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Lowell Brueckner

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La iglesia-un cuerpo vivo

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Hace pocos días escribí un artículo llamado “Una llamada individual”, en lo que hice comentarios sobre la iglesia de Laodicea. La iglesia siguió funcionando aunque había abandonado a Jesús, mientras que ellos gozaba de  ser “rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad”... Fíjate en la auto-suficiencia, “Me he enriquecido”, y en la satisfacción que les da,  “de ninguna cosa tengo necesidad”.  No puedo gozarme con ellos, porque mis ojos han visto lo invisible y mi boca ha saboreado la dulzura de la miel celestial.

Pocos cristianos hoy en día saben de una iglesia fuera del control de los hombres, donde Cristo sólo es el arquitecto que tiene el plan y que va edificando Su pueblo más allá del conocimiento humano. Mencioné que yo había escrito con más amplitud sobre la iglesia en el libro Dios hizo el campo y pensé que sería bueno colgar el capítulo mencionado para dar una idea de lo que es la iglesia y como se funciona, aún en tiempos modernos, cuando Cristo es la cabeza que controla.

Dios hizo el campo

Capítulo 16

LA IGLESIA – UN CUERPO VIVO

“(El Padre) sometió todas las cosas bajo sus pies (de Cristo), y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”.                                                  Efesios 1: 22-23

Un cristiano de descendencia alemana, que vive en Wisconsin, USA, estaba leyendo un periódico publicado en un pequeño pueblo en Dakota del Norte. Mientras ojeaba los anuncios de las iglesias, de repente sintió la obligación de orar por una de ellas. Lo encontró algo raro, ya que esta iglesia no era de la misma denominación que la suya y jamás la había visitado. Cada año viajaba 800 kilómetros hasta Dakota del Norte para ayudar a algunos parientes de su mujer a cosechar el trigo (las mismas personas que le habían enviado el periódico). Meses después, durante el tiempo de la siega, movido por la curiosidad, quiso descubrir la razón que le impulsó a orar, y entró en la pequeña iglesia de la aldea de Finley.


Cuando nuestra hija y su familia asistieron ese domingo a la reunión, alguien dirigió a nuestro yerno Tom hasta un visitante que hablaba alemán. Durante la conversación Tom le explicó que había conocido a su mujer en Alemania, donde la familia de ella estaba de misionera. También le dijo que ahora los padres de su esposa vivían en España. “¡Ah!”, exclamó el visitante, “¡tengo un pariente que trabaja con una organización cristiana de rehabilitación de toxicómanos!” Para no alargarme más diré que aquel hombre resultó ser el hijo de unos amigos nuestros, y su pariente estaba en la organización fundada por mi primo. Él no tenía ni idea de que nuestra hija viviera en la región donde él, cada año, ayudaba en la cosecha. Sin embargo, el hecho importante de esta historia, es que durante el tiempo que oraba, la iglesia experimentaba un éxito especial y había gente que recibía a Cristo.

Otra historia tuvo lugar en el mismo territorio, en Wisconsin, de donde procedía el amigo mencionado anteriormente. Hace como seis o siete años, cuando vivíamos en una aldea muy pequeña de Alemania, asistíamos los domingos a reuniones organizadas por unos soldados americanos cristianos, a tan solo 200 metros de nuestra casa. Uno de los domingos en que el pastor no estaba, el soldado encargado de la reunión dio su testimonio, y acabó diciendo que su servicio en Alemania había terminado y regresaría a su hogar en Wisconsin. Como yo había sido criado en el mismo estado, después de la reunión le pregunté por el lugar donde estaba exactamente situada su casa. Resultó ser en un área rural donde dos tíos míos habían tenido granjas muchos años atrás. Cada domingo, mi tío Guillermo asistía a una clase bíblica donde enseñaba el padre del soldado con quien hablaba. Me dijo que su padre había gozado de horas maravillosas visitando a mi tío y orando con él, antes de que mi tío muriera de cáncer. Estas cosas habían sucedido muchos años antes del encuentro en Alemania que acabo de contar.

