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Lowell Brueckner

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Convicciones sobre la cosecha

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U
n joven se encontraba en un campo de maíz con algunos obreros más. Cada uno tenía un saco sobre sus hombros y andaba recogiendo, una por una, las mazorcas entre el maíz, y ejándolas en sacos.

 Pasado algún tiempo, escucharon el ruido de un poderoso motor. Al girarse, vieron una gran cosechadora en el campo, cargando y tragando filas enteras de maíz. El conductor, al pasar, hizo un condescendiente gesto con su cabeza hacia los humildes trabajadores. Ellos, por su parte, inclinaron sus cabezas avergonzados al ver que, a pesar de los esfuerzos realizados, sus resultados eran insignificantes.

Mientras la cosechadora daba varias vueltas al campo, el tiempo cambió drásticamente. Un viento del norte empezó a soplar. El aire se hacía cada vez más frío y, los trabajadores, para poderse calentar mejor, caminaban y recogían el maíz con más rapidez. La nieve empezaba a caer con más y más fuerza, hasta alcanzar una altura de unos cinco centímetros. Entonces, pudieron ver como bajo la ancha huella de la cosechadora, las cañas de maíz y las mazorcas estaban dañadas. 

La tormenta empeoró, y mientras los trabajadores seguían haciendo fielmente su trabajo en medio del maizal, vieron la gran cosechadora atascada en la nieve, sin poder moverse. En ese momento, levantaron sus ojos y pudieron ver a miles de trabajadores por todo el campo, cada uno con su saco. En algunos lugares había fogatas. De vez en cuando varios obreros se acercaban allí para conversar y calentarse; después, regresaban de nuevo a recoger la cosecha, mazorca tras mazorca…

14 – 20 Junio Meditaciones diarias de los Salmos

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 14 de Junio Salmo 50:16-23

16. Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, y que tomar mi
     pacto en tu boca?
17. Pues tú aborreces la corrección, y echas a tu espalda mis palabras.
18. Si veías al ladrón, tú corrías con él, y con los adúlteros era tu parte.
19. Tu boca metías en mal, y tu lengua componía engaño.
20. Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano; contra el hijo de tu madre
     ponías infamia.
21. Estas cosas hiciste, y yo he callado; pensabas que de cierto sería yo como tú;
     pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos.
22. Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios, no sea que os despedace,
     y no haya quien os libre.
23. El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré
     la salvación de Dios.

  Dios habla desde Sion a los malos, específicamente a los hipócritas. Ellos hablan
de leyes y discuten acerca de Su pacto, pero con sus obras le niegan. El Salmo
está dirigido a los predicadores que hablan con fervor, pero su vida produce un
fruto corrupto. Roban de Dios Su gloria y se juntan con ladrones para robar a
la gente. Cometen adulterio, engañan y difaman, siendo aún peores que aquellos
a los que están predicando. Esto puede aplicarse fácilmente a muchos predicadores
de hoy en día.
  Tienen un concepto de Dios basado en sus propias imaginaciones. Piensan que
Dios es como ellos. De esta manera, pueden justificar sus acciones impiadosas,
pensando que Dios les entiende. No, el Dios verdadero no quedará callado, sino
que reprenderá y pondrá las cosas en orden. Ésta es una amonestación severa,
pero aun así, da oportunidad para el arrepentimiento. Si no se arrepienten, Él les
hará pedazos y ningún poder en la tierra podrá arreglar el daño.
  Aprende esta lección si quieres proclamar Sus leyes y Su pacto. La alabanza
pertenece a Dios y Su salvación pertenece a aquel que esté dispuesto a ajustar su
vida a Él. Una versión traduce así el versículo 23: “...al que ordene su camino al
camino que yo le mostraré”. En otras palabras, tenemos que ajustar nuestra vida
de acuerdo al camino de Dios. Muchos caen en el error de pensar que pueden
servirle en su propia manera.

Una llanura, una ciudad y un nombre

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El libro de los Hechos nos enseña, principalmente, dos cosas. Una se trata de lo que es el plan de Dios para esta época, "el tiempo de los gentiles". Los profetas del Antiguo Testamento profetizaron que Dios abriría la puerta para que el evangelio fuese predicado en todas las naciones. Comenzó en el tiempo del libro de los Hechos y ha estado realizándose por casi 2.000 años. 

