Entradas Recientes
Lowell Brueckner

Ingrese su dirección de correo electrónico:


Entregado por FeedBurner

¿Has cruzado el río Jordán?

Etiquetas:

Presentamos aquí un artículo escrito primeramente en inglés en la primavera de 1997. Es sobre el bautismo en el Espíritu Santo. También puedes ver el mismo artículo pulsando arriba a la derecha Folletos "llamada a la entrega". Estamos intentando de traducir todos los viejos artículos en español.

 

¿Has cruzado el río Jordán?

M
uchos de los maestros más conocidos de nuestros tiempos enseñan que el bautismo en el Espíritu Santo fue experimentado de una vez para siempre en Pentecostés. En la conversión, dicen ellos, entramos en este mismo bautismo y no podemos tener más, excepto un crecimiento y entrega al Espíritu día a día. Pero esta enseñanza, según el difunto autor y pastor, Dr. Martyn Lloyd-Jones, es ERRONEA. Él escribió: “Hemos visto que es posible ser cristiano SIN ser bautizado con el Espíritu, pero dicho bautismo sí podemos experimentarlo. Esta experiencia es clara e inequívoca, tanto para nosotros como para los que están a nuestro rededor”. Charles Finney se estaba refiriendo a la necesidad de bautismos personales y repetitivos en el Espíritu al mencionar: “A menudo me he sentido sorprendido y apenado por el tan poco énfasis que se pone sobre esta necesidad que te capacita para predicar de Cristo a un mundo pecador”.

Grandes cristianos conocieron una segunda obra de gracia
El puritano, John Owen, no escribió de la conversión, sino de una experiencia cristiana, al decir: “(El Espíritu Santo) derrama el amor de Dios en nuestros corazones… POR UN HECHO INMEDIATO… llenando (el alma) con gozo, exaltación e incluso, a veces, con raptos inexpresables de la mente”. Jonathan Edwards habla de su experiencia personal “que duró, según pudiera medir, cerca de una hora; de tal manera, que me tuvo la mayor parte del tiempo inundado en lágrimas”.

Meses después de su conversión, John y Charles Wesley estuvieron en una reunión, descrita por John: “Como a las tres de la mañana, mientras estábamos continuamente en oración, el poder de Dios vino poderosamente sobre nosotros, de tal manera que muchos clamaron con gran regocijo y muchos cayeron al suelo.” C. H. Spurgeon retó a su congregación: “(Los discípulos) tuvieron que quedarse en Jerusalén por un poco de tiempo hasta que el Espíritu cayera sobre ellos y les revistiera con un poder misterioso… Si nosotros, ahora, fuésemos llenos del Espíritu Santo, seríamos suficientes para evangelizar a toda Londres… Él prometió (a Sus discípulos) que les seguirían señales, y en verdad les siguieron, como también nos seguirán ahora. Sin embargo, para que esto suceda, tenemos que volver a la práctica y enseñanza apostólicas”.

Finney recibió el poder misterioso: “Al darme la vuelta para tomar mi asiento cerca de la lumbre, recibí un poderoso bautismo del Espíritu Santo… El Espíritu Santo descendió sobre mí en una manera que parecía penetrarme en cuerpo y alma… Si (su pastor) había sido alguna vez convertido, no había llegado a recibir el bautismo… que es indispensable para el éxito ministerial”. El ministerio de D. L. Moody tomó nuevas dimensiones después de lo ocurrido: “Continuaba clamando todo el tiempo para que Dios me llenara con Su Espíritu. Entonces, un día en la ciudad de New York – ¡ay, que día aquel!... no puedo describirlo y pocas veces lo menciono. Es una experiencia demasiado sagrada para contar”. El gran misionero, Hudson Taylor, también hablaba de una experiencia que le cambió la vida y revolucionó su ministerio.

Lloyd-Jones describe a Dr. A. B. Simpson como “un hombre educado pero consciente que había algo inefectivo en su obra y ministerio, hasta que, de repente, fue llenado con el Espíritu, resultando de ello un  ministerio totalmente transformado, con inumerables resultados”. G. Campbell Morgan también enseñó sobre el poder de una segunda obra de la gracia. Andrew Murray escribió un libro sobre el tema, y a menudo hacía referencia al bautismo en otros de sus libros. Jonathan Goforth cuenta su propia historia en su libro Por mi Espíritu.

