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Lowell Brueckner

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Pablo y Bernabé enviados

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Primer viaje misionero (pulsar para hacer grande)  

 

La nueva Iglesia de Antioquía

1.      Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo.

       2. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.

3.      Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.

En el capítulo 11 de Hechos, aprendimos sobre el inicio de la iglesia en Antioquía. Lucas explicaba que, después del martirio de Esteban, comenzó una persecución en Jerusalén. Como resultado, algunos cristianos se dispersaron y llegaron a Antioquía, donde predicaban únicamente a los judíos (Hch. 11:19). Sin embargo, después de la experiencia de Pedro en Cesarea con el centurión Cornelio, hubo un gran avance. Algunos evangelistas de la isla de Chipre y de la región africana de Cirene comenzaron a predicar también a los gentiles que hablaban griego en Antioquía (Hch. 11:20). Lucas relata que un gran número de gentiles creyó en el Señor (Hch. 11:21). Así comenzó la historia de la iglesia en Antioquía, después de la salvación tanto de judíos y como de gentiles.

 Hemos aprendido que Bernabé fue enviado desde Jerusalén a Antioquía (Hch. 11:22). Allí animó a los nuevos creyentes (Hch. 11:23) y, por medio de su evangelismo ungido, muchos más fueron añadidos a la iglesia de Antioquía (Hch. 11:24). Seguidamente, Bernabé fue a Tarso en busca de Saulo, ya que esa era su ciudad natal (Hch. 11:25). Saulo se unió a él, y juntos trabajaron en la edificación de la iglesia en Antioquía (Hch. 11:26). En el último versículo del capítulo 11, supimos que habían viajado desde Antioquía a Jerusalén para llevar una ofrenda a los creyentes de allí (Hch. 11:30). Luego regresaron a Antioquía y llevaron con ellos a Juan Marcos, quien era sobrino de Bernabé. María, la madre de Marcos, probablemente era hermana de Bernabé, ya que no se menciona a su padre en el relato (Hch. 12:25).

 Además de Bernabé y Saulo, también llegaron a Antioquía algunos profetas desde Jerusalén (Hch. 11:27). El primer versículo de este capítulo 13 menciona también a Simón Niger, Lucio de Cirene (posiblemente uno de los que antes había evangelizado en Antioquía, Hch.11:20), y Manaén. Curiosamente, este había sido alguien cercano a Herodes Antipas, quien mandó matar a Juan Bautista y participó junto con Pilato en el juicio de Cristo. Pero Manaén ahora es un cristiano y líder en la iglesia de Antioquía, junto con los otros cuatro que eran profetas y maestros. Este pasaje también muestra que la profecía era un ministerio activo en la iglesia del Nuevo Testamento, formada tanto por judíos como por gentiles (ve también Hch. 2: 17-18; 1 Co. 14:1; Ef. 4:11-12).

 En el versículo 2 vemos que en las reuniones del Nuevo Testamento tenían una prioridad. Debemos reunirnos para la edificación del cuerpo de Cristo por medio de la enseñanza, la predicación, y el uso de los dones del Espíritu. Sin embargo, el propósito principal de reunirnos es ministrar al Señor. Cristo es la Cabeza de Su iglesia y Él debe tener el control sobre todo lo que sucede para poder glorificar a Dios. En Antioquía, la iglesia se reunía para ministrar al Señor.

 En la misma frase, también aprendemos que la iglesia ayunaba. Jesús mismo nos enseñó sobre el ayuno en Mateo 6:16-18. Él dijo: Cuando (no si) ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan… Pero tú, cuando (no si) ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro”. En Mateo 9:15, Marcos 2:20, y Lucas 5:35, Jesús también afirmó:¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán”. Él también enseñó por Su ejemplo: Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre” (Mt. 4:2).

 El libro de los Hechos nos da maravillosos ejemplos de cristianos que actúan en unidad con el Espíritu Santo. Un versículo clave que expresa esta verdad es el mensaje que los apóstoles, ancianos y hermanos en Jerusalén enviaron a los gentiles en Antioquía en Hechos 15:28: “Ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros…” En el día de Pentecostés, los discípulos actuaron en unidad con el Espíritu Santo “y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”. Pedro demostró que, cuando Ananías y Safira mintieron, en realidad estaban mintiendo al Espíritu Santo. Esto revela cuán estrecha era la unión entre la iglesia y el Espíritu. 

