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Lowell Brueckner

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El amor que cubre pecados

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Leí ahora en las noticias del papa Francisco: “El papa reconoció que la Iglesia ha estado obsesionada con temas como el aborto, el matrimonio homosexual…” Poniendo a un lado las muchas dificultades que tenemos con doctrinas y prácticas del catolicismo, en tiempos pasados por la potencia que esa iglesia ha tenido, ya que tiene millones de miembros en todo el mundo, ha podido detener un poco el avance del aborto y los matrimonios homosexuales.  Pero las protagonistas de estos asuntos  que ya han vencido en el mundo político, están ahora ganando la batalla en el mundo religioso.

Religiones protestantes ya han caído frente el ataque, antes que la iglesia católica, pero ahora vemos gente evangélica llevada por el corriente de la tolerancia.  No hace mucho escuché una entrevista con el nuevo líder de una organización evangélica muy conocida,  en la cual él dijo que el cristiano conservador tiene fama de ser rígido y duro, y que tenemos que intentar entender más a la gente que han tenido abortos o tiene tendencias hacia la homosexualidad. Tenemos que ser más tolerantes de gente que no está de acuerdo con nosotros. Uno de los cantantes más famosos del mundo de habla español dijo en una entrevista con CNN, que sus conciertos tienen el propósito de unir la gente sobre bases comunes, incluso unir los cristianos con los musulmanes. Otro cantante en España ha predicado que desde que nació Cristo, no tratamos más con la ira de Dios, y ahora tenemos que presentar, no la ira, sino el amor de Dios al mundo.

¿Qué está pasando? Estamos muy convencidos que la Biblia no ha cambiada para nada, pero el maestro que interpreta la Biblia, en los casos ya mencionados, ya es otro. No es el Espíritu Santo, sino un “espíritu de tolerancia”. Este espíritu no es santo y está preparando la población completa para la apostasía y el reino del anti-cristo. Pero ¿no es cierto que debemos presentar el amor de Dios al mundo? Mi amigo, primeramente tenemos que tener un idea de lo que es el amor de Dios. Favor de leer el siguiente artículo en lo cual intento de aclarar que el amor de Dios, no es el amor que el mundo conoce. No es el amor humano, sino algo muy distinto. Es un amor santo que no se rinde ante el pecado. Este es lo que la Biblia y el Espíritu Santo nos enseña:
 
El amor que cubre pecados

“Teniendo ante todo ferviente y constante amor entre vosotros, porque el amor cubre multitud de pecados”.
1 Pedro 4:8

El amor de Dios apenas puede empezar a comprenderse, porque es más profundo y vasto que un océano. No puede compararse a nada porque es único, y tampoco se puede mejorar, añadiéndole algo, porque es perfecto. Siempre hace lo que es mejor para avanzar los  propósitos de Dios y para bendecir a la persona que es llamada a involucrarse en ellos. Es la motivación tras cada hecho que pertenece a la voluntad de Dios.

Las cosas de Dios son únicas y superiores a todo lo demás. Cuando los discípulos pidieron a Jesús más fe, Él contestó: “Si tuvierais fe como un grano de mostaza…”, que es una semilla muy pequeña. Les hizo poner su atención en el tipo de fe, no en su tamaño. Marcos 11:22 puede ser correctamente traducido como: ¡“Tened la fe de Dios”! De igual manera, el amor de Dios tiene que ser entendido como algo muy diferente al amor humano. Warren Wiersbe aclara: “Dios es amor. Esto no quiere decir que ‘el amor es Dios’… alguien dijo correctamente que ‘el amor no define a Dios, sino que Dios define lo que es el verdadero amor’”.

