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Lowell Brueckner

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Los gentiles escuchan y creen

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Pedro entra en la casa de Cornelio...  un gentil

CAPÍTULO 10 (parte 2)

  

Pedro entra una casa gentil

   23.  Entonces, haciéndoles entrar, los hospedó. Y al día siguiente, levantándose, se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Jope. 

         24.  Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos. 

25.  Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. 

26.  Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre. 

27.  Y hablando con él, entró, y halló a muchos que se habían reunido. 

28.  Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo; 

29.  lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir? 

30.  Entonces Cornelio dijo: Hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente, 

31.  y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios. 

32.  Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro, el cual mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará. 

33.  Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado. 

 En la primera parte de este capítulo mencioné el regreso a Cesarea y cómo algunos hermanos judíos de Jope acompañaron a Pedro (v. 23). A veces pensamos en cuánto tiempo y dinero invierte la gente aprendiendo cosas que considera valiosas para su vida. Sin embargo, Cornelio recibió enseñanza de una fuente mucho más alta, y Pedro fue el mensajero encargado de llevársela. Mientras tanto, Cornelio reunió a sus parientes y amigos en su casa para escuchar el evangelio, las noticias más maravillosas que jamás hayan llegado a oídos humanos (v. 24).

 Cornelio salió al encuentro de Pedro y se postró ante él para adorarlo (v. 25). Sabemos que su acción debía ser corregida de inmediato, pero no debemos ser demasiado duros con él. El apóstol Pablo, citando al profeta Isaías, habló de aquellos que llevan el evangelio por el mundo y dijo: “¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Ro. 10:15). La gente es admirada por sus cuerpos y rostros bonitos, pero Cornelio vio algo aún más hermoso: los pies que llevaron el evangelio hasta su casa.

El plan mayor para Pedro

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Lo que Dios ha limpiado, no es común

CAPÍTULO 10 (parte 1)

 

 Dios obra en un centurión romano 

       1.     Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio,

             centurión de la compañía llamada la Italiana, 

       2.    piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y

            que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a

            Dios siempre. 

3.      Éste vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. 

4.      Él, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. 

5.      Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. 

6.      Éste posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas. 

7.      Ido el ángel que hablaba con Cornelio, este llamó a dos de sus criados, y a un devoto soldado de los que le asistían; 

8.   a los cuales envió a Jope, después de haberles contado todo. 

Un paralítico fue sanado en Lida, Dorcas resucitó en Jope y mucha gente se convirtió al Señor a causa de estos milagros. Cualquiera podría pensar que el viaje de Pedro desde Jerusalén hacia esas dos ciudades había sido un éxito total y que la voluntad del Señor se había cumplido plenamente. Pero no fue así. El propósito principal de Dios en el viaje de Pedro todavía no se había cumplido. Desde el principio, Dios tenía en mente a Cesarea y a un centurión romano. Hay algo que aprender de este caso: la voluntad de Dios no siempre se cumple por completo solo porque vemos milagros y resultados visibles ante nuestros ojos. Hay obreros del Señor que pueden hablar de muchos años de ministerio con bastantes resultados, antes de llegar a cumplir el propósito central para el cual fueron llamados.

Hemos llegado a un punto muy importante en el relato de Lucas sobre el avance del evangelio. Poco a poco, el mensaje se fue extendiendo desde la formación de la primera iglesia en Jerusalén. Luego vemos cómo alcanzó también a Judea y Samaria. Los samaritanos, mestizos y despreciados por los judíos, recibieron el evangelio. También lo recibió un etíope, prosélito de la fe judía. La siguiente historia trata de la conversión, la preparación y el comienzo del ministerio de Saulo de Tarso, quien fue llamado por Dios para ser apóstol a los gentiles.

 

Saulo y Pedro predicaron a Jesús

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Hechos 9 (parte 2)

 

Saulo predicó a Jesús en Damasco

 19.  Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. 

        20.  En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste  era el Hijo de Dios. 

      21.  Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes? 

     22.  Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo. 

 23. Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle;

     24.  pero sus asechanzas llegaron a conocimiento de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle. 

     25.  Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta. 