En aquellos días, como también hoy, el Espíritu Santo habla principalmente por medio de Su palabra, y las Escrituras tienen autoridad por encima de cualquier otro medio de comunicación entre Dios y el ser humano. Sin embargo, en la iglesia primitiva también eran muy sensibles a la voz del Espíritu Santo, porque los dones sobrenaturales del Espíritu estaban activos y eran muy comunes. Probablemente fue por medio de uno de estos dones del Espíritu Santo, y no por una voz audible, que Él dijo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”. 

 Podemos estar seguros de que, desde el día de su conversión, Saulo fue llamado a ser un apóstol a los gentiles, porque el Señor habló a Ananías en Damasco, diciendo: “Instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel” (Hch. 9:15). Como nuevo creyente, mientras estaba en trance en el templo de Jerusalén, Dios le dijo: Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles” (Hch. 22:21). En Antioquía, antes de los acontecimientos de este capítulo, él y Bernabé ministraban como profetas, maestros o ambos. Sin embargo, todavía no ejercía plenamente el ministerio apostólico en ese momento.

 Como ocurrió cuando los apóstoles impusieron las manos sobre los diáconos en Hechos 6:6, ahora también otros en la iglesia impusieron las manos sobre Bernabé y Saulo. Sin embargo, la iglesia no fue la fuente de su ordenación, porque nuevamente fue el Espíritu Santo quien dijo: “Los he llamado”. Como nota aparte, en este caso vemos otra manifestación de la Trinidad. No solo el Espíritu Santo afirmó el llamado de Pablo, sino que él mismo escribió a los gálatas: “Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos)” (Gal. 1:1). De este modo, fue llamado por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El propósito de esta reunión fue confirmar el llamado de Dios sobre su ministerio apostólico, y la iglesia envió a Saulo y Bernabé hacia la obra entre las naciones (v. 3).

 

 Desde Salamina a Pafos en Chipre

4.      Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre. 

5.      Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante. 

6.      Y habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, hallaron a cierto mago, falso profeta, judío, llamado Barjesús, 

7.      que estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Éste, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oír la palabra de Dios. 

8.      Pero les resistía Elimas, el mago (pues así se traduce su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul. 

9.      Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos, 

10.  dijo: ¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor? 

11.  Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y serás ciego, y no verás el sol por algún tiempo. E inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien le condujese de la mano. 

12.  Entonces el procónsul, viendo lo que había sucedido, creyó, maravillado de la doctrina del Señor. 


 Una vez más, vemos la estrecha conexión entre el Espíritu Santo y la iglesia. En el versículo anterior leemos que la iglesia envió (LBLA) a Bernabé y a Saulo, pero el versículo 4 nos asegura que el Espíritu Santo fue quien les envió. Es importante entender que su salida al mundo no fue simplemente un acto humano u organizado por la iglesia, sino una obra de Dios. Pablo escribió a los romanos: ¿Cómo predicarán si no son enviados? Y añade: ¡Cuan hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien! (Ro. 10:15, citando Is. 52:7). Su ministerio es especialmente hermoso porque fueron enviados desde el cielo. Tanto su llamado como su envío fueron de origen divino.

 También anotaremos que el llamamiento al apostolado fue, en primer lugar, a Cristo Jesús mismo, y después fueron enviados de Él al mundo. El hecho que ser enviados desde la presencia de Cristo al mundo añade hermosura a su apostolado. Observa esta misma secuencia en Mateo 10:1-5, y también en Marcos 3:13-14 y Lucas 6:13: Entonces llamando a sus doce discípulos… a estos doce envió Jesús…” Mientras les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia”. 

 Los apóstoles descendieron a Seleucia, no lejos de Antioquía, y desde allí navegaron a la isla de Chipre (v. 4). Su viaje misionero empezó en Salamina, en el lado oriental de la isla, y continuó hasta Pafos, en el extremo occidental. Salamina fue la capital griega de la isla, pero tras la conquista romana, Pafos pasó a ocupar ese lugar. Hoy Salamina está en ruinas, mientras que Pafos todavía existe, aunque se encuentra aproximadamente a 12 km al noroeste de la antigua ciudad. Saulo había sido llamado especialmente a los gentiles, pero debía cumplir otro principio: el evangelio tenía que ser predicado primeramente a los judíos. Por eso, él, Bernabé y Juan Marcos fueron primero a las sinagogas judías en Chipre (v. 5). Bernabé, cuyo nombre original era José, un levita, volvió así a su tierra natal (Hch. 4:36). Algunos también han sugerido que pudo haber sido martirizado en Salamina, apedreado alrededor del año 61 d.C., aunque esto no puede ser comprobado con certeza.

