Pablo y Bernabé en Iconio
1. Aconteció en Iconio que entraron
juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una
gran multitud de judíos, y asimismo de griegos.
2. Mas los judíos que no creían excitaron y
corrompieron los ánimos de los gentiles contra los hermanos.
3. Por tanto, se detuvieron allí mucho
tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a
la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos
señales y prodigios.
4. la gente de la ciudad estaba dividida: unos
estaban con los judíos, y otros con los apóstoles.
5. Pero cuando los judíos y los gentiles,
juntamente con sus gobernantes, se lanzaron a afrentarlos y apedrearlos,
6. habiéndolo sabido, huyeron a Listra y Derbe,
ciudades de Licaonia, y a toda la región circunvecina,
7. y allí predicaban el evangelio.
Ya en el capítulo 13, versículo 51, Lucas nos relató que Pablo y Bernabé se
dirigieron a Iconio. Es probable que viajaran por la calzada romana conocida
como la Via Sebaste. Al
llegar a la ciudad, entraron en la sinagoga judía, posiblemente en sábado y,
como había ocurrido en Antioquía, los líderes de la sinagoga les dieron la
oportunidad de hablar. Aparentemente, tanto Pablo como Bernabé participaron de la exposición. El
relato nos hace tomar en cuenta estas cuatro palabas… hablaron de tal manera…
sugiriendo que hablaron con una capacidad divina que penetró en los corazones
de judíos y prosélitos. En el libro de Hechos, vemos que los predicadores hablaban
bajo la unción del Espíritu Santo y, como resultado, una gran multitud de los
que estaban en la sinagoga creyeron (v. 1).
Los
judíos quedaron divididos. Algunos, junto con varios gentiles, escucharon el
mensaje con los oídos del corazón y recibieron fe. Otros, en cambio, se resistieron
y permanecieron en su incredulidad. Nadie permaneció neutral; cuando se proclama el evangelio con el poder
de Dios, las personas se ven obligadas a tomar una decisión. Los incrédulos organizaron una fuerte oposición
contra Pablo y Bernabé que produjo un veneno diabólico en la mente de la
población no judaica (v. 2).
Los
apóstoles no se dejaron intimidar por la oposición. Por el contrario,
permanecieron allí durante mucho tiempo, proclamando con valentía el mensaje
del Señor y defendiendo la verdad frente a las mentiras del enemigo. Tal como se afirma en el último versículo del Evangelio
de Marcos, era
el Señor quien confirmaba la veracidad de su mensaje, dando a Pablo y a Bernabé
un poder sobrenatural, obrando por medio de ellos con señales celestiales y
milagros asombrosos (v.3): “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes,
ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían.
Amén” (Mc. 16:20). Jesús hizo saber: “No penséis que he venido para
traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada” (Mt.
10:34). Dijo que el resultado será: “Los enemigos del hombre serán los de su
casa” (Mt. 10:36 citando Mi. 7:6). La espada aguda del Señor siempre traerá
división (v. 4).
Aquellos
que normalmente mantienen enemistad entre sí, como los judíos y los gentiles,
llegaron a unir fuerzas para oponerse al evangelio. En Iconio no solo
resistieron el ministerio de Pablo y Bernabé, sino que también se levantaron
violentamente contra ellos, llegando a planear su apedreamiento. Incluso las
autoridades de la ciudad respaldaron esta oposición (v. 5). Cuando los discípulos tuvieron conocimiento de aquel complot, partieron
hacia Listra y Derbe.
Aunque tuvieron que
abandonar Iconio, el evangelio ya había sido proclamado allí, así como en
Antioquía. De hecho, la violencia promovida por los opositores terminó
contribuyendo a la expansión del mensaje, pues impulsó a los apóstoles a llevar
las buenas nuevas a otros lugares donde más personas podrían escucharlas (v.
6). La predicación es un
asunto de vida y muerte. Por
ello, conforme al propósito de Dios, la obra avanzó rápidamente y el mensaje
continuó extendiéndose por toda la región. Al llegar a Listra y Derbe, los
apóstoles siguieron predicando el evangelio (v. 7).
Pablo y Bernabe adorados en Listra
8. Y cierto hombre de Listra estaba sentado,
imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que
jamás había
andado.
9. Éste oyó
hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser
sanado,
10. dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus
pies. Y él saltó, y anduvo.
11. Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho,
alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres
han descendido a nosotros.
12. Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a
Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra.
13. Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba
frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y
juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios.
14. Cuando lo oyeron los apóstoles
Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando
voces
15. y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto?
Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de
estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el
mar, y todo lo que en ellos hay.
16. En las edades pasadas él ha dejado a todas las
gentes andar en sus propios caminos;
17. si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio,
haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de
sustento y de alegría nuestros corazones.
