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Quemando literatura diabólica en Éfeso |
2 Pedro 1: 2ª parte
Versículos 12-21
Beneficios espirituales por “traer a la memoria”
12. Por esto, yo no dejaré
de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis
confirmados en la verdad presente.
13. Pues tengo por justo, en tanto que estoy en
este cuerpo, el despertaros con amonestación;
14. sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo,
como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado.
15. También yo procuraré
con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener
memoria de estas cosas.
En el versículo 12, Pedro empieza a expresar la importancia de “traer a la
memoria” en la vida espiritual. Me acuerdo de la historia de David, cuando tomó
una posición comprometida e hipócrita, al aliarse con uno de los enemigos de
Israel: Aquis de Gat, uno de los cinco reyes de los filisteos. Su error fue confiar
en este hombre para que le protegiera, en lugar de confiar solo en el Señor.
Viviendo una mentira, cayó en una trampa. Al final, se vio del lado de Aquis en
una batalla contra su propio pueblo, porque los cinco reyes filisteos se habían
aliado para combatir contra Israel. El rey Saúl y el amigo de David, Jonatán,
murieron en la batalla. Dios libró a David de esta situación de peligro, pero
pronto las cosas fueron a peor.
Después de un viaje de dos días, su ejército regresó a Siclag, ciudad que
Aquis les había dado. Encontraron que, mientras estaban ausentes, los amalecitas
habían saqueado y quemado la ciudad, llevándose cautivos a sus mujeres e hijos.
Los soldados de David estuvieron a punto de apedrearle; no tuvo absolutamente a
nadie que le apoyara. El relato bíblico cuenta que, naturalmente, él estaba muy
angustiado. En esta situación, estoy seguro de que la memoria de David se empezó
a activar. Se acordaba de cómo la mano del Señor había estado fuertemente sobre
su vida pasada, desde su juventud, y “David se fortaleció en Jehová su Dios”
(1 Sam.30:6); entonces, fue a rescatar a sus esposas y a cada uno de sus
hijos. Pero David ganó una batalla aún más grande en su alma, reconociendo la
gracia de Dios en la victoria. La gracia fue un principio que utilizó en su futuro
reino. Lee esta valiosa historia en 1 Samuel 30. La memoria hizo que David se fortaleciera,
y le restauró con su Señor.
Pedro, como maestro del evangelio, reconoció la necesidad de ser fiel recordando
a las iglesias las cosas que ya sabían. Esta es una gran lección para todos los
maestros de la Biblia, y no deben sentirse mal por ser repetitivos. Hemos visto
a Pedro, en la primera parte de este capítulo, preocupado por la posibilidad de
una falta de crecimiento en los miembros de las iglesias, por tener una visión
corta, y por verlos tropezar en su caminar.
Aquí, sin embargo, ve a gente con conocimiento por experiencia, establecida
en la verdad que había llegado a sus vidas. El apóstol sabía que tenía razón al
querer despertar su memoria, y también nosotros tenemos que ver esta práctica
como un principio espiritual, valioso para el bienestar del hombre interior.
Como anciano, había determinado pasar el resto de su vida estimulando la
memoria de los cristianos.
Lo que se traduce como “cuerpo” en la RV60 y LBLA, es correctamente
traducido como “tabernáculo” en la Biblia Textual. Un tabernáculo
es lo mismo que una tienda. Esta es la manera correcta y bíblica de ver nuestro
cuerpo físico. Pablo declara: “Sabemos que si nuestra morada terrestre, este
tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa
no hecha de manos, eterna, en los cielos” (2 Co. 5:1). Según la
mentalidad de este mundo, el cuerpo es de suprema importancia, y la gente,
comúnmente, es muy cuidadosa con su dieta y con el ejercicio. Aprecian su corta
vida sobre este planeta, mientras ignoran totalmente su ser interior; su alma
viviente y su espíritu eterno (v.13).
Pedro discierne el asunto de que su propia vida terrenal acabará pronto, no
según su presente condición física, sino según la palabra de Cristo. Jesús le
había dicho: “Cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro,
y te llevará a donde no quieras” (Jn.21:18). Ahora está viviendo esta
profecía; su tienda ya está desgastada y rasgada, y él está dispuesto a vivir
una perfecta eternidad sin fin. Anota cómo expresó esta transacción según el
griego original en los versículos 13 y 14: “En tanto que estoy en este tabernáculo”
y “en breve debo abandonar el tabernáculo, como nuestro Señor
Jesucristo me ha declarado”. Pedro mismo vivió en una tienda, aunque
él mismo no es la tienda. ‘Yo’, el verdadero Pedro, está hablando desde
adentro, desde el alma que no muere. Su tienda, sin embargo, un día será
resucitada, transformada e inmortal, no siendo ya más una tienda, sino “una casa
no hecha de manos, eterna” (v.14).