Inscripción antigua de Sergio Paulo en latín
 Finalmente, el equipo llegó a Pafos, que ya había sido mencionada como la capital romana de la isla , y por eso era la residencia del procónsul Sergio Paulo. En él encontramos, felizmente, a un gentil alumbrado espiritualmente, descrito como prudente, lo cual es fruto de la obra preveniente del Espíritu Santo en su vida. Sin embargo, el diablo, consciente de su potencial en Dios, había preparado a un emisario con la intención de confundir y apartar al funcionario de la verdad. Aun así, el propósito del Señor prevaleció, y él, hambriento de la verdad, pidió que Saulo y Bernabé lo visitaran (vs. 6-7).

 El compañero de Sergio Paulo era un judío llamado Barjesús, un falso profeta. Su nombre significa literalmente hijo de Jesús o Josué, un nombre de origen judío que se traduce como hijo del salvador, lo que quizá sugiere que ocultaba su verdadera identidad satánica. En el versículo 6 también se le llama mago, el mismo término utilizado para los magos en Mateo 2:1. Su nombre también era conocido en su forma árabe como Elimas, por el cual era llamado popularmente. A través de él, el diablo se opuso y luchó desesperadamente por el alma del procónsul (v. 8).

En el versículo 9, resulta apropiado dejar de usar el nombre que sus padres dieron al apóstol y comenzar a llamarlo por su nombre romano: Pablo (Paulus, o en latín, como el procónsul Paulo). Este es el nombre que la Escritura utiliza a partir de este momento. Se trata de un nombre más conocido por los romanos y, por ello, fácilmente adaptado a su contexto lingüístico. John Wesley piensa que posiblemente fue la familia del procónsul quien comenzó a llamarlo por ese nombre, ya que les resultaba más familiar que su nombre hebreo. (De manera personal, en mi caso, en lugar de mi nombre Lowell, dado por mis padres, en México fui llamado en distintas ocasiones Joel, Yoel, Loé, Noé, e incluso mi favorito, Loel, por lo que puedo entender bien esta situación). Pablo, aparentemente, estuvo conforme con este cambio, ya que reflejaba su nuevo ministerio en Cristo hacia los gentiles. En este sentido, se hizo como gentil para ganar a los gentiles, adoptando incluso un nombre gentil (1 Co. 9:19-22). 

Mucho más importante que el cambio de nombre fue la unción de Dios sobre Su ministro. Pablo fue lleno del Espíritu Santo, y bajo esa unción fijó sus ojos en el emisario de Satanás. No era algo que haría por sí mismo, de manera carnal. El enemigo no teme al ser humano en sí, pero debe ceder ante la autoridad de un hombre lleno del Espíritu Santo. Bajo el asombroso poder del Espíritu, Pablo habló: ¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?” (v. 10). Como un jurista en la sala del Juez Supremo, Pablo pronunció una sentencia de ceguera temporal sobre este opositor de la causa de Dios. El juicio se cumplió de inmediato, y el hombre tuvo que buscar a alguien que lo guiara para alejarlo de la poderosa presencia del evangelio de Jesucristo (v. 11).

 El procónsul quedó maravillado al ver que la enseñanza del evangelio iba acompañada de poder, hasta el punto de incapacitar al siervo del diablo y dejarlo ciego. Este poder siempre ha sido parte del evangelio y continúa cumpliendo el mismo propósito que en los días de Pablo. Las personas llegan a creer al ver los resultados de la presencia de Cristo en vasos humanos. Una vez más, hago referencia a Juan 17:23, donde el Señor ora: “Yo en ellos, y tú en mí… para que el mundo conozca que tú me enviaste…” Esto llevó a que Sergio Paulo creyera, al ver que la enseñanza del Señor estaba respaldada por tal poder.

 

 

Pablo y Bernabé en Antioquía, Pisidia

 

13.  Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia; pero Juan, apartándose de ellos, volvió a Jerusalén. 

14.  Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo y se sentaron. 

15.  Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los principales de la sinagoga mandaron a decirles: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra, hablad.

16.  Entonces Pablo, levantándose, hecha señal de silencio con la mano, dijo:   Varones israelitas, y los que teméis a Dios, oíd: 

17.  El Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros padres, y enalteció al pueblo, siendo ellos extranjeros en tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella. 

18.  Y por un tiempo como de cuarenta años los soportó en el desierto; 

19.  habiendo destruido siete naciones en la tierra de Canaán, les dio en herencia su territorio. 