18. Y diciendo estas cosas, difícilmente
lograron impedir que la multitud les ofreciese sacrificio.
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| Listra inscripcion a Augusto |
Listra se encontraba aproximadamente a 30 kilómetros al sur de Iconio y constituyó
la siguiente etapa de este primer
viaje misionero de los apóstoles. Estaba situada en la región de Licaonia, una zona de clima seco que formaba
parte de una provincia organizada durante el gobierno del emperador Augusto.
Más adelante en el libro de Hechos descubrimos que Timoteo era de esta ciudad. Pablo no solo se preocupaba de llevar el evangelio a las
ciudades principales, sino también a las regiones circundantes. En Romanos
15:18-23, Pablo primeramente relata el éxito de su ministerio en el Espíritu
Santo “con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de
Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo
lo he llenado del evangelio
de Cristo”. Después, expone
un importante principio espiritual en 15:21, sobre alcanzar a los no alcanzados, para que quienes nunca habían oído de Él
tuvieran la oportunidad de hacerlo. Por esta razón, cuando consideró que el
evangelio ya había sido proclamado ampliamente en las regiones donde había
trabajado, incluyendo el área de Corinto, declaró en el versículo 23: “No teniendo más
campo en estas regiones”. Ahora se sentía libre para visitar a
los que habían sido alcanzados en Roma. Pablo había seguido este mismo modelo en Asia Menor. Según Hechos 19:10, su ministerio en Éfeso
tuvo tal impacto que “todos
los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús”.
Pablo estaba comprometido con la misión sobrenatural de edificar una
iglesia sobrenatural, y por ello su evangelismo también era sobrenatural. Además, estaba dotado de discernimiento espiritual y pudo comprender
lo que Dios estaba obrando en la vida de aquel hombre (v. 8). Dios le
concedió “oídos del corazón" para escuchar la palabra
predicada, y al oírla recibió fe. Pablo reconoció que esa fe había sido
dada por Dios al hombre (v. 9). Aunque cuando Dios sana siempre está motivado
por la compasión, Él también realiza milagros y hace maravillas para extender
el evangelio en el mundo.
Era
necesario que Pablo participara activamente en esta sanidad, pues Dios estaba confirmando
que él era Su mensajero en Listra. Cuando Pablo ordenó en voz alta al hombre que se pusiera de pie, no lo hizo
basándose en una simple suposición de que Dios sana en todos los casos. Él
había discernido que Dios estaba obrando de manera particular en la vida de
aquel hombre, y por
eso no tuvo miedo de ordenarle públicamente que se pusiera de pie, porque
estaba seguro de que el Señor le sanaría. “Él saltó, y anduvo” (v. 10).
La
reacción de la multitud fue inmediata, pero equivocada. Al no haber una obra
previa del Espíritu Santo que preparara sus corazones, la población interpretó el hecho según su falsa religión grecoromana, incluso
observando un milagro del cielo. En lugar de verlo como una manifestación del
Creador, quien hizo el cielo y la tierra, vieron a sus dioses descendiendo en
forma humana. Su respuesta, expresada en
su propio idioma y conforme a sus creencias religiosas, revela una
interpretación puramente humana, nacida de sus tradiciones y no de una
revelación divina (v. 11). Un milagro, cuando no van acompañado por la iluminación del Espíritu Santo y la
enseñanza de la Palabra de Dios, las personas tienden a interpretar las obras
divinas según sus creencias previas.
Zeus era el nombre griego del principal dios del panteón
romano, conocido por los romanos como Júpiter. Hermes, por su parte, era el
equivalente griego de Mercurio, considerado el mensajero de los dioses y
reconocido por su elocuencia y rapidez. Los habitantes de Listra poseían
antiguas leyendas relacionadas con visitas de dioses en forma humana. Por ello,
al presenciar el milagro realizado por medio de Pablo, interpretaron lo
sucedido a la luz de sus creencias tradicionales. Sus mentes, aún influenciadas
por la idolatría, recurrieron a aquellas antiguas fábulas para explicar lo que
habían visto. Así llegaron a la conclusión de que Bernabé era Zeus (Júpiter) y
que Pablo era Hermes (Mercurio), porque era quien dirigía la palabra y hablaba
al pueblo (v. 12). No debemos atribuir esta reacción a una deficiencia en la
predicación de Pablo. Más bien, revela la profunda ceguera espiritual de la
naturaleza humana caída.
El
resultado, como veremos, fue semejante al caso de Esteban. La multitud apedreó
a ambos, aunque por razones religiosas diferentes. En el caso de Esteban, los
atacantes fueron judíos; en el caso de Pablo, fueron paganos. Sin embargo,
tanto unos como otros estaban perdidos en el engaño de sus propias creencias
religiosas. En Listra, la población era guiada por líderes espiritualmente
ciegos, especialmente por el sacerdote de Júpiter, cuyo templo se encontraba en
un lugar destacado frente a la ciudad. Este sacerdote asumió la dirección de
los actos religiosos que exigía su paganismo. Junto con la gente, se dispuso a
rendir homenaje y ofrecer sacrificios a Pablo y Bernabé, considerándolos
manifestaciones de los dioses (v. 13).