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El apóstol está asegurando que su ministerio sobrevivirá a su vida terrenal
por la enseñanza que seguirá existiendo en la memoria de los creyentes después
de su fallecimiento. Todo el ministerio llevado a cabo en el Espíritu Santo es
espiritual y, como tal, no muere. Cada apóstol del Cordero tenía este
ministerio, y durante todas las edades en la iglesia nos han dado la verdad que
no reconoce tiempos, y que enriquece nuestras vidas hasta la fecha (v.15).
Solamente quería mencionar algunos nombres de personas, cuyo ministerio
sigue viviendo en mí, pero al hacerlo, muchos más vienen a mi mente: Charles
Wesley, por sus himnos atemporales; John Wesley, George Whitefield, Jonathan Edwards,
Charles Finney, D. L. Moody, Charles Spurgeon, R. C. Ryle, Andrew Murray,
George Mueller, Edward Payson, Oswald Chambers, Oswald Smith, A. W. Tozer,
Martyn Lloyd-Jones, Jonathan Goforth, Hudson Taylor… Además de estos, hay otros,
como los puritanos, por ejemplo, y algunos contemporáneos, aunque no muchos.
Creo que he sugerido suficientes para demostrar lo que es un ministerio
perdurable. Igualmente, servirán como recomendación para aquellos lectores que
quieran buscar alumbramiento rico y espiritual. También les recomiendo que la
mayor parte de su material provenga de escritores del pasado, más que de los
contemporáneos. Hay demasiados cristianos que dependen de material moderno,
entre el cual hay poco que sea de gran beneficio.
Impresiones profundas del monte de la transfiguración y las Escrituras proféticas
16. Porque no os hemos dado a conocer el poder y la
venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas,
sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.
17. Pues cuando él recibió de
Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que
decía: Éste es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.
18. Y nosotros oímos esta voz
enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.
19. Tenemos también la palabra
profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una
antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero
de la mañana salga en vuestros corazones;
20. entendiendo primero esto, que ninguna profecía
de la Escritura es de interpretación privada,
21. porque nunca la profecía
fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron
siendo inspirados por el Espíritu Santo.
El lenguaje griego, rico en la manera de expresarse, por ser el idioma
original del Nuevo Testamento, ha sido de gran beneficio. Los famosos filósofos
griegos enseñaban una sabiduría que superaba a cualquier otra, previamente
conocida en el mundo secular. La cultura griega fue perversa y engañosa, siendo
su religión gran parte de ella. Pablo advirtió a los cristianos de Colosas, una
ciudad de Asia Menor, de la cultura y sabiduría griegas: “Mirad que nadie os
engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las
tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según
Cristo” (Col.2:8). En 1 Corintios 1:18-31, Pablo demostró que la sabiduría
del mundo se opone a la sabiduría de Dios. En los versículos 19 y 20, revela: “Está escrito: Destruiré la
sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los
entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el
disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?”.
Alejandro Magno,
el gran conquistador, esparció ambas cosas por todo el mundo conocido: su
cultura y su lenguaje. El imperio Romano, una fuerza militar y no cultural,
adoptó y mantuvo la religión y cultura griegas. Hoy el panteón de dioses y
diosas griegos se llama mitología. Asia Menor fue profundamente introducida en
la demonología, debido a la religión greco/romana (fíjate en Hechos 19:13-20).
Pedro asegura al lector cristiano que el cristianismo no se basa en fábulas
(gr. muthos, significa mitos o ficción).
En estos
versículos, Pedro se refirió a su experiencia sobre el monte de la transfiguración.
Cuestiono si nosotros, los cristianos, ponemos suficiente énfasis en este
evento. Jesús dijo: “Amén os digo que hay
algunos de los que están
aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido
con poder” (Mc.9:1). Juan
Marcos, el evangelista, es el único escritor que menciona el poder presente en
esta ocasión. Él estuvo muy influenciado por Pedro al escribir su Evangelio. Lo
que Pedro, Jacobo y Juan observaron fue una poderosa manifestación del Reino de
Dios. Pedro escribió de “el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo”,
y fue muy marcado por esta experiencia.
Es interesante
notar que los mismos discípulos estaban rendidos de sueño en el momento de la
revelación (Lc.9:32), como también lo estuvieron en el jardín de Getsemaní. Su
naturaleza carnal insensibilizó la fuerza espiritual en ambas ocasiones. “El
espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mt.26:41),
les dijo Jesús. Al escribir su epístola, Pedro está investido con un bautismo
del Espíritu Santo, añadiendo una realidad magnífica a sus palabras.
