Hechos 9 (parte 2)
Saulo predicó a Jesús en Damasco
19. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas.
Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en
Damasco.
20. En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas,
diciendo que éste era el Hijo de Dios.
21. Y todos los que le oían estaban atónitos, y
decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este
nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los principales
sacerdotes?
22. Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía
a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo.
23. Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle;
24. pero sus asechanzas llegaron a conocimiento de
Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para
matarle.
25. Entonces los discípulos, tomándole de noche,
le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta.
El comienzo de
la vida cristiana para este nuevo creyente, Saulo, fue extraordinario; pasó sus
primeros tres días sin poder ver, dedicado al ayuno y a la oración. De manera
espiritual, fue cegado a su vida pasada como fariseo y a su antigua forma de
interpretar las Escrituras del Antiguo Testamento. Al mismo tiempo, sus ojos
fueron abiertos milagrosamente a una nueva manera de comprenderlo todo. La
brillante realidad de la gloria de Cristo apagó su hambre natural y lo apartó
de todo lo demás, consagrándolo por completo al evangelio de Dios (Ro. 1:1).
Inició su
nueva vida al recibir a Jesús como Señor. Fue bautizado en agua y también en el
Espíritu Santo. Su religión se transformó en una vida sobrenatural, resucitada
en Cristo, y experimentó una entrada poderosa al Reino de Dios. Cuando volvió a
comer, incluso el alimento natural lo impulsó a actuar de inmediato para
anunciar los propósitos de Dios. Comenzó una nueva relación con el mismo pueblo
que había ido a Damasco para perseguir (v. 19). La comunión con ellos, sin
duda, fue rica y viva, y desde ese ambiente pasó directamente a servir a Cristo
en las sinagogas judías.
Tres días sin
vista natural fueron suficientes para que Saulo recibiera entendimiento
espiritual acerca de la persona y la obra del Hijo de Dios, y así poder
presentarlo a sus compañeros judíos (v. 20). No hay una forma humana de
explicar lo que ocurrió en este hombre; la única reacción posible ante su
transformación, de fariseo a cristiano en tan solo tres días, es el asombro.
Resulta difícil creer que sea la misma persona que persiguió a los creyentes en
Jerusalén y que había llegado a Damasco con ese mismo propósito (v. 21).