Lowell Brueckner

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nov
03

Memorias desde la transfiguración

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Quemando literatura diabólica en Éfeso
2 Pedro 1: 2ª parte

Versículos 12-21


Beneficios espirituales por “traer a la memoria” 

12.  Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. 

13.  Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación; 

14.  sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. 

15.  También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas.  

En el versículo 12, Pedro empieza a expresar la importancia de “traer a la memoria” en la vida espiritual. Me acuerdo de la historia de David, cuando tomó una posición comprometida e hipócrita, al aliarse con uno de los enemigos de Israel: Aquis de Gat, uno de los cinco reyes de los filisteos. Su error fue confiar en este hombre para que le protegiera, en lugar de confiar solo en el Señor. Viviendo una mentira, cayó en una trampa. Al final, se vio del lado de Aquis en una batalla contra su propio pueblo, porque los cinco reyes filisteos se habían aliado para combatir contra Israel. El rey Saúl y el amigo de David, Jonatán, murieron en la batalla. Dios libró a David de esta situación de peligro, pero pronto las cosas fueron a peor.

 Después de un viaje de dos días, su ejército regresó a Siclag, ciudad que Aquis les había dado. Encontraron que, mientras estaban ausentes, los amalecitas habían saqueado y quemado la ciudad, llevándose cautivos a sus mujeres e hijos. Los soldados de David estuvieron a punto de apedrearle; no tuvo absolutamente a nadie que le apoyara. El relato bíblico cuenta que, naturalmente, él estaba muy angustiado. En esta situación, estoy seguro de que la memoria de David se empezó a activar. Se acordaba de cómo la mano del Señor había estado fuertemente sobre su vida pasada, desde su juventud, y “David se fortaleció en Jehová su Dios” (1 Sam.30:6); entonces, fue a rescatar a sus esposas y a cada uno de sus hijos. Pero David ganó una batalla aún más grande en su alma, reconociendo la gracia de Dios en la victoria. La gracia fue un principio que utilizó en su futuro reino. Lee esta valiosa historia en 1 Samuel 30. La memoria hizo que David se fortaleciera, y le restauró con su Señor.

 Pedro, como maestro del evangelio, reconoció la necesidad de ser fiel recordando a las iglesias las cosas que ya sabían. Esta es una gran lección para todos los maestros de la Biblia, y no deben sentirse mal por ser repetitivos. Hemos visto a Pedro, en la primera parte de este capítulo, preocupado por la posibilidad de una falta de crecimiento en los miembros de las iglesias, por tener una visión corta, y por verlos tropezar en su caminar. 

 Aquí, sin embargo, ve a gente con conocimiento por experiencia, establecida en la verdad que había llegado a sus vidas. El apóstol sabía que tenía razón al querer despertar su memoria, y también nosotros tenemos que ver esta práctica como un principio espiritual, valioso para el bienestar del hombre interior. Como anciano, había determinado pasar el resto de su vida estimulando la memoria de los cristianos.

 Lo que se traduce como “cuerpo” en la RV60 y LBLA, es correctamente traducido como “tabernáculo” en la Biblia Textual. Un tabernáculo es lo mismo que una tienda. Esta es la manera correcta y bíblica de ver nuestro cuerpo físico. Pablo declara: “Sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos” (2 Co. 5:1). Según la mentalidad de este mundo, el cuerpo es de suprema importancia, y la gente, comúnmente, es muy cuidadosa con su dieta y con el ejercicio. Aprecian su corta vida sobre este planeta, mientras ignoran totalmente su ser interior; su alma viviente y su espíritu eterno (v.13).

