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La Biblia pone al hombre en su lugar

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Si quieres ver las "Noticias y Anotaciones" adjunto a este artículo, puedes buscar el mismo título en Folletos "Una llamada a la entrega" arriba, al lado derecha. Incluyen la foto de nuestro primer bisnieto.

La Biblia pone al
 hombre en su lugar

C
omo lo más común es que el hombre se exalte a sí mismo y tome demasiado protagonismo, hallamos versículos como éste: “Tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre(He.8:1-2). Nos recuerda que el hombre está limitado a lo que es temporáneo y terrenal, mientras que la obra del Señor es ilimitada y eterna.

  Durante la historia hebrea no hubo otra persona más grande que Moisés; sin embargo, Jesús, menospreció el discipulado de los judíos tras Moisés: “No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo” (Jn.6:32). Según el principio bíblico, sólo lo que permanece para siempre es verdadero. El maná de Moisés, aunque fuera esencial para esa generación, cesó cuando los israelitas cruzaron el Jordán, demostrando así, que no era algo permanente.

  También Jesús destronó a David del lugar que ocupaba en los corazones y en las mentes de la gente. Jesús desafió la alta estima que tenían de David con un argumento irrefutable que venía directamente de la Escritura: “¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?” (Mt.22:42-45). Esto explicaba que el Cristo era más que el descendiente de un rey. Él era el Señor sobre ese rey.

  Jonás fue un gran profeta, sin embargo, Jesús dijo: “He aquí más que Jonás en este lugar” (Mt.12:41). Salomón se hizo famoso, pero, aún así, Jesús declaró: “He aquí más que Salomón en este lugar” (Mt.12:42). Vez tras vez, vemos cómo Jesús ponía a estos destacados hombres en el lugar que les correspondía.

Minimizando la parte del hombre
  También limitó el poder que Sus discípulos debían ejercer en el liderazgo, diferenciándolo de la autoridad dada a los hombres de este mundo: “Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas… mas no así vosotros...” (Lc.22:25-26). “Todos vosotros sois hermanos… ni seáis llamados maestros (líderes); porque uno es vuestro Maestro, el Cristo” (Mt.23:8,10). 

  La Biblia minimiza la parte que juegan los hombres en los asuntos de Dios. Esto es necesario, porque la tendencia natural es depositar demasiada confianza en ellos. Vamos a tomar como ejemplo un caso en Corinto: “Toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas” (2Co.11:20). La Biblia no solamente nos instruye acerca de tener una desconfianza sana en los hombres, sino que pronuncia una maldición sobre el que confía en ellos: “Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová” (Jer.17:5). Cuando esto sucede, automáticamente, el corazón se aleja de Dios, porque no se puede servir a dos señores.

  Salomón no escatimó en gastos en lo referente a la edificación de un lujoso templo. Los príncipes de Israel, los sacerdotes, los cantores y los músicos, estaban presentes en su dedicación. Ellos vivieron un día glorioso. Mientras cantaban y tocaban, de repente, “la casa se llenó de una nube… Y no podían los sacerdotes estar allí para ministrar… porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios” (2Cr.5:13-14).
  No hubo lugar allí para el rey Salomón y su poder político, a pesar de haber sido el constructor de aquel edificio. Tampoco los sacerdotes tuvieron lugar donde ministrar. El orgullo espiritual, que es la forma de orgullo más difícil de tratar, no tenía dónde apoyarse. La gloria de Dios llenó la casa, y no hubo lugar allí para el hombre.

Peligros de ser un seguidor de hombres
  Zac Poonen, que cayó en las garras de un movimiento sectario en Noruega, dijo: “La batalla más grande en la vida cristiana no es la batalla contra la ira o contra pensamientos sucios. La batalla más grande en la vida cristiana es la batalla contra el deseo de ganar el apoyo de los hombres. En este asunto tenemos que decidir estar bien delante de Dios solamente, si queremos ser librados”.

  Un número asombroso de sectas se están levantando hoy en día. Escuché un mensaje de un pastor llamado Erik Dykstra, acerca de la sumisión, en el que observé que no le importaba usar palabrotas. Su iglesia ha crecido de forma tremenda en poco tiempo.

