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Lowell Brueckner

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6 - 12 Septiembre Meditaciones diarias de los Salmos

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6 de Septiembre Salmo 88:1-12, 15

1. Oh Jehová, Dios de mi salvación, día y noche clamo delante de ti.
2. Llegue mi oración a tu presencia; inclina tu oído a mi clamor.
3. Porque mi alma está hastiada de males, y mi vida cercana al Seol.
4. Soy contado entre los que descienden al sepulcro; soy como hombre sin
     fuerza,
5. Abandonado entre los muertos, como los pasados a espada que yacen en
     el sepulcro, de quienes no te acuerdas ya, y que fueron arrebatados de tu
     mano.
6. Me has puesto en el hoyo profundo, en tinieblas, en lugares profundos.
7. Sobre mí reposa tu ira, y me has afligido con todas tus ondas. Selah
8. Has alejado de mí mis conocidos; me has puesto por abominación a ellos;
     encerrado estoy, y no puedo salir.
9. Mis ojos enfermaron a causa de mi aflicción; te he llamado, oh Jehová,
     cada día; he extendido a ti mis manos.
10 ¿Manifestarás tus maravillas a los muertos? ¿Se levantarán los muertos
     para alabarte? Selah
11. ¿Será contada en el sepulcro tu misericordia, o tu verdad en el Abadón?
12. ¿Serán reconocidas en las tinieblas tus maravillas, y tu justicia en la
     tierra del olvido?
15. Yo estoy afligido y menesteroso; desde la juventud he llevado tus
     terrores, he estado medroso.

  Aquí vemos la oración de día y noche de un alma desesperada. E s consciente
de tres cosas: No tiene fuerza, ha perdido sus amigos, y existe, sólo para pasar
por las aflicciones.
  Dios se manifiesta como todopoderoso al hombre que descubre y reconoce que
no tiene fuerzas. E s compañero y consejero del hombre que ha perdido sus amigos,
y es un río de agua viva para el que está continuamente en peligro de muerte.
“Por causa de ti nos matan cada día”, “cada día muero”, “para que...confiásemos
en...Dios que resucita a los muertos”.


7 de Septiembre Salmo 88:13-18

13. Mas yo a ti he clamado, oh Jehová, y de mañana mi oración se presentará
     delante de ti.
14. ¿Por qué, oh Jehová, desechas mi alma? ¿Por qué escondes de mí tu
     rostro?
15. Yo estoy afligido y menesteroso; desde la juventud he llevado tus
     terrores, he estado medroso.
16. Sobre mí han pasado tus iras, y me oprimen tus terrores.
17. Me han rodeado como aguas continuamente; a una me han cercado.
18. Has alejado de mí al amigo y al compañero, y a mis conocidos has
     puesto en tinieblas.

  “¿Por qué escondes de mí tu rostro?” Esta pregunta la hallamos más de una
vez en los Salmos. ¿Ha sido alguna vez contestada? La vida cristiana no es un
juego o un escape de la realidad. Oramos porque nos enfrentamos con situaciones
de vida y muerte, de pérdidas y ganancias eternas, y de enormes fuerzas contra
debilidades. No es que hallemos placer en ser abominables a los amigos o en
tener los ojos enfermos de llorar, pero cuando todos los demás se apartan de
nosotros, entonces Él es nuestra única fuente. Por eso, “de mañana mi oración
se presentará delante de ti”.
  “¿Por qué escondes de mí tu rostro?” Ésta es la canción de la cruz. Cada hijo
de Dios durante su vida, tarde o temprano, la cantará. Jesús mismo la cantó. Es
un canto de debilidad, de abandono y de muerte, pero la resurrección brota al
terminar. Somos derrumbados para que Él sea levantado y exaltado en nosotros.


8 de Septiembre Salmo 89:1-9

1. Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente; de generación en
     generación haré notoria tu fidelidad con mi boca.
2. Porque dije: Para siempre será edificada misericordia; en los cielos
     mismos afirmarás tu verdad.
3. Hice pacto con mi escogido; juré a David mi siervo, diciendo:
4. Para siempre confirmaré tu descendencia, y edificaré tu trono por todas
     las generaciones. Selah
5. Celebrarán los cielos tus maravillas, oh Jehová, tu verdad también en la
     congregación de los santos.
6. Porque ¿quien en los cielos se igualará a Jehová? ¿Quién será semejante
     a Jehová entre los hijos de los potentados?
7. Dios temible en la gran congregación de los santos, y formidable sobre
     todos cuantos están alrededor de él.
8. Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Quién como tú? Poderoso eres, Jehová,
     y tu fidelidad te rodea.
9. Tú tienes dominio sobre la braveza del mar; cuando se levantan sus
     ondas, tú las sosiegas.