Probablemente muchos de nosotros hemos oído historias como la que voy a contar ahora. Se refiere a un negociante americano que dedicaba su negocio totalmente a Dios, apoyando Su obra en todo el mundo, a la vez que mantenía un ministerio personal de dar testimonio a muchas personas, ganando a cientos para Cristo. El doctor le diagnosticó un cáncer y le dio, como mucho, dos años más de vida. La noche antes de ser intervenido para tomar 22 biopsias en diferentes partes de su cuerpo, sintió un extraño calor que le traspasaba, y supo que Dios le había tocado. Al analizar las biopsias, los doctores no pudieron encontrar ni rastro del cáncer. Por otro lado, y sin tener ni idea del problema físico de este hombre, una misionera, en un país lejano, le escribió para hablarle de una carga que la había sobrevenido por él. Esto la impulsó a orar y no dejó de hacerlo hasta que días después, a cierta hora, la carga se fue. Fue entonces cuando él sintió el calor pasar por su cuerpo.

No hace mucho oí acerca de un hombre que una mañana, mientras se vestía en su habitación, cayó desplomado. Su esposa no le oyó, pero por alguna razón desconocida decidió ver qué hacía, y al entrar en la habitación le encontró moribundo en el suelo. Un viaje al hospital en ambulancia le salvó la vida. Semanas más tarde, una mujer de color de Florida, amiga de él, le informó que la misma mañana del colapso, mientras se preparaba para ir a trabajar, sobrecogida por una preocupación por él, cayó postrada en el suelo y oró.

Cuando estuvimos en Noruega, hace unos meses, un hombre me contó una historia semejante. El invierno pasado se había hundido en un lago de hielo del que le era imposible salir. Una mujer policía vio un coche a un lado de la carretera, y sólo por curiosidad se paró a investigar. Allí, en estado de completa desesperación, encontró al hombre en el agua helada y llamó a la ambulancia. Su vida estuvo en peligro durante esa noche, pero en la madrugada los latidos de su corazón empezaban a normalizarse. En el mismo momento en el que él había caído al agua, unos amigos suyos, un matrimonio de avanzada edad, sin saber por qué, se sintieron asidos por una preocupación por él. Oraron durante toda la noche hasta que la carga desapareció en la madrugada.

Estas historias reales no sólo son bonitas, sino que carecen completamente de casualidades. Son las obras del Maestro Narrador, que escribe Sus historias con vidas huma­nas en situaciones reales. Cuando fui consciente de las que acabo de contar, una pregunta se formó en mi mente: “Estos incidentes son fascinantes, pero tiene que haber una razón por la que acontecen. ¿Cuál es el propósito?”

No sé cómo Dios te habla a ti, pero en pocas ocasiones yo he oído una voz clara y espontánea. Sin embargo, con mucha frecuencia y de forma más clara y definida, Dios me habla y me enseña a través de Su palabra escrita, correlacionándola con eventos que tienen lugar en un periodo de tiempo. De esta manera, mientras meditaba sobre las Escrituras en cuanto al cuerpo universal de Cristo, recibí la respuesta a mi pregunta: “En estas situaciones vemos las funciones de los miembros de una iglesia viva, moviéndose misteriosamente a favor de otras personas”.

Primero vemos a un hombre en Wisconsin, familia de unos buenos amigos míos, que por medio de la oración apoya a la iglesia donde asisten nuestra hija y su familia. Él ignoraba totalmente estas relaciones cuando se sintió obligado a orar. Después vemos cómo en una pequeña aldea en Alemania, un soldado de Wisconsin, que nunca antes había conocido, me hablaba de la manera en que su padre y mi tío tenían comunión muchos años atrás. Por medio de estas cosas mi propia alma fue alimentada y crecí en la fe en un Dios vivo, que se preocupa por los detalles más pequeños, mientras adelanta Sus propósitos eternos.