En tiempos más modernos, Dr. Oswald Smith, un pastor cuya iglesia envió a muchos misioneros, escribió un libro sobre el bautismo. El conocido autor A. W. Tozer, cuenta su experiencia cuando estaba en casa de su suegra (que era pentecostal): “Tenía 19 años cuando fui bautizado poderosamente con el Espíritu Santo. Me encontraba arrodillado en la sala de la casa de mi suegra orando fervientemente… Cualquier obra pequeña que Dios haya podido hacer por medio de mí, tuvo su principio en esa hora”. La necesidad de ser breve me obliga a excluir a otros, quienes salieron en el poder del Espíritu Santo para remover su mundo.   

El bautismo en el Jordán
Hay dos historias en el Antiguo Testamento que prefiguran el bautismo en el Espíritu. Una tiene que ver con los israelitas al cruzar el Jordán. La sangre del cordero, aplicada a sus puertas, les había salvado del ángel de la muerte. Habían logrado escapar de Egipto y de la mano de Faraón. Cuando el Mar Rojo se cerró, dejó todo esto atrás. Por supuesto, esto apunta hacia la salvación – la conversión. Todos podían testificar que fueron salvos por medio de la sangre. Pablo llamó a este cruzar el Mar Rojo - “un bautismo” (1 Co.10:2), pero otro bautismo siguió a este.

Dios les había traído hasta la Tierra Prometida. Nunca fue Su intención hacerles pasar sus vidas en una horrible soledad. Después de escuchar a los espías hablar de las situaciones tan amenazadoras que habían encontrado en la tierra de la promesa, se quedaron asustados y llenos de temor. Por ello, Israel había desperdiciado 40 años de su vida en el desierto, antes de cruzar un Jordán que desbordaba por sus orillas. Una vez más, Dios abrió las aguas y fueron “bautizados” en el Río Jordán al entrar en la Tierra Prometida. Fue entonces cuando empezaron a realizar el plan de Dios. Se involucraron con lo que era imposible: matar gigantes, derrumbar ciudades amuralladas, despojar a naciones más fuertes que ellos y tomar posesión de sus terrenos… ¡todo por el poder de Dios!

40 años y un desierto estaban en medio de estos “dos cruces”. Eran distintos en cuanto al tiempo, lugar y propósito. El primero les ayudó a escapar de la esclavitud y de la muerte. El segundo les hizo tomar la tierra de la promesa: “Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo”, les aseguró Jesús, “y me seréis testigos… hasta los últimos rincones de la tierra”.


Eliseo también cruzó el Jordán
Cuando Elías encontró a Eliseo, puso su manto sobre él y Eliseo nunca volvió a ser el mismo. De la misma manera que los israelitas salieron de la esclavitud, dejando atrás el Mar Rojo entre ellos y los egipcios, Eliseo abandonó su campo, quemó su arado y mató a sus bueyes. Desde aquel día siguió a Elías, igual que Israel siguió a Moisés en el desierto. La muerte de Moisés fue una muerte misteriosa, y su sepulcro nunca fue hallado. Eliseo, sin embargo, estuvo presente cuando Elías ascendió al cielo, y fue testigo de ello. Eliseo tomó el manto de Elías, que cayó por segunda vez, y con él hirió las aguas y se abrieron, como Elías lo había hecho. Caminó adentro por tierra seca.

Él había pedido una doble porción del Espíritu y fue revestido del poder de lo alto. Experimentó un ministerio que sobrepasaba al de Elías. Jesús, refiriéndose a cualquier discípulo, dijo: “Las obras que yo hago… aun mayores hará, porque yo voy al Padre”, sin embargo, “quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”.

Dos preguntas importantísimas
Permíteme hacerte dos preguntas: “¿Has cruzado el Mar Rojo?” ¿Sabes de un tiempo especial cuando fuiste lavado de tu pecado en la sangre del Cordero? ¿Estás libre de la esclavitud del mundo, o todavía dependes de su voluntad y sus caminos? ¡Necesitas contestar esta pregunta tan vital de una vez! Tienes que dar tu vida al Cristo que murió por ti, arrodillarte frente a Su cruz y dejar que te lave de tus pecados.

Entonces, si ya has cruzado el Mar Rojo, pregunto: “¿Has cruzado el Río Jordán?” ¿Sabes el día y la hora cuando te cayó el manto encima? ¿Estás preparado para ser un testigo sobrenatural en la tierra de las imposibilidades? Si no lo estás, entonces enfócate en esta segunda tremenda necesidad. ¡No te quedes en el desierto!               


0 comentarios:

Publicar un comentario