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| Muro medieval de Tesalónica al mar Egeo |
Pablo y Silas en Tesalónica
1. Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a
Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos.
2.
Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos,
3.
declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era
necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo.
4.
Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con
Silas; y de los griegos piadosos gran número,
y mujeres nobles no pocas.
5.
Entonces los judíos que no creían, teniendo
celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba,
alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al
pueblo.
6.
Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a
algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que
trastornan el mundo entero también han venido acá;
7.
a los cuales Jasón ha recibido; y todos estos
contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús.
8.
Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad,
oyendo estas cosas.
9.
Pero obtenida fianza de Jasón y
de los demás, los soltaron.
La última vez que Lucas menciona que
estaba con el equipo de Pablo fue en Filipos, en Hechos 16:10-17. Aparentemente,
permaneció en esa ciudad, ya que el relato no indica que estuviera con los
demás cuando partieron. Desde Filipos, el grupo pasó por dos ciudades de
Macedonia: Anfípolis y Apolonia. Anfípolis
se encontraba aproximadamente a 50 km al suroeste de Filipos, en la costa norte
del mar Egeo. Apolonia estaba unos 50 km al suroeste de Anfípolis, aunque su
ubicación exacta es desconocida. Finalmente, Tesalónica se encontraba unos 60
km al oeste de Apolonia (v. 1).
La primera carta de Pablo a los
tesalonicenses nos muestra cómo fue recibida, en términos generales, la palabra
en esa ciudad: “Pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en
plena certidumbre… Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del
Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del
Espíritu Santo” (1 Tes. 1:5-6). Quisiera
añadir sólo una breve frase del versículo 9: “…os convertisteis de los
ídolos a Dios…” En el relato de Hechos encontraremos más detalles.
Aunque Pablo es el apóstol a los
gentiles, siempre tiene la costumbre de predicar primero a los judíos. Lo hace conforme
al principio divino, porque la elección de Dios sobre los judíos fue desde el
principio. Aprovecharemos
el versículo 2 y la costumbre de Pablo para examinar este principio con mayor
profundidad, ya que algunos cristianos lo ignoran. Dios llamó a Abram para que
saliera del mundo, concretamente de Ur de los caldeos, con el propósito de
formar una nación a partir de su descendencia. Después vinieron Isaac y Jacob.
A lo largo de todo el Antiguo Testamento encontramos la historia de esa nación
y de sus profetas. También hallamos su literatura, desde Job hasta Eclesiastés,
así como las promesas que Dios les dio de manera específica.