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Lowell Brueckner

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No esperes truenos ni relámpagos

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La torre de Cork: "La mentirosa con cuatro caras"
Nuestro hijo, David, vivía varios años como joven en Irlanda. Él puede relatarte de una banda de chicos que pasaban los ratos en el centro de Cork, y daban bastantes problemas a la policía. David buscó amistad con ellos y les compartió el evangelio. Nosotros orábamos desde Alemania con él unos dos años, si me acuerdo bien, pidiendo de Dios su salvación.
Pronto uno pudo observar que el Espíritu Santo obraba en ellos y empezaba a desarrollarse un interés en la profecía bíblica. Cuando la iglesia Bautista mostraba películas sobre los últimos tiempos y el arrebatamiento de la iglesia, ellos asistieron. Después de varias semanas, un miembro de la iglesia preguntó a uno de ellos, si quisiera recibir a Cristo. El chico le dijo que no se sentía preparado para eso todavía, así que el creyente simplemente le instruyó sobre las cosas que uno puede hacer, cuando sí, se sintiera preparado. Para que no se sentiría desilusionado, si nada dramática pasaría, terminó diciendo, "Pero, cuando recibes a Jesús en tu vida por fe, ¡no esperes que hayan truenos ni relámpagos!"


Una noche, el Espíritu de Dios obró de nuevo en el chico, mientras se sentaba en su sala. Una Biblia que estaba sobre la repisa de la chimenea le llamó la atención. Fue a tomarla y se sentó de nuevo en un sillón frente una ventana y empezó a leer. La lluvia caía en un chubasco típico irlandés.
 En ese momento, el chico sentía dar su vida a Cristo. Al estar allí sentado oró, rindiendo su voluntad al Señor y rogándole tomar el control de su vida entera. Al abrir sus ojos, justo fuera de la ventana, cayó un poderoso rayo de relámpago, simultáneo con un estallido de trueno... 
Puedo ver a Dios en el cielo observando, mientras Su siervo bautista compartió el evangelio con este joven, preparándole para cualquier desánimo que resultaría, si no le pasara algo espectacular al recibir al Señor. "No esperes que hayan truenos ni relámpagos." Casi escucho a Dios decir: "¿Ah sí?... ¡observa!" ¡¡un rayo!! ¡¡¡un estallido!!! 
 La lección tras la historia: Cuando evangelizas, no prepara la persona  para una desilusión, pensando que Dios haría lo más poco posible al salvarle. ¡Permite que Él arremangara para dar una demostración poderosa de su poder! Hoy en día, como nunca, hace falta conversiones dramáticas.


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