Cuando los apóstoles comprendieron lo que estaba
ocurriendo, reaccionaron de manera inmediata y visible. Rasgaron sus ropas, una
expresión de profunda indignación y dolor, y se lanzaron entre la multitud para
oponerse públicamente a aquella acción equivocada. Puesto que la reacción del
pueblo era falsa, consideraron que tenían el deber de corregir el error, así
como habían tenido el deber de anunciar la verdad. No creían que bastara
simplemente con proclamar el mensaje y dejar sin respuesta las interpretaciones
erróneas, un principio que tampoco será válido para el siglo
XXI. Por el contrario, entendían que era necesario
confrontar el engaño cuando este surgía. La escena que Lucas pone
delante de nosotros, inspirado por el Espíritu Santo, demuestra una fuerte
acción negativa. Pablo y Bernabe no permanecieron callados, tolerando una
acción satánica, sino que defendieron el sentido del milagro que había sido hecho
por medio de sus manos (v. 14).
Pablo
y Bernabé se abrieron paso entre la multitud para desafiar una reacción nacida
de generaciones de superstición y falsa religión. No solo rechazaron el intento
de adorarlos en aquel momento, sino que también confrontaron las creencias
erróneas que habían llevado al pueblo a actuar de esa manera. Por eso clamaron: “Varones,
¿por qué hacéis esto?” “¿Cómo pudisteis caer tan lejos de Dios y
Su verdad? Hay solamente una encarnación legítima, y fue obtenida por el eterno
Hijo de Dios hecho carne”. Después de denunciar el error, aclararon la verdad acerca de sí mismos: “Somos de la misma naturaleza humana
caída, justamente pobres pecadores como vosotros. Sin embargo, Dios nos ha
transformado, nos ha puesto en Su Reino y nos ha llamado a predicar el
arrepentimiento”. “Os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al
Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay”. Todo verdadero predicador del evangelio está
llamado a hacer lo mismo, porque nadie está verdaderamente preparado para
recibir el evangelio sin antes ser confrontado con la necesidad del
arrepentimiento. Cualquier
persona que piense que solamente tiene un llamado a predicar cosas positivas,
está bajo un engaño inmenso. Por ello, este pasaje debe ser considerado como una clara evidencia de que
la proclamación del evangelio incluye tanto la presentación de la verdad como
la corrección de las falsas creencias (v. 15).
¿Qué ha cambiado para que ya no sea permitido que las naciones paganas anden en sus propios caminos? La respuesta es la predicación del evangelio,
las buenas nuevas que se anuncian después de un llamado al arrepentimiento,
mostrando que la humanidad es pecadora y está bajo la condenación eterna (v.
16). Sin embargo, antes de
que el evangelio les alcanzara, Dios ya les había dado testimonio de sí mismo a través de la creación. El buen Dios les había dado abundantes
lluvias (un tema impresionante para estas gentes que vivían en una tierra
árida) y grandes cosechas; razones para gozarse y celebrar (v. 17).
Con
este argumento, presentado por alguien a quien ellos mismos consideraban un
dios, Pablo logró detener sus actos de idolatría. Es importante tener cuidado
de no interpretar la reacción de la multitud como algo inspirado por Dios para
validar el mensaje. Más adelante, en Hechos 16, veremos un caso similar, cuando
una joven con espíritu de adivinación, poseída por un demonio, hablaba a favor
de Pablo y Silas (v. 18).
Pablo apedreado y dejado por muerto
19. Entonces vinieron unos judíos de
Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a
Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto.
20. Pero rodeándole los discípulos, se
levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para
Derbe.
21. Y después de anunciar el evangelio a
aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a
Antioquía,
22. confirmando los ánimos de los discípulos,
exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a
través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.
23. Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y
habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían
creído.
Listra era una ciudad profundamente pagana e idó atra. Sin embargo, fue necesario un celo religioso
más sofisticado, como el de los judíos, para sacar a la luz el potencial de su naturaleza homicida. Para
que consideraran a Pablo un enemigo de su religion, bastó con que rechazara su interpretación de los
hechos y desmintiera la idea de que Júpiter y Mercurio se hubieran manifestado entre ellos. A esto se
sumó la influencia de los judíos que habían venido desde Iconio y Antioquía. Entonces lo apedrearon,
lo arrastraron fuera de la ciudad y lo dejaron por muerto (v. 19).
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| Porto moderno de Atalia |
Un milagro ocurrió mientras los creyentes rodeaban a Pablo. Contra toda expectativa humana, él se levantó y entró con ellos en la
ciudad.
