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Lowell Brueckner

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Hechos 17

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Muro medieval de Tesalónica al mar Egeo

Pablo y Silas en Tesalónica
    
1. Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. 

2.     Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, 

3.     declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo. 

4.     Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas. 

5.     Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. 

6.     Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; 

7.     a los cuales Jasón ha recibido; y todos estos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús. 

8.     Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas. 

9.     Pero obtenida fianza de Jasón y de los demás, los soltaron. 

 La última vez que Lucas menciona que estaba con el equipo de Pablo fue en Filipos, en Hechos 16:10-17. Aparentemente, permaneció en esa ciudad, ya que el relato no indica que estuviera con los demás cuando partieron. Desde Filipos, el grupo pasó por dos ciudades de Macedonia: Anfípolis y Apolonia. Anfípolis se encontraba aproximadamente a 50 km al suroeste de Filipos, en la costa norte del mar Egeo. Apolonia estaba unos 50 km al suroeste de Anfípolis, aunque su ubicación exacta es desconocida. Finalmente, Tesalónica se encontraba unos 60 km al oeste de Apolonia (v. 1).

 La primera carta de Pablo a los tesalonicenses nos muestra cómo fue recibida, en términos generales, la palabra en esa ciudad: “Pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre… Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo” (1 Tes. 1:5-6). Quisiera añadir sólo una breve frase del versículo 9: “…os convertisteis de los ídolos a Dios…” En el relato de Hechos encontraremos más detalles.

 Aunque Pablo es el apóstol a los gentiles, siempre tiene la costumbre de predicar primero a los judíos. Lo hace conforme al principio divino, porque la elección de Dios sobre los judíos fue desde el principio. Aprovecharemos el versículo 2 y la costumbre de Pablo para examinar este principio con mayor profundidad, ya que algunos cristianos lo ignoran. Dios llamó a Abram para que saliera del mundo, concretamente de Ur de los caldeos, con el propósito de formar una nación a partir de su descendencia. Después vinieron Isaac y Jacob. A lo largo de todo el Antiguo Testamento encontramos la historia de esa nación y de sus profetas. También hallamos su literatura, desde Job hasta Eclesiastés, así como las promesas que Dios les dio de manera específica.

Hechos 16

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¿Cómo puedo ser salvo?

 
La llamada a Macedonia

 

Timoteo de Derbe

 1.     Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego; 

2.     y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. 

3.     Quiso Pablo que éste fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego. 

4.     Y al pasar por las ciudades, les entregaban las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardasen. 

5.     Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día. 

 En el capítulo 14 aprendimos de Derbe y Listra, ciudades que visitaron Pablo y Bernabé en su primer viaje misionero. Ahora, en su segundo viaje, Pablo, acompañado de Silas, regresa a esas mismas ciudades para visitar a los creyentes ganados por Cristo en el viaje anterior. En esa región conocieron a un joven llamado Timoteo de Derbe (aunque algunos piensan que era de Listra). Su abuela, Loida, y su madre, Eunice, habían creído antes que él y, siendo judías, le enseñaron las Escrituras desde su niñez. Ve lo que Pablo le escribió en 2 Timoteo 3:15: “Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”. Las escrituras del Antiguo Testamento fueron de gran utilidad para Timoteo, ya que le dieron sabiduría para encontrar fe en Cristo. Es probable que se haya convertido durante la primera visita de Pablo a Derbe, donde el evangelio fue recibido con mayor aceptación que en las demás ciudades cercanas. El padre de Timoteo era griego (v. 1).

 Parece que Timoteo fue un discípulo extraordinario, reconocido por los creyentes más allá de Derbe, en las ciudades vecinas de Listra e Iconio (v. 2). Pablo procuraba eliminar cualquier ofensa innecesaria para compartir el evangelio, tanto con judíos como con gentiles. Al ver el potencial de Timoteo, quiso incorporarlo a su equipo misionero. Sin embargo, antes de hacerlo, decidió circuncidarlo. Como el padre de Timoteo era griego, muchos judíos sabían que él no había sido circuncidado. Esto habría creado una barrera para el ministerio de Timoteo entre los judíos y habría dificultado la evangelización, tarea que Pablo más tarde le encomendó de manera especial (2 Timoteo 4:5). Si los judíos sabían que no estaba circuncidado, probablemente no habrían estado dispuestos a escuchar su mensaje (v. 3).

 Por lo que escribió Pablo en sus cartas, es evidente que la circuncisión no era un requisito para ser cristiano, de hecho, dijo a los gálatas: “En Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación” (Gál. 6:15). Además, Pablo llamó “falsos hermanos” a quienes insistían en que los creyentes gentiles debían circuncidarse para ser aceptados por Dios (Gál. 2:4).