  El salmista se había dado cuenta que había entrado en la eternidad, y quiso
declarar a todas las generaciones la fidelidad de Dios. Ahora, muchas generaciones
más tarde, leemos sus palabras: “Santos hombres de Dios hablaron siendo
inspirados por el Espíritu Santo”. El salmista trasmitió la palabra eterna de Dios,
la cual había existido en el cielo desde antes de la fundación del mundo y
permanecerá por siglos sin fin. “El que hace la voluntad de Dios permanece para
siempre”, y el salmista sabía que su canción sería oída eternamente. La
misericordia y la fidelidad son bendiciones que vienen desde la eternidad. Es
maravilloso pensar que, a través del Espíritu, tenemos parte en las alabanzas
perdurables y en la proclamación eterna de un Dios inmortal.
  No cabe duda que el Espíritu Santo estaba mirando más allá del pacto con
David, hacia Cristo y Su reino. David tenía parte en un plan más grande y mucho
más importante que el trono temporal de Israel. Fue un hombre usado por Dios
para tener una descendencia que duraría para siempre. El cielo y la tierra se juntan
en esta porción de la Escritura; la asamblea de los santos en la tierra es consciente
de la realidad del cielo y adora con reverencia.


9 de Septiembre Salmo 89:9-18

9. Tú tienes dominio sobre la braveza del mar; cuando se levantan sus
     ondas, tú las sosiegas.
10. Tú quebrantaste a Rahab como a herido de muerte; con tu brazo
      poderoso esparciste a tus enemigos.
11. Tuyos son los cielos, tuya también la tierra; el mundo y su plenitud, tú lo
      fundaste.
12. El norte y el sur, tú los creaste; el Tabor y el Hermón cantarán en tu
     nombre.
13. Tuyo es el brazo potente; fuerte es tu mano, exaltada tu diestra.
14. Justicia y juicio son el cimiento de tu trono; misericordia y verdad van
     delante de tu rostro.
15. Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte; andará, oh Jehová, a la luz
     de tu rostro.
16. En tu nombre se alegrará todo el día, y en tu justicia será enaltecido.
17. Porque tú eres la gloria de su potencia, y por tu buena voluntad
     acrecentarás nuestro poder.
18. Porque Jehová es nuestro escudo, y nuestro rey es el Santo de Israel.

  Fíjate que clara referencia se hace de Jesús en el versículo 9. Con razón los
discípulos preguntaron: “¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le
obedecen?” En Apocalipsis 19, Él es el Señor de los ejércitos y el Victorioso,
quien esparce a Sus enemigos. Es el heredero de los cielos y la tierra. Tiene un
cetro con cuatro características: 1) La justicia. Una rectitud absoluta y perfecta
para tratar con toda la gente de acuerdo con los principios eternos. 2) El juicio.
Interpreta correctamente la ley divina y dicta sentencias justamente. 3) La
misericordia. Es rico en compasión no merecida hacia los que confían en Él y le
temen, demostrando así las características de un Dios bueno que se complace en
favorecer a Su creación. 4) La verdad. Todo lo que hay en el reino de Dios está
basado sobre este atributo. Dios está obligado a funcionar dentro de la verdad,
ningún engaño procede de Su trono.


10 de Septiembre Salmo 89:19-37

19. Entonces hablaste en visión a tu santo, y dijiste: He puesto el socorro
     sobre uno que es poderoso; he exaltado a un escogido de mi pueblo.
20. Hallé a David mi siervo; lo ungí con mi santa unción.
21. Mi mano estará siempre con él, mi brazo también lo fortalecerá.
22. No lo sorprenderá el enemigo, ni hijo de iniquidad lo quebrantará;
23. Sino que quebrantaré delante de él a sus enemigos, y heriré a los que le
     aborrecen.
24. Mi verdad y mi misericordia estarán con él, y en mi nombre será exaltado
     su poder.
25. Asimismo pondré su mano sobre el mar, y sobre los ríos su diestra.
26. El me clamará: Mi padre eres tú, mi Dios, y la roca de mi salvación.
27. Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la  
    tierra.
28. Para siempre le conservaré mi misericordia, y mi pacto será firme con él.
29. Pondré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los
    cielos.
30. Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios,
31. Si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos,
32. Entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades.
33. Mas no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad.
34. No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios.
35. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David.
36. Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mí.
37. Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo.
     Selah

