El plan mayor para Pedro

Lo que Dios ha limpiado, no es común
1. Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio,
centurión de la compañía llamada la Italiana,
2. piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y
que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a
Dios siempre.
3. Éste vio
claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios
entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio.
4. Él,
mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus
oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios.
5. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a
Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro.
6. Éste posa
en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo
que es necesario que hagas.
7. Ido el ángel que hablaba con
Cornelio, este llamó a dos de sus criados, y a un devoto soldado de los que le
asistían;
8. a los cuales envió a Jope, después de haberles
contado todo.
Un
paralítico fue sanado en Lida, Dorcas resucitó en Jope y mucha gente se
convirtió al Señor a causa de estos milagros. Cualquiera podría pensar que el
viaje de Pedro desde Jerusalén hacia esas dos ciudades había sido un éxito
total y que la voluntad del Señor se había cumplido plenamente. Pero no fue así.
El propósito principal de Dios en el viaje de Pedro todavía no se había cumplido.
Desde el principio, Dios tenía en mente a Cesarea y a un centurión romano. Hay
algo que aprender de este caso: la voluntad de Dios no siempre se cumple por completo solo porque vemos
milagros y resultados visibles ante nuestros ojos. Hay obreros del Señor que pueden hablar de
muchos años de ministerio con bastantes resultados, antes de llegar a cumplir el propósito central para el cual
fueron llamados.
Hemos llegado a un punto muy importante en el relato de Lucas sobre el
avance del evangelio. Poco a poco, el mensaje se fue extendiendo
desde la formación de la primera iglesia en Jerusalén. Luego vemos cómo alcanzó
también a Judea y Samaria. Los
samaritanos, mestizos y despreciados por los judíos, recibieron el evangelio.
También lo recibió un etíope, prosélito de la fe judía. La siguiente historia trata de la conversión, la preparación y el
comienzo del ministerio de Saulo de Tarso, quien fue llamado por Dios para ser
apóstol a los gentiles.
Sin embargo, el primer gran avance del evangelio hacia los gentiles no lo
realizó Pablo, sino Pedro. Él era la persona en quien los cristianos judíos de
Jerusalén confiaban, y quien mejor podía contar a la iglesia central su
experiencia entre los gentiles. Por medio de Pedro quedaría claro que era la
voluntad del Señor alcanzar también al pueblo no judío. Este
acontecimiento marcaría el principio de la misión de predicar el evangelio a
todo el mundo. Más adelante, Pablo desarrollaría el propósito eterno de Dios y la doctrina sobre este gran paso. ¡El tiempo de los gentiles ha
llegado!
A las tres de la tarde, el centurión recibió una visión de un ángel. Ya que
llegamos a este tema, quiero compartir
algo que he observado acerca de los ángeles y su participación en relación con
las oraciones de las personas. ¿Te acuerdas cuando Jesús habló a Natanael de un cielo abierto y “los
ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre?” (Jn.
1:51). Jesús estaba hablando de cosas
aún mayores que Natanael
viviría, cosas que ocurrirían a través de la oración (Jn. 1:50). Jesús hacía referencia al sueño de Jacob, en el que
vio una escalera que llegaba hasta el cielo, y a los ángeles de Dios que
primero ascendían y luego descendían por ella. Con
esta imagen, Jesús
enseñó que Él mismo es la escalera por la que los ángeles ascienden con las
oraciones para ser recibidas ante el trono del Padre en Su nombre, y después
descienden con la respuesta.
Daniel tuvo más de una experiencia con ángeles, pero uno de los mejores
ejemplos sobre el tema se encuentra en el capítulo 10, cuando Daniel ayunó y
oró durante tres semanas. Al finalizar ese tiempo, vio una visión: una mano lo tocó y escuchó una voz que le dijo que había sido enviado desde
el inicio de su oración. Sin embargo, su llegada a
Daniel fue retrasada por “el príncipe del reino de Persia”, un príncipe
diabólico. Pero Miguel, el príncipe angélico que guarda poderosamente al pueblo
de Israel, intervino para ayudarle a alcanzar a Daniel, tardando 21 días en llegar. El pasaje nos enseña
muchas cosas sobre la actividad espiritual relacionada con la oración, aunque
apenas estamos señalando los detalles generales de este relato. La
oración activa la actividad espiritual: Dios envía ángeles para responder a
nuestras peticiones, pero puede existir oposición diabólica que intente impedir
que se cumpla Su propósito.