Podemos estar tan involucrados con nuestras propias vidas y ministerios, rodeados totalmente con las cargas y propósitos de “lo nuestro”, que es posible perder de vista el plan que Dios está desarrollando de manera tranquila y sin pretensiones, utilizando a innumerable gente desconocida. Nosotros vemos la “familia”, que es relativamente pequeña, de nuestra iglesia o grupo, y aunque deberíamos ser más conscientes de estas cosas, vivimos como si “lo nuestro” fuera lo único de lo que Dios realmente se preocupa y, nuestra iglesia o grupo, el lugar donde Él en verdad está obrando. Esto es un engaño paralizante, motivado por el orgullo y una mentalidad reducida. Ningún grupo cristiano puede funcionar solo. Hacen falta los dones y la inversión de otros, completamente fuera del círculo de nuestros intereses y conocimiento natural.

Hoy en día se oye mucho de personas que deben ser enviadas y apoyadas por una iglesia u organización, y se oye menos de un llamamiento divino y una confianza en la obra individual de Dios operando en una persona. El concepto de que Cristo es la cabeza de Su iglesia con los miembros concentrados en Él, y quien controla todos los movimientos, ha dado lugar a una perversión que permite que hombres controlen y manipulen una sociedad de cristianos. Este concepto se conforma con la mentalidad humanista de hoy en día.

Pablo rechazaba cada esfuerzo que plantea establecer la iglesia a través de maneras superficiales. La gente no fue aceptada o rechazada por cartas de recomendación del liderazgo, sino que dones espirituales determinaron lo que fue escrito en los corazones (2 Co. 3:1). Para Pablo una circuncisión exterior no significaba nada, pero sí una circuncisión del corazón. Pudo ver claramente que la iglesia era labranza y edificio de Dios, y que él no tenía la autoridad para iniciar ideas o establecer sus propios precedentes. Todo tenía que ser espiritual y eterno. Escribió acerca de edificar con oro, plata o piedras preciosas; materiales costosos que no se queman. También dijo que todo lo que pudiera quemarse, se quemaría. Finalmente, al terminar el capítulo, mencionó la sabiduría del mundo, que es la fuente de los materiales combustibles. Las mejores aptitudes humanas, junto con todo el material mundano, solamente pueden producir madera, heno y hojarasca (1 Co. 3:7-20).

Jesús se refirió a la iglesia, utilizando este término sólo dos veces, ambas en el evangelio de Mateo. La referencia dada en Mateo 16:15-18 era muy significativa. Comentó acerca de la respuesta dada por Pedro en cuanto a la pregunta: “¿Quién decís que soy yo?” La respuesta vino dada por una revelación directa de parte del Espíritu de Dios. Fue entonces cuando Jesús dijo que Él edificaría Su iglesia como resultado de la revelación dada a aquellas personas, la misma revelación que Pedro recibió; la revelación de que el Carpintero de Nazaret es el Cristo, el Hijo de Dios. La iglesia iba a ser edificada con piedras vivas que palpitan y se mueven (1P. 2:4-6); una casa espiritual, no unificada por mortero humano, sino que cada parte será elegida por Cristo y puesta perfectamente en su lugar. Simón Pedro fue nombrado como una piedra en esa iglesia, y en su epístola escribió acerca de la revelación recibida: “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa”.

Sólo el Espíritu de Dios puede revelar y enseñar el misterio profetizado alegóricamente en el Cantar de los Cantares, acerca de Cristo y Su iglesia. Yo creo también que es el mismo misterio que Agur dijo en Proverbios 30:19 que le era oculto, demasiado maravilloso para su entendimiento: “El rastro del hombre en la doncella”. Sólo el misterioso Dios/Hombre sabe como tratar con Su novia.