Hechos 15

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  El concilio en Jerusalén

  1.     Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis  conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. 

    2. Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión. 

3.     Ellos, pues, habiendo sido encaminados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos. 

4.     Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. 

5.     Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés. 

6.     Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto. 

7.     Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. 

8.     Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; 

9.     y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. 

10.  Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 

11.  Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos. 

12.  Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles. 

 En el capítulo 11, Pedro fue cuestionado por un grupo de creyentes judíos de la iglesia de Jerusalén porque había entrado en la casa de un gentil y había comido con personas no judías, algo prohibido por la ley judía. Pedro les explicó que había recibido una visión: un gran lienzo descendía del cielo y contenía toda clase de reptiles, aves y animales considerados impuros según la ley. Entonces, una voz le ordenó que matara y comiera de ellos. Pedro se negó, pero la voz le respondió: «No llames impuro a lo que Dios ha limpiado». Dos elementos de esta visión indicaban claramente que provenía de Dios. En primer lugar, el lienzo descendía del cielo, señalando su origen divino. En segundo lugar, la visión se repitió tres veces, confirmando su autenticidad. Esta triple confirmación resalta un principio divino: Dios siempre confirma su palabra.

 Al terminar la visión, llegaron a la casa donde Pedro se hospedaba en Jope unos hombres enviados por Cornelio, un centurión romano que vivía en Cesarea. Pedro comprendió de inmediato que Dios lo estaba enviando a la casa de un gentil para predicar el evangelio. Obedeciendo la instrucción del Señor: “Lo que Dios limpió, no llamas tú común”, partió con confianza acompañado por varios creyentes judíos de Jope. Más tarde, Pedro relató cómo el Espíritu Santo había sido derramado sobre los gentiles de la misma manera en que había descendido sobre los judíos el día de Pentecostés. Al escuchar su testimonio, los creyentes de la iglesia de Jerusalén glorificaron a Dios, reconociendo que Él también había concedido a los gentiles el arrepentimiento y la vida eterna.

Hechos 12

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Rode corre a anunciar que Pedro está

Herodes Agripa contra la iglesia


Jacobo es asesinado y Pedro encarcelado

1. En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. 

      2.  Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. 

     3. Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Eran entonces los días de los panes sin levadura. 

4.      Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la pascua. 

5.      Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. 

 En los Evangelios y en el libro de los Hechos aparecen varios reyes llamados Herodes, por lo que es importante distinguirlos. En Hechos 12 se habla de Herodes Agripa. Este era nieto de Herodes el Grande, quien recibió a los magos y ordenó la matanza de los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores. Herodes Agripa también era sobrino de Herodes Antipas, quien mandó decapitar a Juan el Bautista. Además, era hermano de Herodías, primeramente esposa de Felipe y después tomada ilegítimamente por Antipas. Finalmente, Herodes Agripa fue padre de otro Agripa, ante quien el apóstol Pablo presentó su defensa en Cesarea.

 Al identificar a este rey, podemos ver la crueldad e impiedad que caracterizaban a esta familia. La profecía de David en Salmos 2 se aplica, específicamente, a dos de los hombres que participaron en el juicio injusto de Cristo: Poncio Pilato y Herodes Antipas, quien, como ya se ha mencionado, mandó matar a Juan el Bautista. Los discípulos identificaron a ambos cuando oraban según la voluntad de Dios conforme a Su palabra en Hechos 4:Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato” (Hch. 4:27), y añadiendo: “con los gentiles y el pueblo de Israel”. Así, tanto los gobernantes como el pueblo participaron en la oposición a Dios: los líderes, Herodes y Pilato, junto con los gentiles (representados por los soldados romanos) y el pueblo de Israel, se unieron contra la Palabra y la voluntad de Dios.

 Sin embargo, Herodes Agripa también cumplió la profecía de David en el Salmo 2, al estar entre aquellos que se encontraban “unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas” (Sal. 2:2-3). Su aparición en la historia ocurre más tarde, cuando “echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles”, y maltratar a la iglesia es, en realidad, maltratar al Señor y a su Ungido (v. 1). En ese contexto, mandó matar a Jacobo, hermano de Juan, convirtiéndose así en el primero de los apóstoles en glorificar a Cristo mediante su muerte (ver Fil. 1:20). Según se cree, fue ejecutado a espada. Jacobo y Juan habían sido llamados por Jesús mientras estaban con su padre en la barca, remendando sus redes (Mt. 4:21). Además, Jacobo fue uno de los tres discípulos más cercanos al Señor, quien a menudo fue separado por Él para observar  Sus obras de forma más cercana. Estaba tan convencido de la verdad del evangelio que estuvo dispuesto para dar su vida por ello (v. 2).

Hechos 14

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Pablo y Bernabé en Iconio

1.     Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal        manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos. 