20.  Después, como por cuatrocientos cincuenta años, les dio jueces hasta el    profeta Samuel. 

21.  Luego pidieron rey, y Dios les dio a Saúl hijo de Cis, varón de la tribu de   Benjamín, por cuarenta años. 

22.  Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.

23.  De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel. 

24.  Antes de su venida, predicó Juan el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. 

25.  Mas cuando Juan terminaba su carrera, dijo: ¿Quién pensáis que soy? No soy yo él; mas he aquí viene tras mí uno de quien no soy digno de desatar el calzado de los pies. 

26.  Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotrosteméis a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación. 

Dejando al procónsul como creyente en la isla, el futuro del evangelio allí fue muy positivo. Luego, Pablo, Bernabé, Juan Marcos y posiblemente otros cristianos con ellos embarcaron en Pafos rumbo al continente, llegando al puerto de Atalia. Desde allí se internaron en la región, probablemente siguiendo el curso de un río, el Cestrus, según algunos comentaristas, hasta llegar a Perga de Panfilia. Cerca de allí, en una montaña, había un famoso templo dedicado a Diana. Panfilia era una provincia costera del Mediterráneo, fronteriza con Cilicia, la región de Pablo, al oeste. En este punto, Juan Marcos decidió abandonar el grupo y regresar a Jerusalén, lo cual disgustó a Pablo (v. 13). Más adelante, cuando Bernabé quiso llevar nuevamente a su sobrino en otra misión, Pablo se opuso firmemente, lo que provocó una división entre él y Bernabé (Hch. 15:39). Sin embargo, este conflicto fue posteriormente resuelto, y Pablo volvió a considerar útil a Juan Marcos (2 T. 4:11).

Via Sebaste, antiguo camino romana

 
Había judíos en el Pentecostés de Panfilia. Desde Perga, el equipo viajó unos 160 km más hacia el interior hasta llegar a otra ciudad llamada Antioquía, pero esta era en la provincia de Pisidia, situada a unos mil metros sobre el nivel del mar. Fue un recorrido difícil a través de montañas habitadas por ladrones. Al alcanzar esta altura, pudieron seguir la Via Sebaste, una calzada construida por César Augusto, en dirección a Listra. Una vez más, predicaron el evangelio primero a los judíos, entrando en la sinagoga y sentándose sencillamente (v. 14). 

Para Pablo, anunciar el evangelio a los judíos no era solo una prioridad, sino una profunda carga espiritual que llevaba en su corazón, que le valía más que su propia salvación: Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne” (Ro. 9:3). Quizás esta declaración nos parezca difícil de entender. Lo único que puede explicarla es que, en ocasiones, el cristiano expone su propia vida espiritual con tal de alcanzar a los perdidos a quienes ama. Puede llegar a situaciones en las que existe el riesgo de caer en tentación.

 Los comentaristas nos dicen que los judíos leían una porción de la ley cada sábado, de modo que pudieran leerla totalmente una vez al año. También leían una porción de los profetas, y en Nazaret a Jesús le dieron la responsabilidad de leer Isaías 61:1 y 2. Bien, después de esta lectura preliminar de la Escritura, los líderes en Antioquía reconocieron a los visitantes y les extendieron una invitación para dar una palabra de exhortación (v. 15).

 Pablo se levantó para hablar, haciendo la señal habitual con la mano para pedir atención, y comenzó a dirigirse a la congregación de esta manera: Varones israelitas, y los que teméis a Dios, oíd”. No sólo había judíos presentes, sino también prosélitos “de la puerta”, es decir, gentiles que aún no estaban circuncidados, pero que por haber renunciado a la idolatría podían adorar en las sinagogas (v. 16). Pablo demostró de inmediato su conocimiento de las Escrituras y de la historia de los hebreos, comenzando con el tiempo de la esclavitud en Egipto y su liberación, un periodo al que los judíos solían hacer referencia con frecuencia.

 Pablo relató la elección y la exaltación de Israel por parte de Dios, quien poderosamente los libró y los sacó de la tierra de Egipto (v. 17). Luego habló de los 40 años en el desierto (v. 18) y – anota especialmente esta frase – “los soportó en el desierto”. Desde el principio, sus caminos no fueron los caminos de Dios, y Él tuvo que manifestar paciencia divina para soportar sus pecados, quejas y rebelión. La siguiente etapa fue la conquista de Canaán, donde el Señor peleó por ellos contra siete naciones más fuertes. Nunca habrían podido vencerlas por sí mismos si Dios no hubiera estado con ellos. Por eso, Pablo afirma que fue Dios quien destruyó a esas naciones y quien luego “les dio en herencia su territorio”, distribuyendo la tierra de Canaán entre las doce tribus (v. 19).