Sólo Él puede edificar Su iglesia de una manera mucho más allá de las posibilidades y capacidades del hombre. “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Sal. 127:1). Sólo Él tiene el plan en la mano. Los que se acercan a Él encuentran que su lugar en Él no es un sitio, sino una función dada por la Cabeza de la iglesia a cada miembro, y tiene que llevarse a cabo a través de dones sobrenaturales y capacidades milagrosas. Ningún hombre solo puede crear una iglesia, y ningún hombre puede mantener, controlar o manipular sus movimientos. Todo es demasiado para él. “¿Qué casa me edificaréis?, dice el Señor. ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas?” (Isaías 66:1-2, citado por Esteban en Hechos 7:49-50).

Pablo estuvo 14 años en el desierto de Arabia aprendiendo el misterio de la iglesia, que fue escondido en las Escrituras del Antiguo Testamento (Ef. 3:3-10, Col. 1:24-27). “Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia”. (Ef. 5:32). La iglesia debería permanecer como una entidad espiritual en el mundo, controlada por fuerzas sobrenaturales que proveen poderes procedentes de fuera de él. Esta entidad no puede ser entendida ni tolerada por los ciudadanos de este siglo presente.

Cuando Jesús hablaba a las multitudes de cosas relacionadas con la iglesia, hablaba en parábolas. En Mateo 13 tenemos varias: Enseña que la semilla del evangelio solamente puede ser bien recibida por aquellos que apartan sus corazones de los caminos endurecidos del hombre; aquellos que se alejan de un auto-servicio egoísta, que lo único que produce es una alegría superficial al realizar sus propios anhelos, y aquellos que se separan de los afanes de este siglo y el engaño de las riquezas. Jesús explicó a Sus discípulos que el verdadero evangelio nunca llegaría a ser algo popular (Mt. 13:18-23). Sin embargo, en otra parábola, explicó que un enemigo entraría para sembrar una semilla que iba a producir algo semejante a las buenas plantas, pero que al fin, sería reconocida como la cizaña que es (ver. 36-43).

Explicó también que una semilla de mostaza, en lugar de producir una hortaliza, produce un árbol, cuyas ramas sostienen los nidos de las aves del cielo (ver. 31-32, las aves del cielo representan demonios, fíjate en los versículos 4 y19, y en Génesis 15:11; 40:19). También presenta Jesús a una mujer que mezcla levadura (la levadura siempre tiene connotaciones negativas en la Biblia) con la masa, lo que provoca un aumento mayor de las medidas correctas de la sustancia verdadera. Aquí está refiriéndose a la hipocresía; actores interpretando un papel, y no verdaderos cristianos (ver. 33-34, fíjate en Lucas 12:1). Cuando Lucas cuenta esta parábola sigue haciendo mención a la pregunta formulada por un oyente: “¿Son pocos los que se salvan?” Jesús entonces habló de muchos hipócritas que dirían: “Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste” (Lc. 13:21-26). Jesús también hablaba de una red que cogería muchos peces de todas clases, de los cuales muchos tenían que ser rechazados y echados fuera. Pero también habló de una perla de gran precio y un Mercader que vendió todo para comprarla (ver. 45-46).

Los judíos de ese tiempo tenían muchos problemas con los conceptos de Jesús. Ellos esperaban un rey carismático, como el antiguo David, para librarles de la ocupación romana y restaurar la gloria de Israel, para que fuera como en el tiempo de Salomón. Esperaban que el Mesías estableciera otra vez aquel reino. Ellos percibían solamente un reino visible, una nación literal, como la que tenían en el Antiguo Testamento, y rechazaban las riquezas superiores y espirituales, de calidad perdurable, que su Mesías les ofrecía. Sus profetas también hablaban de estas riquezas y las anhelaban. Jesús dijo: “Muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron” (Lc. 10:24), y Pedro añadió: “Cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles” (1 P. 1:12).

Podemos ver la diferencia esencial entre el Antiguo y Nuevo Testamento, en la presentación bíblica de los candeleros de siete luces. En el Antiguo Testamento, las seis ramas fueron unidas obviamente por un Candelero central. Su forma y unidad fue visible. En el libro del Apocalipsis, Jesús estaba andando en medio de siete candeleros que representan siete iglesias. No hay nada externo que las una. Su unidad está en el Espíritu, y el que las unifica solamente es Cristo. Él es la Cabeza de la iglesia.