 El comienzo de la vida cristiana para este nuevo creyente, Saulo, fue extraordinario; pasó sus primeros tres días sin poder ver, dedicado al ayuno y a la oración. De manera espiritual, fue cegado a su vida pasada como fariseo y a su antigua forma de interpretar las Escrituras del Antiguo Testamento. Al mismo tiempo, sus ojos fueron abiertos milagrosamente a una nueva manera de comprenderlo todo. La brillante realidad de la gloria de Cristo apagó su hambre natural y lo apartó de todo lo demás, consagrándolo por completo al evangelio de Dios (Ro. 1:1).

 Inició su nueva vida al recibir a Jesús como Señor. Fue bautizado en agua y también en el Espíritu Santo. Su religión se transformó en una vida sobrenatural, resucitada en Cristo, y experimentó una entrada poderosa al Reino de Dios. Cuando volvió a comer, incluso el alimento natural lo impulsó a actuar de inmediato para anunciar los propósitos de Dios. Comenzó una nueva relación con el mismo pueblo que había ido a Damasco para perseguir (v. 19). La comunión con ellos, sin duda, fue rica y viva, y desde ese ambiente pasó directamente a servir a Cristo en las sinagogas judías.

 Tres días sin vista natural fueron suficientes para que Saulo recibiera entendimiento espiritual acerca de la persona y la obra del Hijo de Dios, y así poder presentarlo a sus compañeros judíos (v. 20). No hay una forma humana de explicar lo que ocurrió en este hombre; la única reacción posible ante su transformación, de fariseo a cristiano en tan solo tres días, es el asombro. Resulta difícil creer que sea la misma persona que persiguió a los creyentes en Jerusalén y que había llegado a Damasco con ese mismo propósito (v. 21).

Saulo de Tarso se convierte

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                     Hechos 9 (parte 1)

 

Jesús se revela a Saulo por medio de una luz

1.      Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo          sacerdote, 

      2.    y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. 

3.      Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; 

4.      y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 

5.      Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. 

6.      Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. 

7.      Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. 

8.      Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, 

9.      donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió. 

Lucas nos ha guiado a lo largo de varios capítulos, narrando el origen y el desarrollo de la primera iglesia en Jerusalén. Describió la persecución, el martirio de Esteban y cómo los discípulos se dispersaron hacia Judea y Samaria. Luego relata: “Los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio”, evangelizando Judea y Samaria, cumpliendo así el segundo paso de la Gran Comisión que Jesús dejó a Sus discípulos.

 Recientemente aprendimos sobre la evangelización personal del eunuco etíope, un detalle importante en el relato de Lucas, ya que este hombre llevó el evangelio al continente africano. Ahora estudiaremos la conversión de Saulo de Tarso, quien llegaría a ser el apóstol de los gentiles. Su conversión es un acontecimiento clave en el relato cuidadosamente planificado que Lucas dirige a Teófilo y, por medio de él, a toda la cristiandad de todas las épocas. Este evento marca un avance decisivo del evangelio más allá de los judíos, los samaritanos mestizos y un gentil prosélito, hacia una proclamación abierta y enfocada al mundo gentil.  Todo comienza con la transformación del principal enemigo del evangelio en un apóstol cuya vida, a partir de ese momento, estaría completamente dedicada a llevar el mensaje a los no judíos. Sin embargo, antes de eso, en el capítulo 10 veremos cómo Pedro rompe la barrera que hasta entonces los mantenía fuera.

El eunuco etíope

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 Capítulo 16-25

 El error del hechicero

 16.  porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. 

17.  Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. 

18.  Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 

19.  diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. 

20.  Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. 

21.  No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. 

22.  Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; 

23.  porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. 

24.  Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí. 

25.  Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio. 

 Los apóstoles sabían que cada creyente tiene que experimentar al Espíritu Santo descendiendo (griego: epipipto) sobre él, o dicho de otra forma, ser bautizado en el Espíritu Santo. Aunque la traducción española cambia, en el capítulo 10:44 es utilizada la misma palabra griega: “El Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso”.

 Pedro y Juan oraron por los creyentes y recibieron el bautismo en el Espíritu Santo (v. 17). Algo relevante y visible ocurrió también con los samaritanos, porque Simón, el hechicero, se percató y quedó inmensamente impactado por lo que vio, igual que al ver los milagros y señales que Dios hizo por medio de Felipe. Lo que él pidió evidenció su blasfemo y falso entendimiento de los caminos de Dios. Cometió dos serios errores: El primero fue poner precio a la capacidad de impartir esta experiencia bendita y celestial (v. 18). Y el segundo, querer poseer este poder por sí mismo para lucrarse (v. 19).