 La gloria de los triunfos a lo largo de toda su historia pertenecía enteramente a Dios, y no a ellos mismos. En el versículo 20 se muestra nuevamente que Él dirigió todo, al darles jueces de diversas tribus según Su voluntad, durante unos 450 años, incluyendo el tiempo de Samuel. Toda esta historia revela claramente la mano visible de Dios sobre Su pueblo. Luego Pablo pasó a hablar del inicio del reino, mostrando la intervención del pueblo al pedir un rey. Este fue un acto de rebelión contra el reinado de Dios. Sin embargo, Él los dio un hombre que cumplió exactamente los deseos de sus propios corazones: Saúl, “cabeza y hombros” más alto que todos los del pueblo, un verdadero campeón. Así, el pueblo continuó siguiendo su propio camino, imitando a las naciones alrededor y apartándose de los caminos de Dios (v. 21).

 Desde el momento en que Saúl fue nombrado rey, Dios ya había determinado apartarlo, porque su posición fue según la voluntad carnal del pueblo en contra de su Dios. Samuel también se disgustó desde un principio con su petición, pero Dios le dijo que ellos no estaban rechazando a un ser humano, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos” (1 S. 8:7). Lee 1 Samuel, capítulo 12, donde Samuel les muestra su pecado; y gracias a ello, ellos mismos pudieron reconocerlo claramente y dijeron: Porque a todos nuestros pecados hemos añadido este mal de pedir rey para nosotros” (1 S. 12:19). En medio de esta situación imperfecta, Dios y Samuel siguieron obrando hasta que Dios la corrigió. De la misma manera, Dios sigue actuando hoy en una iglesia imperfecta, dividida en cientos de denominaciones que compiten entre sí.

 Dios levantó a David, quien también era un hombre imperfecto; sin embargo Dios pudo ver en él una actitud perfecta de corazón. Pablo habló de la descendencia de David, refiriéndose a Aquel “que hará todo lo que yo quiero” (v. 22). En Apocalipsis 5 vemos que ningún ser humano es digno de abrir el libro que está en la mano derecha del que está sentado en el trono, hasta que aparece la raíz de David y lo toma (Ap. 5:5). En Su perfección, ¡Él es adorado en el cielo y declarado digno tanto por los hombres como por los ángeles! (Ap. 5:9).

 Pablo llegó entonces al cumplimiento perfecto de todo lo que Dios había demostrado y prometido a lo largo de la historia, y lo anunció a todos los judíos que estaban en la sinagoga (v. 23). Era el evangelio de su Mesías y Salvador, Jesús, a quien Juan el Bautista había anunciado, predicando el arrepentimiento a todos los hombres, empezando con los judíos. Aquel que iba a aparecer entre ellos, entraría en corazones arrepentidos y sometidos a Su señorío (v. 24).

 Al terminar su ministerio de arrepentimiento, Juan dijo claramente que él no era el Cristo. Quiero que anotes que, al presentar a Aquel que estaba a punto de comenzar Su ministerio, dijo: A quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado” (Mc. 2:7). No dijo: “Apenas soy digno de desatar, encorvado, la correa de Su calzado”, sino más bien que no era digno ni siquiera de hacer para Él el servicio de un esclavo, como desatar la correa de su calzado. ¡Jesús es incomparablemente digno y no hay quien pueda compararse con Él! Esto era lo que Pablo estaba predicando en la sinagoga aquel sábado. Su mensaje iba mucho más allá de todo lo que ellos habían imaginado al leer las Escrituras, o de lo que alguna vez habían escuchado en esa sinagoga a lo largo de sus vidas (v. 25).  

 Pablo proclamó a todos los hijos de Abraham y a los gentiles presentes que temían a Dios estas increíbles noticias; este sábado fue un momento histórico para ellos, porque Dios les había enviado la palabra de eterna salvación por medio de este grupo de misioneros. Su Mesías ya había venido al mundo, precisamente a Israel, y había tratado con sus pecados, los cuales les impedían experimentar la gloria de Dios. Había resucitado de entre los muertos y ahora vive para traer salvación a todos los que creen. Bueno, ahora tendremos que detenernos en este punto y continuaremos con el mensaje de Pablo en el siguiente artículo. Pero a todos los que están leyendo esto, con la autoridad que me otorga el cielo, puedo deciros: “¡A vosotros es enviada la palabra de esta salvación!” Está a tú alcance; ya ha sido enviada, y solo falta que la recibas (v. 26).

 

 

 


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