Agapeo o phileo
Desafortunadamente, la mayoría de las traducciones del Nuevo Testamento no hacen una diferencia entre las dos clases de amor expresadas en la conversación entre Jesús y Pedro, después de la resurrección de Jesús y la negación de Pedro. Jesús le preguntó dos veces si le amaba con el amor agapao, que es la palabra griega usada para expresar el amor de Dios. Pero Pedro contestó usando la palabra phileo, que significa amor fraternal. Al oír por tercera vez a Jesús preguntarle: “¿Me quieres (phileo)?”, condesciendo al nivel de Pedro, él se entristeció, ya que algo menos que el amor divino no será suficiente para desarrollar la obra divina de alimentar a los corderos y a las ovejas del Señor. Pedro aprendió muy bien esto, y durante el tiempo que escribió su epístola, enseñó acerca del ferviente amor (agapeo) entre cristianos. 
 

El amor de Dios hará todo lo necesario para transformar a sus “vasos” escogidos y para salvar a los pecadores. “De tal manera amó Dios” que envió a José a Egipto como esclavo y prisionero, de igual manera que envió a Su Hijo al mundo para sufrir y morir. Isaías revela que Jesús fue “azotado de Dios” y que “complació al Señor quebrantarlo y someterlo a padecimiento”. Igualmente, José tuvo un claro entendimiento de que había sido la voluntad de Dios la que le había enviado a Egipto, con el buen propósito de salvar a su gente y a un mundo que moriría, de no ser por la persona a la que Dios estaba preparando para ayudarle en la crisis que estaba por venir (fíjate en Gn.45:5,7,8). Los trece años de prueba que pasó en Egipto, siendo un esclavo, sirvieron de preparación para moldear y refinar a José, a fin de hacerle un gobernador útil delante de Dios. El salmista observó que “hasta la hora que se cumplió su palabra, el dicho de Jehová le probó” (Sal.105:19).

Ver lo que Pablo dice en 1 Corintios 13:3 en cuanto a lo que uno puede llegar a hacer sin el amor de Dios, causa verdadero asombro. Con una entrega semejante a la de la Madre Teresa, la gente puede llegar a dar todas sus posesiones para alimentar a los pobres. En Orissa, India, me dijeron que algunas personas que profesaban ser cristianas, al saber que se aproximaban los hindúes radicales, buscaron seriamente al Señor para saber si sus corazones estaban limpios, porque de no ser así, iban a ser golpeados y asesinados simplemente por ser solamente cristianos “de nombre”. Pablo añadió: “Si entregara mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor (agapeo), de nada me sirve”.

La perfección del amor de Dios no permite ningún contrapeso que lo equilibre. Si ese amor es presentado correctamente, no hará falta nada más, y no habrá peligro de que al enfatizar mucho el amor de Dios, el oyente quede privado de otros atributos, como la justicia o la verdad. En la cruz, el amor de Dios no se equilibró con otros atributos, sino que se unieron a él, y la obra de Cristo se llevó a cabo hasta la perfección. Como el salmista reveló: “La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron” (Sal.85:10).

Además de plantear una importante pregunta, intentaré tratar con un malentendido bien creído y practicado entre los que presumen estar “cubriendo multitud de pecados”. ¿Cómo pueden ser cubiertos estos pecados y cómo puede el amor ferviente, del que Pedro escribe, tratar con el pecador o con los pecados entre creyentes? Me acuerdo de algunas declaraciones, muchas veces repetidas, sobre cómo tratar con casos difíciles que llegan a los círculos cristianos: “Queremos tratar con amor a esta persona; queremos mostrarle que le amamos. Tenemos que ser tolerantes; reconocemos sus errores, pero los pasamos por alto, para tratarle con respeto, cuidadosa y bondadosamente.” ¿Es esta tu interpretación de nuestro texto y el Proverbio 10:12, que es casi idéntico?  

¿Cómo se cubren los pecados?
Volviendo al Salmo 85, tras haber mencionado que es un Salmo que nos dirige a la cruz, fijémonos en el versículo 2: “Cargaste con la iniquidad de tu pueblo, cubriste todo su pecado”. Pablo cita el Salmo 32:2, enseñando: “Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades fueron perdonadas, y cuyos pecados fueron cubiertos. Bienaventurado el varón al cual el Señor no imputa pecado” (Ro.4:7-8). ¿Está presentando Pablo una salvación sin condiciones, que perdona y cubre pecados, debida a la benignidad de Dios?  ¿Es éste el significado y la obra manifiesta del amor de Dios? ¿Es un amor fraternal que tolera y convive con los pecados del prójimo el amor que tenemos que demostrar?