Es un hecho de la historia que cada vez que la iglesia logró tener la honra popular y el apoyo de la sociedad, se hizo corrup­ta y apóstata. Del principio neo-testamentario de una fuerza viva en el interior, volvía a las carac­terísticas exteriores del Antiguo Testamento. El mismo error se repite una vez tras otra. Después de periodos de avivamiento, cuando Cristo tomaba Su lugar como cabeza de la iglesia y Dios obraba con poder, pero a la vez con sencillez entre gente sencilla, llegó el tiempo en que se hicieron sofisticados y sabios en los caminos mundanos, abandonando aquella sencillez. Seguían creciendo en número, riquezas y talentos, y poco a poco fueron perdiendo el contacto con Dios.

Vamos a contemplar por unos momentos un versículo o dos del libro de Hebreos. Es un libro escrito a creyentes judíos que estaban muy familiarizados con el Antiguo Testamento. Aquí tenemos la definición más intensa posible, que la lengua humana puede expresar, de lo que es la iglesia: “Os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (He. 12:22-24).

El cuerpo de Cristo no es solamente espiritual y universal, sino que también está compuesto por los santos de las edades pasadas; “los justos hechos perfectos”. Ellos también tienen que ver con nuestras vidas y con las funciones de las que la iglesia se goza hoy. ¿Qué clase de vida cristiana tendríamos si no fuera por los reformadores que tradujeron las Escrituras a nuestra lengua? ¿Qué te parecería tener que aprender latín para poder leer tu Biblia, suponiendo que pudieras conseguir una? Tus hermanos y hermanas del pasado murieron para darte este privilegio. Ellos ahora siguen viviendo en lugares celestiales.

La iglesia es, en todo el mundo, el cuerpo de los santos de todos los siglos. Permítete ser conmovido por las palabras de una canción que, en mi opinión, descubre el corazón del pueblo verdadero de Dios en cada lugar y en cualquier tiempo:

“Un desfile empezó en el Calvario;
los santos de todas las edades completan las filas.
Sobre las arenas del tiempo están marchando,
a la coronación del gran Rey;
Y este puede ser el amanecer de aquel día.

Todos los santos están inquietos;
no están atados por cadenas forjadas de oro terrenal.
Desde el día que se arrodillaron en el Calvario,
han sido peregrinos siempre errantes;
Solamente buscando el lugar donde sus almas puedan descansar”.

La Biblia llama a esta iglesia “la novia de Cristo”, gente desposada con un solo Esposo en una relación viva de amor. Ellos anhelan el día en que puedan estar reunidos unos con los otros y con Él para siempre. Este es el “cuerpo de Cristo”, vivo y palpitando; Sus manos y Sus pies, representándole y ministrando como una unidad por toda la tierra.

Debemos completar aún un pequeño estudio como éste acerca de la iglesia, considerando el mismo nombre; nos ayudará a entender lo que es. El enemigo actúa en contra de todas las intenciones de Dios, pervirtiendo los pensamientos que el hombre pueda tener en cuanto a la iglesia. Pensar mal conduce a una creencia equivocada y, como resultado, a intenciones y prácticas malas.

Cuando muchos oyen la palabra iglesia, piensan en una institución humana; en una organización en lugar de un organismo que respira. Al escritor Tozer no le parecía bien que la gente hablara de la iglesia como “la obra”. La iglesia tiene que ver con gente. Hemos aplicado el nombre a edificios hechos por los hombres, lo cual es malinterpretar totalmente la palabra. La palabra griega es ekklesia. El prefijo ek significa sencillamente de o fuera de, y la raíz de la palabra es derivada del verbo kaleo, que significa llamar. Así es que el nombre implica un cuerpo singular de personas llamadas fuera de… ¿Fuera de qué son llamadas? Fuera del mundo. Pedro hizo esta “llamada” en el primer sermón apostólico en el libro de los Hechos: “Sed salvos de esta perversa generación” (Hch. 2:40).