  Según este pastor, él ha recibido una visión para este ministerio en el que cada uno está obligado a ayudarle a cumplir con ella, o si no… ¡fuera! Ilustra bien la acción de patear en el futbol americano… “punting”, se llama. Todos fueron instruidos a no tener contacto con un ex-miembro de la iglesia, que se había casado allí, por haberla abandonado. Así que la parte importante de esta “iglesia” no es estudiar y obedecer a Cristo y Su Palabra, sino cumplir con la visión de este hombre.

  La Confesión Augsburg declara que a los pastores les es dada, por la Biblia, una autoridad limitada: Predicar el evangelio, ministrar las ordenanzas y ejecutar la disciplina necesaria en la iglesia. El Nuevo Testamento no otorga ninguna autoridad a los líderes para que ejecuten visión alguna aparte de lo que la Palabra de Dios enseña.

  Dykstra dijo que uno puede “dejar de enfocarse en Jesús, por estudiar demasiado la Biblia”. Llamó a tales personas “nerds” (palabra vulgar para un estudioso raro) de teología. Dijo que si tú te rebelas contra la autoridad, la destrucción te sobrecogerá. Sin embargo, si te sometes, Dios te protegerá de todo daño y te bendecirá.

  El crecimiento es tan importante que las cualidades del liderazgo son ignoradas. Hay líderes de sub-grupos que no son cristianos… no habían decidido definitivamente si iban a seguir o no a Cristo.

Liderazgo abusivo
  El Dr. Jorge Erdely es un respetado experto en el tema de sectarismo. Tras observar a líderes abusivos comenta: “Cuando alguien no puede ejercer su ministerio basándose en la verdad, en el servicio amo-roso y en la honestidad, necesita recurrir al uso de la manipulación y a un sistema de gobierno autoritario para imponerse sobre las conciencias de las personas”.

  Saúl lo hizo, dice el Dr. Erdely: “Él tenía tanto miedo de perder su posición que vivía en una constante preocupación. Eso le llevó a implantar un obsesivo sistema de gobierno sobre el pueblo de Dios, para vigilar que nadie fuera a llegar a ser tan popular como él”.

  “Otra doctrina aberrante sobre la sujeción a la autoridad está basada en la historia de Absalón y David. Con pasajes fuera de contexto, se dice que cualquiera que cuestione al pastor, o se salga de su organización,   es  como  Absalón,   que se rebeló contra su padre… Es una total falta de ética ministerial aplicar la historia de Absalón de esta manera”.

  Erdely da cinco razones para destruir esta aplicación absurda, entre las cuales está la siguiente: “No se apartó de la congregación de David por ver algún error moral o doctrinal… La intención de Absalón fue matar a su padre, nunca corregirlo o, simplemente, alejarse de él. ¡Qué manera de torcer las Escrituras es aplicar esta terrible historia al caso de personas honestas que cuestionan con sinceridad a sus líderes sobre la veracidad de sus enseñanzas, o que salen de sus organizaciones por haberse éstas desviado!”

  Dr. Erdely dice que no es un error corregir a un líder que se desvía, sino un deber: “‘Repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe’ (Tito1:13). El mito de que no hay que cuestionar a los auto-nombrados ungidos es falso; pues contradice estos  claros  mandamientos del Nuevo Testamento”.

  “En los inicios de la iglesia no había líderes tan delicados que necesitaran que se les hablara con palabras suaves por temor a ofender su ‘autoridad’... La verdad Escritural era la máxima autoridad, y todos, incluidos los apóstoles, se sometían a ella. Un signo de que una organización se ha convertido en una secta es cuando, en la práctica, a los líderes se les otorga mayor autoridad que a la Biblia”.

  “¡Cuánta gente ha sufrido abusos…! ¡Cuántas han estado bajo organizaciones religiosas autoritarias, viendo manipulaciones, charlatanería y hasta mentiras, y se han quedado calladas por miedo! ¡Cuántos grupos hoy en día tienen que recurrir a la manipulación y a infundir miedo para poder así mantener su influencia…!”
  Reconociendo que la obediencia a las autoridades ha sido distorsionada más allá de las intenciones bíblicas, os entrego este artículo para vuestra consideración.     


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