Quizás quieras hacer un estudio de las revelaciones y milagros que Pablo experimentó
en Hechos 9:3,12; 16:9; 18:9-10; 22:17; 23:11; 27:23; 2 Corintios 12:1-7 y
Efesios 3:1-6. Después, Pablo partió con Bernabé a Derbe, antes de que el
pueblo pudiera levantar otra teoría al oír que fue restaurado milagrosamente
después de haber sido apedreado (v. 20).
Derbe
recibió el evangelio con mayor receptividad, produciéndose muchas conversiones.
Sin embargo, las dificultades sufridas en Listra, Iconio y Antioquía no
impidieron que Pablo y Bernabé regresaran y pasaran nuevamente por estas
ciudades (v. 21). Había creyentes en estas tres ciudades que necesitaban
especialmente la siguiente palabra de los apóstoles: “Es necesario que a
través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (v. 22).
Estas iglesias también necesitaban el regreso de Pablo y Bernabé para
establecer el liderazgo entre ellos. Pasaron tiempo ayunando y orando a Dios,
en comunión con Él, para saber el futuro de sus iglesias. Los nuevos discípulos
pusieron su fe totalmente en Él. ¿Hay algo mejor que hubieran podido hacer los
apóstoles que orar? Las iglesias quedaron establecidas como
comunidades locales, completamente dependientes del Señor para su dirección y
cuidado futuro. Las
iglesias establecidas de esta manera tenían un destino seguro. ¿Quién mejor para guardarles
que el Señor? “Los encomendaron al Señor en quien habían creído” (v.
23).
Pablo y Bernabe regresan a
Antioquía en Siria
24. Pasando luego por Pisidia, vinieron a
Panfilia.
25. Y habiendo predicado la palabra en Perge,
descendieron a Atalia.
26. De allí navegaron a Antioquía,
desde donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que
habían cumplido.
27. Y habiendo llegado, y reunido a la iglesia,
refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la
puerta de la fe a los gentiles.
28. Y se quedaron allí mucho tiempo con los
discípulos.
Los apóstoles
regresaron siguiendo la misma ruta por la que habían llegado. Volvieron desde
Antioquía de Pisidia y pasaron por la provincia de Panfilia (v. 24) hasta
llegar a Perga. En su viaje de ida no se menciona que predicaran en Perga, pero
en el regreso sí lo hicieron allí. Luego continuaron hasta el puerto de Atalia
(v. 25).
Desde Atalia navegaron hasta el puerto de Seleucia y, desde allí, continuaron
por tierra hasta Antioquía de Siria, donde se reunieron
nuevamente con la iglesia que los había encomendado a la obra. En
este punto se observa el crecimiento y la importancia creciente de esta iglesia
al avanzar el
evangelio. La iglesia en Jerusalén era
predominantemente judía, mientras que la iglesia en Antioquía estaba formada
tanto por judíos como por gentiles. El Espíritu Santo había
enviado a Antioquía profetas y maestros ungidos, preparando a la iglesia para el ministerio que estaba delante de
ella. Pablo nos da el principio eclesiológico al
escribir a los efesios: “Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a
otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a
los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de
Cristo (Ef.
4:11-12).
La
iglesia envió a los apóstoles Pablo y Bernabé, como lo explica el versículo 26,
“donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían
cumplido”. Ahora ambos regresan a Antioquía para dar informe de su primer
viaje misionero. John Wesley dice: “Esto demuestra la razón y deseo de imponer las manos, mencionado en
Hechos 13:3”. La
iglesia les había enviado y ahora toda la congregación se reunió para escuchar el fruto del trabajo
misionero, compartiendo así la alegría de la cosecha. Los apóstoles informaron sobre la obra entre
los gentiles en la isla de Chipre, incluyendo la conversión del procónsul
romano. También relataron el
éxito del evangelio en las ciudades del continente donde habían predicado: primero
en las sinagogas de Antioquía de Pisidia e Iconio, y luego entre la población
gentil en todas las ciudades. El informe fue motivo de gran gozo para la
iglesia, al oír que dondequiera que los gentiles escuchaban el evangelio se
convertían. En toda la región habían alcanzado tanto a judíos como a gentiles
con el evangelio (v. 27).
Pablo
y Bernabé continuaron un tiempo prolongado en Antioquía. Su trabajo en la
iglesia en aquel tiempo tenía que ver con edificar a los creyentes, animándolos
en su participación en la obra de la Gran Comisión. El misionero debe considerar como un uso
valioso del tiempo el fortalecer la iglesia local en su propia tierra. Su interés, oración y apoyo son una
parte esencial, y estos hermanos y hermanas serán recompensados igualmente con
los galardones finales que serán otorgados en el Tribunal de Cristo (v. 28).
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