La segunda cosa que nos enseña es el modo por el cual se llevaría a cabo, que es por la dirección y el poder del Espíritu Santo. Pero tristemente, en este siglo, es la parte que más ha faltado en la obra misionera. No así el personal ni la disposición para trabajar en el plan. Con capacidades y recursos humanos a disposición de la iglesia, como no ha habido en toda su historia, la iglesia gentil ha pensando que con la preparación y el desarrollo de capacidades humanas, podría terminar la gran obra. Pero ha sido un error. Siendo así, pocos saben lo que es andar en el Espíritu, bajo Su guianza y el poder de lo alto. 

Lo que pasó en Babel está repitiéndose hoy. Los cristianos buscan el lugar apropiado, utilizando materiales que ellos mismos puedan usar de manera  fácil y práctica, como es el ladrillo. Entonces, como la obra es hecha por el hombre, también se hace para el hombre, poniendo sobre ella una bandera y un nombre, además del nombre de Cristo. Es tiempo de volver a la “gran comisión” y a la manera correcta de llevarla a cabo, como vemos en el libro de los Hechos. Esto requiere una revolución tremenda de las motivaciones y la mentalidad entre los cristianos. 

7 – 13 de junio Meditaciones diarias de los Salmos

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7 de Junio Salmo 48:8-11

8. Como los oímos, así lo hemos visto en la ciudad de Jehová de los ejércitos,
     en la ciudad de nuestro Dios; la afirmará Dios para siempre.
9. Nos acordamos de tu misericordia, oh Dios, en medio de tu templo.
10. Conforme a tu nombre, oh Dios, así es tu loor hasta los fines de la tierra; de
     justicia está llena tu diestra.
11. Se alegrará el monte de Sion; se gozarán las hijas de Judá por tus juicios.

  En la ciudad de Dios, el oír produce la fe y la fe engendra la experiencia. En
el Salmo 45 hemos leído: “En lugar de tus padres serán tus hijos”. El cuidado
que tuvieron nuestros antepasados espirituales en contarnos las maravillas del
Señor en sus días, nos hace anhelar la misma realidad para nuestra generación.
¡Que el Señor nos conceda poder experimentar lo que hemos oído! Su palabra
permanece para siempre en los cielos y Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por
los siglos. Lo que fue, es y siempre será. La heredad sigue al alcance de los hijos
de un Dios inmutable. Sus intenciones hacia nosotros son buenas, y no quitará
el bien a los que andan en integridad.
  Lo que más anhelamos es que suceda algo digno del nombre de Dios y provoque
alabanzas desde los rincones más recónditos de la tierra. Todos los atributos
gloriosos del Señor deben ser manifestados y experimentados en esta generación.
Hemos oído de Su nombre, ahora queremos ver Su misericordia y Su justicia.
Los que son ciudadanos de Sion, nacidos dentro de sus muros, se regocijan por
los justos juicios de Dios. La justicia es una de las piedras fundamentales de Su
reino, juntamente con la paz y el gozo. Por medio de ella, Dios es exaltado en la
tierra.

De ladrillos y piedras

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Cuando alguien vive solamente para Dios, ama a la gente y quiere que tenga lo mejor de Él, el idealismo puede llegar a convertirse en un obstáculo. Tenemos un video sobre el ministerio de Robert Sheffey. Él se concentró en los campamentos, que fueron muy usados por Dios, siendo los precursores de los campamentos familiares de hoy. Cerca del final de su vida reconoció que era pecado demandar la continuación de sus campamentos si las personas, en general, los rechazaban. Si Dios no obliga a Su pueblo a hacer Su voluntad a la fuerza, ciertamente nosotros tampoco debemos hacerlo. “Los dejé… caminaron en sus propios consejos” (Sal.81:12).

De todos modos, es difícil no perder el sueño y vencer la tristeza de corazón, cuando Dios nos ha permitido saborear lo mismo que ellos rechazan. “¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo… les sustentaría con lo mejor del trigo!” (v.13,16). Pablo aconsejó en Filipenses 1:10: “Para que aprobéis lo mejor (y una versión amplia…y aprecia lo que es excelente y de verdadero valor – reconociendo lo más alto y lo que es vital)”. Muchos cristianos de hoy en día se sienten satisfechos con mucho menos que lo mejor de Dios.