un evento. Gabriel continúa hablando en el capítulo 12, y combina la primera y segunda resurrección. Jesús hace una distinción entre ellas, demostrando que hay dos resurrecciones, una de vida y otra de juicio: “Saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio” (Jn.5:29), y seis siglos después de Daniel, el apóstol Juan explica la diferencia entre ellas: “Y vi las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y de la palabra de Dios… y volvieron a la vida y reinaron con Cristo por mil años. Los demás muertos no volvieron a la vida hasta que se cumplieron los mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo es el que tiene parte en la primera resurrección; la muerte segunda no tiene poder sobre éstos” (Ap.20:4-6).

Aunque el libro se aplica especialmente al pueblo de Daniel, las promesas a los sabios son para todos los que toman parte en la primera resurrección y es un principio espiritual en general. Los judíos y gentiles que guían a muchos a la justicia, brillarán en resplandor. En los tiempos del fin, el conocimiento, en general, se incrementará. Muchos correrán de aquí para allá buscando apasionadamente el conocimiento, y descubrirán mucho al aproximarse al tiempo del fin. También el conocimiento profético se incrementará, como acabamos de ver. Dios abrirá los ojos de los judíos al conocimiento espiritual en el periodo de la Tribulación, pero la luz comenzará a brillar sobre ellos incluso antes.

Gabriel deja su discurso en el versículo 4. Daniel todavía está situado en el mismo lugar, a la orilla del río Tigris, donde le vimos al comenzar el capítulo 10. Hay un ángel en cada orilla, a su lado y al lado opuesto. Uno pregunta al Hombre vestido de lino (10:5-9) que está sobre las aguas: ¿Para cuándo será el fin de estas maravillas?” Él levanta las dos manos y jura con una autoridad absoluta: “Por un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo. Estos son los tres años y medio importantes en la profecía, que completan la última parte de la semana 70 (9:27). Es el tiempo del reinado del Anticristo (7:25) y también del derramamiento de las copas de la ira de Dios sobre la tierra. La mujer del Apocalipsis 12, que es Israel, en este tiempo huye de la serpiente y es sostenida en el desierto (Ap.12:14).

Hay un poderoso Ángel que ve a Juan en el mismo tiempo profético de que habla el Ángel en esta porción. Me es muy difícil no creer que sea el Hijo de Dios. Tiene autoridad sobre tierra y mar, y jura que no habrá más demora… entonces el desarrollo de los últimos propósitos de Dios ocurrirá en la tierra. Sugiero que estudies bien Apocalipsis 10 y las características de este Ángel. 

El Hombre sobre las aguas habla del periodo de Tribulación de los judíos, “cuando se termine la destrucción del poder del pueblo santo”. Una vez más aprendemos acerca de la purificación del remanente de Israel… los sobrevivientes serán la tercera parte de la población (capítulo 11:33-35; Zac.13:9). Quizás el testimonio de Daniel y sus tres compañeros, en los primeros seis capítulos, fueron escritos para demostrar la liberación victoriosa y sobrenatural de los judíos en aquellos años de prueba. Para ellos, Dios tiene planes tremendos para los siguientes mil años.

Daniel sella el libro hasta que se aproxime el tiempo del fin y él mismo no puede comprender las palabras que ha escuchado. El mensajero celestial habla de una separación. Llegará el tiempo cuando los puros serán más puros todavía mediante una obra que refina. Lo expresa Zacarías así: “Meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata” (Zac.13:9). Mientras los impíos, más que nunca, procederán a la impiedad. Juan pronunció, en el último capítulo de su libro, las siguientes palabras, que son las últimas del Nuevo Testamento y de toda la revelación de Dios: “Que el injusto siga haciendo injusticias, que el impuro siga siendo impuro, que el justo siga practicando la justicia, y que el que es santo siga guardándose santo” (Ap.22:11).

Yo creo también que hemos llegado a este tiempo. Las zonas grises (lo que no es claro, o es incierto) desaparecen. Por un lado, ahora existen los que tienen hambre y sed de justicia, mientras que el mundo y la iglesia apóstata cae sin control hacía la perversión y la incredulidad. Es tiempo, también, de que la luz de la verdad se separe de las tinieblas del engaño. Estamos viendo el principio de una diferencia radical en las maneras de ver e interpretar lo que acontece en el mundo. No hay manera de hallar una compatibilidad entre los verdaderos cristianos y los incrédulos… “Ninguno de los impíos comprenderá, pero los entendidos comprenderán”. Pablo habló acerca de la segunda venida de Cristo, diciendo: “Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que el día os sorprenda como ladrón; porque todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas” (1Tes.5:4-5). Nota las palabras: Ninguno de los impíos y todos vosotros sois hijos de la luz.

Solamente Jesús fue digno de romper los siete sellos de un rollo sostenido por la mano derecha de Dios (Ap.5:1-7). El rollo contenía los primeros eventos del tiempo del fin. Supongo que la mayoría de los cristianos creen que los sellos se romperán en la semana 70 de Daniel, pero yo pienso que empezarán a ocurrir antes, de hecho, creo que los primeros sellos (el comienzo de dolores, Mt.24:8) ya están rotos.

Cuando el Anticristo prohíba sacrificar y contamine el templo por la Abominación Desoladora, seguirán 1.260 días hebreos (3 ½ años) hasta el fin de la Tribulación, que termina con la Batalla de Armagedón. El texto añade treinta días más y después cuarenta y cinco. Eso es porque tienen que acontecer algunas otras cosas entre la Tribulación y el Milenio. Bueno, tiene que haber una tremenda limpieza después de la batalla, en la que participarán aves carnívoras (Ap.19:21). Es cuando tomará lugar el Juicio de las Naciones (Mt.24:29-31 y Mt.25:31-46). Habrá un tiempo de transición en Israel, preparándose para tomar su papel en el Milenio. Por eso aquí vemos un periodo total de 75 días entre la Tribulación y el Milenio.

El ministerio de Daniel ha terminado y su alma es llamada al Paraíso, mientras su cuerpo duerme en el sepulcro, esperando la resurrección de los justos. Él brillará como el resplandor del firmamento y como las estrellas, por siempre jamás. ¡Qué gran parte ha tenido en el plan de Dios y cómo nos ha alumbrado sobre las cosas que tenemos por delante! Gracias, Daniel, y que Dios reciba toda la gloria por la luz que Él ha dejado brillar sobre nosotros con tanto amor. Nosotros, aunque seamos discípulos ordinarios y comunes, estamos observando cosas “a las cuales los ángeles anhelan mirar” (1 P.1:12). Gracias, Señor Jesús, por darnos la posibilidad de recibir gratuitamente todas las cosas (Ro.8:32). Gracias, Espíritu Santo, por iluminar nuestras mentes tan torpes y por suavizar nuestros duros corazones para que entre la verdad eterna (Jn.16:12).



1 comentarios:
charly dijo...
18 de octubre de 2018, 10:43  

Hola,soy Carlos de Cordoba,Argentina..y lendoy grasias a Dios por personas como ud.he seguido el estudio de Isaias.lo cual su trabajo me ha ayudado mucho con mis estudios biblicos..que Dios lo bendiga.

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