   2.  Mas los judíos que no creían excitaron y corrompieron los ánimos de los gentiles contra los hermanos. 

3.   Por tanto, se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios. 

4.     la gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los judíos, y otros con los apóstoles. 

5.   Pero cuando los judíos y los gentiles, juntamente con sus gobernantes, se lanzaron a afrentarlos y apedrearlos, 

6.  habiéndolo sabido, huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y a toda la región circunvecina, 

7.     y allí predicaban el evangelio. 

 Ya en el capítulo 13, versículo 51, Lucas nos relató que Pablo y Bernabé se dirigieron a Iconio. Es probable que viajaran por la calzada romana conocida como la Via Sebaste. Al llegar a la ciudad, entraron en la sinagoga judía, posiblemente en sábado y, como había ocurrido en Antioquía, los líderes de la sinagoga les dieron la oportunidad de hablar. Aparentemente, tanto Pablo como Bernabé participaron de la exposición. El relato nos hace tomar en cuenta estas cuatro palabas… hablaron de tal manera… sugiriendo que hablaron con una capacidad divina que penetró en los corazones de judíos y prosélitos. En el libro de Hechos, vemos que los predicadores hablaban bajo la unción del Espíritu Santo y, como resultado, una gran multitud de los que estaban en la sinagoga creyeron (v. 1).

 Los judíos quedaron divididos. Algunos, junto con varios gentiles, escucharon el mensaje con los oídos del corazón y recibieron fe. Otros, en cambio, se resistieron y permanecieron en su incredulidad. Nadie permaneció neutral; cuando se proclama el evangelio con el poder de Dios, las personas se ven obligadas a tomar una decisión. Los incrédulos organizaron una fuerte oposición contra Pablo y Bernabé que produjo un veneno diabólico en la mente de la población no judaica (v. 2).

 Los apóstoles no se dejaron intimidar por la oposición. Por el contrario, permanecieron allí durante mucho tiempo, proclamando con valentía el mensaje del Señor y defendiendo la verdad frente a las mentiras del enemigo. Tal como se afirma en el último versículo del Evangelio de Marcos, era el Señor quien confirmaba la veracidad de su mensaje, dando a Pablo y a Bernabé un poder sobrenatural, obrando por medio de ellos con señales celestiales y milagros asombrosos (v.3): “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén” (Mc. 16:20). Jesús hizo saber: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada” (Mt. 10:34). Dijo que el resultado será: “Los enemigos del hombre serán los de su casa” (Mt. 10:36 citando Mi. 7:6). La espada aguda del Señor siempre traerá división (v. 4).

Mensaje a judíos y gentiles

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Ruinas de Antioquia, Pisidia

CAPÍTULO 13 (parte 2)

 

En la sinagoga de Antioquía, Pisidia

 27.  Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle. 

28.  Y sin hallar en él causa digna de muerte, pidieron a Pilato que se le matase. 

29.  Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro. 

30.  Mas Dios le levantó de los muertos. 

31.  Y él se apareció durante muchos días a los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo. 

32.  Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, 

33.  la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. 

34.  Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David. 

35.  Por eso dice también en otro salmo: No permitirás que tu Santo vea corrupción. 

36.  Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción. 

37.  Mas aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción. 

38.  Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, 

39.  y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree. 

40.  Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas: 

41.  Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced; Porque yo hago una obra en vuestros días, Obra que no creeréis, si alguien os la contare.  

Nos reunimos nuevamente con Pablo en la sinagoga judía de Antioquía de Pisidia, donde lo dejamos en el artículo anterior. Allí acusó a los principales líderes judíos de Jerusalén, afirmando que no conocían verdaderamente a Dios ni comprendían a sus propios profetas. En el artículo anterior aprendimos que los libros de los profetas se leían cada sábado en todas las sinagogas. Sin embargo, Pablo sabía muy bien, por experiencia propia, que esos escritos eran mal interpretados.

 Sus propias Escrituras, que estudiaban habitualmente, daban testimonio contra ellos; aun así, los judíos condenaron a su Mesías, de quien los profetas habían hablado de antemano (v. 27). Su adoración a Dios se había corrompido y convertido en una religión muerta, y se rebelaron contra Aquel a quien decían servir. Esto no ocurrió solo en el caso de los judíos, sino que se ha repetido a lo largo de la historia por medio de hipócritas religiosos. Los judíos en Jerusalén acudieron al gobernador romano, a quien ellos despreciaban. Sin embargo, por su mayor odio hacia Dios, dependieron de una Roma pagana para que los ayudara a imponer la pena de muerte requerida por la ley romana. Aun así, no tenían ninguna acusación razonable ni legal que presentar ante Poncio Pilato (v. 28). Jesús confirmó así el cumplimiento de la profecía del salmista: “Sin causa me aborrecieron” (Juan 15:25 del Salmo 69:4). 