Aprendo de
Jamieson, Faucett, Brown que “la palabra griega traducida como “venida”
siempre se utiliza para hablar de su segundo advenimiento. Era una negación del
argumento de los burladores de 2 Pedro 3:4: Juan, Jacobo y él vieron con sus
propios ojos un ejemplo misterioso de su gloria venidera”. Los apóstoles
enseñaron a estos creyentes el poder y la segunda venida de Jesucristo (v.16).
Los tres pudieron testificar que el Hijo “recibió de Dios Padre honra y
gloria”. Cristo manifestó Su gloria en el monte cuando Sus ropas brillaron como
la luz del sol. Jesús mandó que todos “honren al Hijo como honran al
Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Jn.5:23).
Su honor es igual al del Padre. La misma voz del Padre testifica “desde la
magnífica gloria: ‘Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia’” (v.17).
Este fue el
mismo testimonio del Padre en Su bautismo y, en esta sagrada ocasión, Él habla
por segunda vez, confirmándolo. La “magnífica gloria” nos habla de
gloria única, preeminente y celestial. Las epístolas de Pedro brillan con una gloria
sobrenatural debido a su conocimiento personal del Padre y del Hijo. Esto les fue
requerido a los apóstoles: transmitir a la siguiente generación un testimonio de
primera mano (v.18). Pablo esperaba el mismo testimonio de las generaciones futuras.
Tuvo en cuenta cuatro generaciones cuando escribió a Timoteo: “Lo que has
oído (2) de mí (1)
ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles (3) que sean idóneos
para enseñar también a otros (4)” (2 Tim.2:2).
Juan demuestra
que una comunión viva y personal con el Padre y el Hijo, por medio del Espíritu
Santo, no disminuye a través de las generaciones: “Lo
que hemos visto y oído,
eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros;
y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo
Jesucristo (1 Jn.1:3). Una
generación tras otra, aunque hayan pasado veintiún siglos, no debe perder nada
de la realidad del cristianismo original, ya que estamos tratando con cosas
espirituales y eternas.
Pedro declara
que, sobre esta obra providencial de Dios, como fue la transfiguración, tenemos
las Escrituras proféticas. La providencia confirma la Palabra y la hace vivir en
el creyente. Sobre todo, estemos atentos a las Escrituras, que son la luz que
alumbra a este mundo oscuro, como la vida de Jesús brilló en una Galilea en
tinieblas, en los días de Su humanidad. Malaquías emitió su última palabra profética
desde el Antiguo Testamento, prediciendo Su primera venida: “Mas
a vosotros los que teméis
mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación” (Mal.4:2). Él vendrá otra
vez. Mientras, la Palabra vive, guiando nuestros pasos en las densas tinieblas
que nos rodean. Él es “el Lucero de la Mañana” que brilla en nuestros
corazones ahora, trayendo el cielo a la tierra, y la gloria al corazón humano.
Sin embargo, un día amanecerá sobre todo este planeta; Cristo vendrá otra vez y
Su gloria llenará la tierra (v.19).
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La Biblia es
una sola historia: el Evangelio. En este sentido, toda la Escritura antiguo
testamentaria es profecía del Cristo que vendría. La historia es proclamada por
la profecía literal, pero también por sus genealogías y su geografía. Es la
historia que Él mismo ha escrito, y en la historia se manifiesta el evangelio. Su
tierra, Israel, es la que Él ha escogido para que en ella se desarrollen los
eventos que han ocurrido. El Espíritu Santo inspira e interpreta la Escritura. Ninguna
idea o pensamiento humano ha penetrado jamás en la Palabra de Dios, y ningún
hombre podrá poner sobre ella una opinión que tenga valor. El Espíritu Santo es
el único Maestro y el único Interprete (v.20).
El plan de Dios
es lo que Pedro llama la palabra profética, que es la palabra inerrante
de Dios, porque toda la palabra es una gloriosa profecía de la eternidad
por venir. El plan es totalmente de Dios; Su voluntad y Su placer. El Señor ha
apartado a hombres santos, totalmente dedicados al solo propósito de escribir con
tinta y papel lo que les ha sido dictado desde el cielo. ¿Te has fijado en cuántas
veces les mandó escribir? El Espíritu Santo cayó sobre ellos, moviéndoles a hablar
y a escribir Su palabra, que es pura e infalible. El canon de la Escritura es
fiel y fue perfectamente terminado (v.21). Nos ha sido transmitido y lo tenemos
ante nuestros ojos para nuestra devoción cotidiana. Igual que el maná
celestial, puede ser ingerido por nuestras almas para que sean nutridas.
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