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Lowell Brueckner

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Hechos 12

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Rode corre a anunciar que Pedro está

Herodes Agripa contra la iglesia


Jacobo es asesinado y Pedro encarcelado

1. En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. 

      2.  Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. 

     3. Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Eran entonces los días de los panes sin levadura. 

4.      Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la pascua. 

5.      Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. 

 En los Evangelios y en el libro de los Hechos aparecen varios reyes llamados Herodes, por lo que es importante distinguirlos. En Hechos 12 se habla de Herodes Agripa. Este era nieto de Herodes el Grande, quien recibió a los magos y ordenó la matanza de los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores. Herodes Agripa también era sobrino de Herodes Antipas, quien mandó decapitar a Juan el Bautista. Además, era hermano de Herodías, primeramente esposa de Felipe y después tomada ilegítimamente por Antipas. Finalmente, Herodes Agripa fue padre de otro Agripa, ante quien el apóstol Pablo presentó su defensa en Cesarea.

 Al identificar a este rey, podemos ver la crueldad e impiedad que caracterizaban a esta familia. La profecía de David en Salmos 2 se aplica, específicamente, a dos de los hombres que participaron en el juicio injusto de Cristo: Poncio Pilato y Herodes Antipas, quien, como ya se ha mencionado, mandó matar a Juan el Bautista. Los discípulos identificaron a ambos cuando oraban según la voluntad de Dios conforme a Su palabra en Hechos 4:Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato” (Hch. 4:27), y añadiendo: “con los gentiles y el pueblo de Israel”. Así, tanto los gobernantes como el pueblo participaron en la oposición a Dios: los líderes, Herodes y Pilato, junto con los gentiles (representados por los soldados romanos) y el pueblo de Israel, se unieron contra la Palabra y la voluntad de Dios.

 Sin embargo, Herodes Agripa también cumplió la profecía de David en el Salmo 2, al estar entre aquellos que se encontraban “unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas” (Sal. 2:2-3). Su aparición en la historia ocurre más tarde, cuando “echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles”, y maltratar a la iglesia es, en realidad, maltratar al Señor y a su Ungido (v. 1). En ese contexto, mandó matar a Jacobo, hermano de Juan, convirtiéndose así en el primero de los apóstoles en glorificar a Cristo mediante su muerte (ver Fil. 1:20). Según se cree, fue ejecutado a espada. Jacobo y Juan habían sido llamados por Jesús mientras estaban con su padre en la barca, remendando sus redes (Mt. 4:21). Además, Jacobo fue uno de los tres discípulos más cercanos al Señor, quien a menudo fue separado por Él para observar  Sus obras de forma más cercana. Estaba tan convencido de la verdad del evangelio que estuvo dispuesto para dar su vida por ello (v. 2).

Hechos 14

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Pablo y Bernabé en Iconio

1.     Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal        manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos. 

   2.  Mas los judíos que no creían excitaron y corrompieron los ánimos de los gentiles contra los hermanos. 

3.   Por tanto, se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios. 

4.     la gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los judíos, y otros con los apóstoles. 

5.   Pero cuando los judíos y los gentiles, juntamente con sus gobernantes, se lanzaron a afrentarlos y apedrearlos, 

6.  habiéndolo sabido, huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y a toda la región circunvecina, 

7.     y allí predicaban el evangelio. 

 Ya en el capítulo 13, versículo 51, Lucas nos relató que Pablo y Bernabé se dirigieron a Iconio. Es probable que viajaran por la calzada romana conocida como la Via Sebaste. Al llegar a la ciudad, entraron en la sinagoga judía, posiblemente en sábado y, como había ocurrido en Antioquía, los líderes de la sinagoga les dieron la oportunidad de hablar. Aparentemente, tanto Pablo como Bernabé participaron de la exposición. El relato nos hace tomar en cuenta estas cuatro palabas… hablaron de tal manera… sugiriendo que hablaron con una capacidad divina que penetró en los corazones de judíos y prosélitos. En el libro de Hechos, vemos que los predicadores hablaban bajo la unción del Espíritu Santo y, como resultado, una gran multitud de los que estaban en la sinagoga creyeron (v. 1).

 Los judíos quedaron divididos. Algunos, junto con varios gentiles, escucharon el mensaje con los oídos del corazón y recibieron fe. Otros, en cambio, se resistieron y permanecieron en su incredulidad. Nadie permaneció neutral; cuando se proclama el evangelio con el poder de Dios, las personas se ven obligadas a tomar una decisión. Los incrédulos organizaron una fuerte oposición contra Pablo y Bernabé que produjo un veneno diabólico en la mente de la población no judaica (v. 2).

 Los apóstoles no se dejaron intimidar por la oposición. Por el contrario, permanecieron allí durante mucho tiempo, proclamando con valentía el mensaje del Señor y defendiendo la verdad frente a las mentiras del enemigo. Tal como se afirma en el último versículo del Evangelio de Marcos, era el Señor quien confirmaba la veracidad de su mensaje, dando a Pablo y a Bernabé un poder sobrenatural, obrando por medio de ellos con señales celestiales y milagros asombrosos (v.3): “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén” (Mc. 16:20). Jesús hizo saber: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada” (Mt. 10:34). Dijo que el resultado será: “Los enemigos del hombre serán los de su casa” (Mt. 10:36 citando Mi. 7:6). La espada aguda del Señor siempre traerá división (v. 4).