Envio de Pablo y Bernabe

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Primer viaje misionero (pulsar para hacer grande)  

 

La nueva Iglesia de Antioquía

1.      Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo.

       2. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.

3.      Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.

En el capítulo 11 de Hechos, aprendimos sobre el inicio de la iglesia en Antioquía. Lucas explicaba que, después del martirio de Esteban, comenzó una persecución en Jerusalén. Como resultado, algunos cristianos se dispersaron y llegaron a Antioquía, donde predicaban únicamente a los judíos (Hch. 11:19). Sin embargo, después de la experiencia de Pedro en Cesarea con el centurión Cornelio, hubo un gran avance. Algunos evangelistas de la isla de Chipre y de la región africana de Cirene comenzaron a predicar también a los gentiles que hablaban griego en Antioquía (Hch. 11:20). Lucas relata que un gran número de gentiles creyó en el Señor (Hch. 11:21). Así comenzó la historia de la iglesia en Antioquía, después de la salvación tanto de judíos y como de gentiles.

 Hemos aprendido que Bernabé fue enviado desde Jerusalén a Antioquía (Hch. 11:22). Allí animó a los nuevos creyentes (Hch. 11:23) y, por medio de su evangelismo ungido, muchos más fueron añadidos a la iglesia de Antioquía (Hch. 11:24). Seguidamente, Bernabé fue a Tarso en busca de Saulo, ya que esa era su ciudad natal (Hch. 11:25). Saulo se unió a él, y juntos trabajaron en la edificación de la iglesia en Antioquía (Hch. 11:26). En el último versículo del capítulo 11, supimos que habían viajado desde Antioquía a Jerusalén para llevar una ofrenda a los creyentes de allí (Hch. 11:30). Luego regresaron a Antioquía y llevaron con ellos a Juan Marcos, quien era sobrino de Bernabé. María, la madre de Marcos, probablemente era hermana de Bernabé, ya que no se menciona a su padre en el relato (Hch. 12:25).

 Además de Bernabé y Saulo, también llegaron a Antioquía algunos profetas desde Jerusalén (Hch. 11:27). El primer versículo de este capítulo 13 menciona también a Simón Niger, Lucio de Cirene (posiblemente uno de los que antes había evangelizado en Antioquía, Hch.11:20), y Manaén. Curiosamente, este había sido alguien cercano a Herodes Antipas, quien mandó matar a Juan Bautista y participó junto con Pilato en el juicio de Cristo. Pero Manaén ahora es un cristiano y líder en la iglesia de Antioquía, junto con los otros cuatro que eran profetas y maestros. Este pasaje también muestra que la profecía era un ministerio activo en la iglesia del Nuevo Testamento, formada tanto por judíos como por gentiles (ve también Hch. 2: 17-18; 1 Co. 14:1; Ef. 4:11-12).

Hechos 11

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La geografía de Hechos 11

La cuestión sobre los gentiles

 

La defensa de Pedro aceptada en la iglesia de Jerusalén

 1. Oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. 

2.   Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, 

3.      diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos? 

4.      Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido, diciendo: 

5.      Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión; algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí. 

6.      Cuando fijé en él los ojos, consideré y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo. 

7.      Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come. 

8.      Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca. 

9.      Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. 

10.  Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado arriba al cielo. 

11.  Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea. 

12.  Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón, 

13.  quien nos contó cómo había visto en su casa un ángel, que se puso en pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro; 

14.  él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa. 

15.  Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. 

16.  Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. 

17.  Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? 

18.  Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! 

Pedro era miembro de la iglesia de cristianos judíos en Jerusalén. Cuando regresó a Jerusalén después de pasar un buen tiempo con los gentiles en Cesarea, surgió una discusión desagradable. Él se había estado regocijando en la voluntad de Dios y en la libertad del Espíritu Santo, pero al volver se encontró con celos religiosos y opiniones carnales. En el capítulo 15, veremos que este mismo problema vuelve a aparecer otra vez por medio del ministerio de Pablo y Bernabé.

El libro de los Hechos es como un génesis para la iglesia. En él aprendemos cosas que después se repiten a largo de su historia. Pedro, y más tarde Pablo y Bernabé, empezaron a caminar en un movimiento puro y fresco que el Espíritu Santo les abrió. Había cierta inocencia en ellos, porque nunca pensaron que lo que estaban viviendo pudiera molestar a otros compañeros creyentes. Creían que todos los cristianos se regocijarían con ellos por el nuevo terreno ganado por la causa de Cristo. Sin embargo, dentro de la iglesia surgió oposición, parecida a la resistencia que los fariseos y saduceos mostraron en el tiempo de Cristo.