Desde aquel tiempo hasta ahora, el propósito revelado de Dios es llamar a un pueblo para que sea formado en una novia para Su hijo. Podemos notar que el poderoso movimiento inicial de Dios que convirtió a miles en Jerusalén, no salvó la ciudad misma de la destrucción que llegó en el año 70. Aunque en un principio la iglesia pueda gozar de una gran influencia y efecto sobre la sociedad que la rodea, como ocurrió en Jerusalén, finalmente no podrá alterar la maldición existente sobre el sistema mundano en general. El mundo presente es maligno hasta sus raíces, está destinado a la destrucción y no tenemos la obligación de redimirlo. Si lo intentásemos, estaríamos ignorando las claras enseñanzas de la Escritura y desperdiciando tiempo y esfuerzo.

Nuestro trabajo es buscar a la novia, rescatarla del mundo y presentarla a Cristo. Este propósito maravilloso de Dios continúa hasta la fecha y una obra del Dios soberano lo realiza, a pesar de la mucha adversidad, la falta de comprensión, y la tolerancia ilegítima de muchos mal llamados cristianos. Existe todavía un organismo que respira y vive, bañado en la fe y bautizado en el Espíritu Santo, que lleva a cabo la voluntad del cielo con herramientas celestiales…
…en las palabras de Guillermo y Gloria Gaither:

“Dios siempre ha tenido un pueblo. Muchos conquistadores insensatos han cometido el error de pensar que, por haber quitado a la iglesia de Jesucristo de la vista pública, habían callado su voz y extinguido su vida. Pero Dios siempre ha tenido un pueblo. La corriente poderosa de un río rugiente no se debilita por tener que fluir bajo tierra. El agua más pura es la que salta cristalina al sol, después de haber tenido que esforzarse para hallar una corriente por la roca sólida.

Han existido charlatanes que, como Simón el mago, intentaron negociar en el mercado común con ese poder que nadie puede comprar ni vender. Dios siempre ha tenido un pueblo. Hombres que no podían ser comprados y mujeres que valían más que cualquier precio.

Dios siempre ha tenido un pueblo. Existían tiempos de afluencia y prosperidad, cuando el mensaje de la iglesia casi fue diluido y echado en el olvido por los que intentaban hacerla atractiva socialmente, organizada cuidadosamente y provechosa económicamente. Ha sido chapada de oro, cubierta de púrpura, e incrustada con gemas.

Ha sido mal representada, burlada, ostentada y criticada. Estos seguidores de Jesucristo han sido, según el capricho de los tiempos, elevados como líderes o martirizados como herejes. Sin embargo por medio de todo esto, marcha todavía un ejército poderoso de elegidos de Dios que no puede ser comprado, adulado, matado o callado. Sobre las edades marcha esta iglesia, la iglesia triunfante de Dios. ¡Vive y está bien! ¡Que el pueblo se regocije!, porque hemos resuelto el asunto, hemos tomado nuestra decisión. ¡Que suene el himno, aumentemos las canciones de victoria! Porque la iglesia triunfante está viva...


... Escucha hijo de Dios, está viva. Pastor desanimado, es Su iglesia y todavía vive. Misionero solitario, siembra la semilla con confianza, la iglesia todavía vive. Cristiano anciano, no estás solo y olvidado, la iglesia todavía vive. Vive, mi amigo quebrantado de corazón. Todavía vive, madre atareada, sigue confiando en Jesús. La iglesia vive. No estás solo en el mundo, joven estudiante que sirve al Señor, la iglesia todavía vive. Padre fiel, hay descanso en el Señor, la iglesia de Dios todavía vive. Así que, escéptico cínico, no has acabado con Dios por tu incredulidad ruidosa. Él todavía vive. Vive, mi amigo. La iglesia triunfante de Dios vive. ¡Vive y está bien!”


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