La visión de Pedro
10. Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras
le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis;
11. y vio el cielo abierto, y que descendía algo
semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la
tierra;
12. en el cual había de todos los cuadrúpedos
terrestres y reptiles y aves del cielo.
13. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y
come.
14. Entonces Pedro dijo: Señor, no;
porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás.
15. Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios
limpió, no lo llames tú común.
16. Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser
recogido en el cielo.
17. Y mientras Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre lo
que significaría la visión que había visto, he aquí los hombres que habían sido
enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a
la puerta.
18. Y llamando, preguntaron si moraba allí un Simón
que tenía por sobrenombre Pedro.
19. Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo
el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan.
20. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con
ellos, porque yo los he enviado.
21. Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los
hombres que fueron enviados por Cornelio, les dijo: He aquí, yo soy
el que buscáis; ¿cuál es la causa por la que habéis venido?
22. Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón
justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los
judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa
para oír tus palabras.
Después de
haber caminado o montado a caballo durante muchas horas en México, me interesa
conocer el itinerario de estos hombres desde Cesarea hasta Jope y de regreso. Si al lector no le interesa, con
libertad puede pasar por alto estos
dos párrafos, sin embargo, el viaje está bien documentado en el
texto. El
ángel visitó a Cornelio alrededor de las tres de la tarde (v. 3) y después indicó a los tres hombres el viaje de 50 km que debían
realizar hasta Jope. Esa misma tarde comenzaron su recorrido (v. 8). Al día
siguiente, poco después del mediodía y después de que Pedro tuvo su visión,
llegaron finalmente a la casa de Simón el curtidor (vs. 9, 17).
Pienso que
llegaron bastante rápido y, siendo romanos, probablemente viajaron a caballo. Los romanos disponían de muchos,
como nos dice el capítulo 23:23-24, cuando
el comandante en Jerusalén envió a 70 hombres a caballo junto con Pablo, quien
también iba montado, rumbo a Cesarea. Esa noche, los tres fueron hospedados en
la casa del curtidor (v. 23). Al día siguiente, Pedro y algunos cristianos de
Jope los acompañaron, y al siguiente día ya llegaron a Cesarea (v. 24).
Sin
embargo, debemos regresar a la historia al mediodía, cuando los tres hombres de
Cesarea estaban por llegar a Jope. En ese momento, Pedro tuvo una visión que lo
preparaba para lo que estaba por suceder. El Señor utiliza las circunstancias
para ayudar a las personas a entender Su voluntad. Pedro tenía mucha hambre
mientras esperaba la comida, y de repente le sobrevino un éxtasis. Debo
recordar al lector que estamos estudiando un libro modelo de cómo obra Dios en la iglesia. Los éxtasis no se limitaron al tiempo
de los apóstoles; han continuado a lo largo de toda la historia de la iglesia,
especialmente en épocas de avivamiento, pero por ahora no entraré en ejemplos
específicos (v. 10).
Observa que lo
que sucedió a continuación: Pedro vio un cielo abierto, y algo que parecía un
gran lienzo bajó hasta donde él estaba (v. 11). En él había animales, reptiles y aves de toda
clase que, según el Antiguo Testamento, se consideraban inmundos (v. 12,
fíjate en Lev. 11). Una voz le ordenó:
“Mata y come” (v. 13) y, aunque Pedro tenía mucha hambre, sus convicciones
religiosas eran fuertes y se resistió, considerando el mandato como una
tentación (v. 14).
Aunque esta
lección visual enseñó a Pedro, principalmente, sobre la aceptación de los
gentiles por parte de Dios, también tenía otra enseñanza: el Nuevo Testamento
no prohíbe ciertos alimentos. Santiago enseña que “Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él
tienta a nadie” (Stg. 1:13). Recuerda que las criaturas descienden del
cielo y Dios no tienta a los hombres con cosas malas. Las prohibiciones alimentarias del Antiguo Testamento no
eran morales, sino simbólicas, y servían para ilustrar la presencia de la
malignidad espiritual.
En Marcos 7:14-23, Jesús ya había enseñado sobre
este tema, preguntando a Sus discípulos si aún no comprendían: “¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en
el hombre, no le puede contaminar, porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y
sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos”. Son las personas religiosas,
sin entendimiento espiritual, quienes se enfocan en prácticas externas y
físicas, como las relacionadas con la comida, considerándolas esenciales. Pablo
enseñó claramente que “el reino de Dios no es comida ni bebida, sino
justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”
(Ro. 14:17).

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