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Lowell Brueckner

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La historia de mi vida

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Mi hermana, Phyllis, recibió este documento de Ruby Gerner, nuestra vecina en Wisconsin, donde me crie en los años 50. Fue escrito con una maquina muy antigua y, por el trascurso de los años, el color del papel se ha oscurecido. La familia Gerner tenía una granja al lado de nuestra propiedad, y el señor Gerner trabajaba la tierra que rodeaba nuestra casa. Ellos eran católicos romanos y muy buenos vecinos.

Estoy seguro que mi padre les dio este documento, no solamente para que conocieran su vida, sino por su intención de compartir el evangelio por medio de su historia… un evangelio que no tenía nada que ver con ninguna religión. El testimonio vivo de mis padres y las oraciones que ofrecíamos todos los días en nuestros devocionales por nuestros vecinos, llevaron fruto. Ruby pudo conocer al Cristo vivo en su vejez. No estoy muy seguro de los detalles, pero he oído que al menos algunos de sus hijos han recibido al Señor y que su marido expresó una esperanza en Cristo al morir.

He vivido toda mi vida observando la fidelidad de Dios en contestar la oración y con la seguridad de las promesas de Su palabra. Aquí presento el siguiente testimonio de un predicador sencillo de campo, que sólo tuvo oportunidad de ir a la escuela primaria durante seis años. He escrito toda su historia en mi libro “Lo que palparon nuestras manos”. Si deseas leerlo, déjamelo saber, por favor. 

La historia de mi vida

Mi madre me dijo que nací casi muerto; siendo niño pasé por tres neumonías, pero Dios no quería llevarme todavía con Él. Tenía algo para mí en la vida.

Desde que era niño tuve anhelos para Dios, pero no sabía cómo encontrarle. Le buscaba en secreto porque me daba vergüenza que alguien supiese lo que sentía en cuanto al Señor y que se rieran de mí.

Cuando fui confirmado, los chicos de nuestra iglesia y de alguna otra denominación, blasfemaban y se decían palabrotas unos a los otros. Entonces pensé, seguramente esto no puede ser el cristianismo, pero estas cosas las guardé dentro de mí.

A los 17 años se me empezó a caer el pelo a mechones por distintas partes de la cabeza. Los jóvenes se reían y se burlaban de mí, por lo que llegué a pensar, ¿por qué sigo existiendo?, pero bueno, seguí adelante y, con el tiempo, el pelo creció de nuevo.

Después de casarme mi anhelo por Dios se hizo más profundo y empecé a leer la Biblia en secreto. Me aborrecía por mi manera de vivir, pero parecía no tener ningún poder sobre el pecado. La vida pecaminosa empeoró más que nunca.

En aquel tiempo tocaba el violín en los bares y salones de baile, muchas veces borracho. Una noche, cuando tenía 23 años, fui despertado por una luz del cielo. Alice, ¿ves esa luz?, dije a mi esposa. Duérmete, estás soñando, me respondió.

Por eso, no volví a mencionar este acontecimiento a nadie más, pero desde aquel tiempo en adelante, busqué al Señor más seriamente. Nadie sabía de esto tampoco, porque todavía tenía vergüenza de mi Señor. Lloré y le pedí a Dios que me mostrase la religión correcta, porque pensé que quizás no tenía la religión verdadera. Empecé a ir más a menudo a la iglesia, pero vi que allí la gente no vivía mejor que yo. Fumaba, bebía, bailaba, apostaba…

No vi santidad entre el pueblo de mi iglesia. Sin embargo, la Biblia dice “sed santos porque yo soy santo”. Cuando leía la Biblia, oraba para que Dios me mostrase el camino, pero continué viviendo en pecado durante siete años más.

Al llegar a los 20 años de edad, me di cuenta de que no podía ser salvo por las obras, sin importar lo buenas que fueran, porque en Efesios 2:8-9 dice: “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. No fue por la religión, porque hay muchas. Además, la religión dispersa, pero Cristo nos junta en un solo cuerpo. Jesús dijo: “Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida, nadie viene al Padre, si no es por Mí”. Yo tenía mis ojos en la religión, en lugar de en el Señor Jesucristo.

Los Gerner frente nuestra casa en Quinney, Wisconsin
Querido amigo, fija tus ojos en Jesús, arrepiéntete de tu pecado y recíbele. Sus manos y Sus pies fueron traspasados por ti, y de Su costado fluyó la sangre para lavarte de tus pecados y para guardarte, para que no sigas pecando contra Él. Sin embargo, tienes que recibirle, porque en Juan 1:12-13 dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne,  ni de voluntad de varón, sino de Dios”. Entonces, en Romanos 6:1 dice (habiendo nacido de Dios y habiendo muerto al viejo hombre de pecado): “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”

Si acontece que tú (como cristiano) pecas, tienes un Mediador. En 1 Juan 2:1 dice: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. Dios ha hecho provisión para ti. Te ama y dice: “Venid a Mí, todos los que estáis cargados y trabajados y os haré descansar”. Ven a Él, amigo, donde estés en este momento; ponte de rodillas y resuélvelo de una vez y para siempre. Te ama. ¿Vas a negar recibir la vida eterna porque quieres vivir unos cuantos malos años aquí? Da tu corazón a Jesús.

2 Corintios 5:17… “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron ya, he aquí, todas son hechas nuevas”.

Ahora puedo decir libremente a todas las personas que no tengo vergüenza de mi Señor. Por eso Él me llamó a Su ministerio y, por Su gracia, puedo hablar a los demás.

                                                                       Erwin Brueckner

                                                           Pastor y misionero a los nativos americanos


3 comentarios:
Agustin Armesto dijo...
25 de noviembre de 2015, 8:49  

“Lo que palparon nuestras manos”. Si deseas leerlo, déjamelo saber, por favor.
Por favor Señor Lowel como puedo dese argentina, conseguir su libro. me acuerdo una vez en Reto a la Vida (Argentina) que llegó a mis manos ese libro por medio de un compañero.
Será posible conseguirlo por correo o quizas en alguna libreria? será de mucha bendición para mi vida cristiana :) un saludo don Lowel y que Dios bendiga en gran manera su vida :) Saludos desde Buenos Aires.
Agustin.
¡él vive!

Agustin Armesto dijo...
25 de noviembre de 2015, 8:50  

:)

Lowell Brueckner dijo...
3 de diciembre de 2015, 5:33  

Hola Agustín,

¡Un saludo! Perdón por no contestar antes. Escríbeme la dirección de correo normal a
loelmarga@telefonica.net, contestaré y diré los trámites

Loel

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