Iremos a Santiago para hallar la respuesta a estas preguntas: “Hermanos míos, si alguno entre vosotros se extravía de la verdad, y alguno lo hace volver, sepa que el que haga volver a un pecador del extravío de su camino, salvará su alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados” (Stg.5:19-20). Estos son pasos tomados más allá de la buena voluntad y la tolerancia. Menciona un volver del error por parte del que se ha extraviado de la verdad, y volver es sinónimo de arrepentimiento. El arrepentimiento está involucrado en cubrir los pecados, y es necesario para salvar esa alma de la muerte. Según Santiago, los pecados no son cubiertos sin arrepentimiento y sin recibir por fe la salvación cristiana. Dios estaba demostrando Su amor y misericordia a Su pueblo, los judíos, al demandar de ellos un arrepentimiento, mientras que los gentiles fueron entregados a una mente reprobada (Ro.1:24,26,28). Pero en este tiempo de gracia, Dios da la misma oportunidad a los gentiles que a los judíos (Hch.17:30).

El amor que castiga con vara
Los padres cristianos necesitan el mismo amor ferviente para corregir a sus hijos y cubrir así sus pecados: “Lo castigarás con vara, y librarás su alma del Seol (infierno) (Pr.23:14). Mi padre decía que un cristiano, para criar hijos, tiene que ser lleno del Espíritu Santo, quien le llena con el amor de Dios para que pueda hacer lo necesario para el bien de sus hijos: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Pr.13:24).

Antes mencionamos a José y otra vez veremos cómo trata con sus hermanos en Génesis 42, “hablándoles duramente” (v.7), y después… “él se apartó, y lloró” (v.24). José amaba a sus hermanos fervientemente. Tenemos delante a un hombre que ha aprendido el amor de Dios por medio de trece años de esclavitud, y ahora puede apacentar a Sus corderos y ovejas. Al estudiar la historia, uno puede ver que José lleva a sus hermanos hacia un arrepentimiento asombroso.
 

Cubiertos de pieles de animales

Cuando Adán y Eva pecaron, Dios sacrificó un animal y les cubrió con su piel. El pecado no es cubierto por medio de un amor que no se basa en la sangre de Jesús. “Sin derramamiento de sangre no hay remisión (perdón)(He.9:22). Los escritores del Antiguo Testamento podían hablar de tener los pecados cubiertos, porque el sacrificio de Cristo no es controlado por el tiempo, y por eso sirve tanto para cubrir el pecado de Sus santos del Antiguo Testamento como de los del Nuevo. En ese sacrificio se llevó a cabo el juicio divino para que la justicia divina quede satisfecha. La santidad no puede ser comprometida y la ira divina tiene que ser aplacada. Sólo la sangre preciosa del Hombre-Dios, Jesucristo, quita el pecado que separa al hombre de Dios. Por la necesidad de la fe en Su sangre, como una doctrina esencial, no puede haber comunión entre un cristianismo verdadero y los cristianos hipócritas y otras de las religiones del mundo. Trata este tema como quieras, pero reconoce que es una enseñanza fundamental de la Palabra de Dios. Nuestra generación, con su mentalidad humanista, el ecumenismo, y su “evangelio” deficiente, tan popular y atractiva ahora, pronto será historia, pero los fundamentos bíblicos seguirán fieles a través de los siglos.


2 comentarios:
jabondelavadores dijo...
24 de septiembre de 2013, 22:58  

Muy de acuerdo con lo que usted relata, la tolerancia con el mundo llevada a la vida de la iglesia solo nos puede traer apostasia de la verdad. Necesitamos saber quienes somos en Cristo y no lo que somos en congregaciones.

Estela dijo...
15 de noviembre de 2016, 3:29  

Gracias al Señor por este artículo, claro y acertado acerca del costo del amor de Dios para con nosotros: el sacrificio de Su Hijo. No abaratemos lo que le costó a El nuestra salvación!!!

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