  Dios ungió a David como antepasado del Ungido, el Cristo, no sólo con aceite,
sino también con el Espíritu Santo. Jesús es la fuente del aceite celestial, quien
bautiza en el Espíritu Santo, para que por medio de muchos hermanos, Dios pueda
manifestarse en carne humana (He. 2:11-14). De Su pueblo, Israel, vino un
precursor, Juan el Bautista, a quien siguió el Mesías, y ahora, mediante una raza
ungida, la gracia bondadosa de Dios es derramada en el mundo.
  Vamos a ver las características de un pacto: provee fuerza basada en el poder
divino; promete victoria final, misericordia, gloria y fidelidad que no fallan; da
autoridad sobre los mares y ríos; y establece una relación de Padre e hijo.
  El pacto pertenece en primer lugar a Jesús, como el Primogénito, pero también
a Su descendencia, coheredera con Él. Declara que sus transgresiones no van a
ser ignoradas, sino que les será aplicada una disciplina correctiva para que puedan
ser santos. Nunca comprometerá Su santidad al desarrollar y mantener Su pacto,
sin embargo, este pacto es inquebrantable y su sello es el juramento de Dios.
El pacto es seguro tanto para David y su descendencia, como para Cristo y la
Suya.


11 de Septiembre Salmo 89:38-52

38. Mas tú desechaste y menospreciaste a tu ungido, y te has airado con él.
39. Rompiste el pacto de tu siervo; has profanado su corona hasta la tierra.
40. Aportillaste todos sus vallados; has destruido sus fortalezas.
41. Lo saquean todos los que pasan por el camino; es oprobio a sus vecinos.
42. Has exaltado la diestra de sus enemigos; has alegrado a todos sus  
     adversarios.
43. Embotaste asimismo el filo de su espada, y no lo levantaste en la batalla.
44. Hiciste cesar su gloria, y echaste su trono por tierra.
45. Has acortado los días de su juventud; le has cubierto de afrenta. Selah
46. ¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Te esconderás para siempre? ¿Arderá tu ira
     como el fuego?
47. Recuerda cuán breve es mi tiempo; ¿Por qué habrás creado en vano a
     todo hijo de hombre?
48. ¿Qué hombre vivirá y no verá muerte? ¿Librará su vida del poder del
     Seol? Selah
49. Señor, ¿dónde están tus antiguas misericordias, que juraste a David por
     tu verdad?
50. Señor, acuérdate del oprobio de tus siervos; oprobio de muchos pueblos,
     que llevo en mi seno.
51. Porque tus enemigos, oh Jehová, han deshonrado, porque tus enemigos
     han deshonrado los pasos de tu ungido.
52. Bendito sea Jehová para siempre. Amén y Amén.

  Si meditas sobre los Salmos aprenderás a orar en el Espíritu. El fundamento
de la oración es el pacto, que es inquebrantable y eterno. Todos los que se sumergen
en la oración, empezando por David y siguiendo por cada individuo en particular,
tienen que establecerse en el pacto. Lo que está escrito hasta el versículo 38 parece
contradecir a los versículos que vienen después. Llegados a este punto, muchos
se vuelven atrás y no andan más con Él. Se confunden, porque lo que leen en la
Biblia es una cosa, pero su experiencia personal es otra. Fuertes batallas invaden
el alma, y tenemos que ponerles fin a través de una sencilla declaración de
confianza: “Bendito sea Jehová para siempre”.
  En la oración nos acordamos del pacto de Dios. Posiblemente meditando en él
nos hagamos preguntas tales como: “¿Hasta cuando se cumplirá el pacto en
nuestra generación?” Queriendo hallar respuestas, entramos en “luchas” sinceras
y legítimas con Dios. Necesitamos la entrega de Jacob: “No te dejaré, si no me
bendices”. Al Señor le interesa mucho más que seamos muy honestos y decididos,
a que hagamos oraciones basadas en pensamientos positivos y optimismo
humanista. De la misma manera que José fue probado mientras estaba en la prisión
de Egipto, David lo fue en la cueva de Adulam, Cristo en la cruz, y la iglesia
en un mundo de oposición. Bienaventurados aquellos que permanezcan fieles
sin desmayar hasta poder experimentar el cumplimento del pacto. Bienaventurados
los que esperan en la persona de Jesucristo, quien les librará de “este cuerpo de
muerte”. Jesús tiene las misericordias fieles de David. Bendecimos al Señor que
no cambia y que es omnisciente, Aquel que conoce el fin desde el principio.


12 de Septiembre Salmo 90:1

Oración de Moisés, varón de Dios

1. Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación.

  Un hijo de Dios no tiene un hogar permanente sobre la tierra, y Moisés estuvo
convencido de ello. Abandonó Egipto y anduvo en el desierto durante cuarenta
años antes de que cualquier israelita se juntase con él. Después, anduvo con los
israelitas cuarenta años más.
  Durante 400 años el pueblo de Dios fue extranjero en una tierra extraña, y antes,
Abraham, Isaac y Jacob habían morado en tiendas. ¡Tenemos que enfatizarlo
fuertemente! El mundo no es nuestro hogar. Los Salmos son las palabras eternas
de Dios y se aplican a las generaciones del futuro de la misma manera que se
aplicaron a las del pasado. La expresión “de generación en generación” incluye
también la nuestra.



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