 Pedro discierne el asunto de que su propia vida terrenal acabará pronto, no según su presente condición física, sino según la palabra de Cristo. Jesús le había dicho: “Cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras” (Jn.21:18). Ahora está viviendo esta profecía; su tienda ya está desgastada y rasgada, y él está dispuesto a vivir una perfecta eternidad sin fin. Anota cómo expresó esta transacción según el griego original en los versículos 13 y 14: “En tanto que estoy en este tabernáculo” y “en breve debo abandonar el tabernáculo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado”. Pedro mismo vivió en una tienda, aunque él mismo no es la tienda. ‘Yo’, el verdadero Pedro, está hablando desde adentro, desde el alma que no muere. Su tienda, sin embargo, un día será resucitada, transformada e inmortal, no siendo ya más una tienda, sino “una casa no hecha de manos, eterna” (v.14).

 El apóstol está asegurando que su ministerio sobrevivirá a su vida terrenal por la enseñanza que seguirá existiendo en la memoria de los creyentes después de su fallecimiento. Todo el ministerio llevado a cabo en el Espíritu Santo es espiritual y, como tal, no muere. Cada apóstol del Cordero tenía este ministerio, y durante todas las edades en la iglesia nos han dado la verdad que no reconoce tiempos, y que enriquece nuestras vidas hasta la fecha (v.15).

 Solamente quería mencionar algunos nombres de personas, cuyo ministerio sigue viviendo en mí, pero al hacerlo, muchos más vienen a mi mente: Charles Wesley, por sus himnos atemporales; John Wesley, George Whitefield, Jonathan Edwards, Charles Finney, D. L. Moody, Charles Spurgeon, R. C. Ryle, Andrew Murray, George Mueller, Edward Payson, Oswald Chambers, Oswald Smith, A. W. Tozer, Martyn Lloyd-Jones, Jonathan Goforth, Hudson Taylor… Además de estos, hay otros, como los puritanos, por ejemplo, y algunos contemporáneos, aunque no muchos. Creo que he sugerido suficientes para demostrar lo que es un ministerio perdurable. Igualmente, servirán como recomendación para aquellos lectores que quieran buscar alumbramiento rico y espiritual. También les recomiendo que la mayor parte de su material provenga de escritores del pasado, más que de los contemporáneos. Hay demasiados cristianos que dependen de material moderno, entre el cual hay poco que sea de gran beneficio.   


Impresiones profundas del monte de la transfiguración y las Escrituras proféticas 

16.  Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. 

17.  Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Éste es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. 

18.  Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo. 

19.  Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; 

20.  entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 

21.  porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. 

 El lenguaje griego, rico en la manera de expresarse, por ser el idioma original del Nuevo Testamento, ha sido de gran beneficio. Los famosos filósofos griegos enseñaban una sabiduría que superaba a cualquier otra, previamente conocida en el mundo secular. La cultura griega fue perversa y engañosa, siendo su religión gran parte de ella. Pablo advirtió a los cristianos de Colosas, una ciudad de Asia Menor, de la cultura y sabiduría griegas: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Col.2:8). En 1 Corintios 1:18-31, Pablo demostró que la sabiduría del mundo se opone a la sabiduría de Dios. En los versículos 19 y 20, revela: “Está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?”.

 Alejandro Magno, el gran conquistador, esparció ambas cosas por todo el mundo conocido: su cultura y su lenguaje. El imperio Romano, una fuerza militar y no cultural, adoptó y mantuvo la religión y cultura griegas. Hoy el panteón de dioses y diosas griegos se llama mitología. Asia Menor fue profundamente introducida en la demonología, debido a la religión greco/romana (fíjate en Hechos 19:13-20). Pedro asegura al lector cristiano que el cristianismo no se basa en fábulas (gr. muthos, significa mitos o ficción).

 En estos versículos, Pedro se refirió a su experiencia sobre el monte de la transfiguración. Cuestiono si nosotros, los cristianos, ponemos suficiente énfasis en este evento. Jesús dijo: Amén os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder” (Mc.9:1). Juan Marcos, el evangelista, es el único escritor que menciona el poder presente en esta ocasión. Él estuvo muy influenciado por Pedro al escribir su Evangelio. Lo que Pedro, Jacobo y Juan observaron fue una poderosa manifestación del Reino de Dios. Pedro escribió de “el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo”, y fue muy marcado por esta experiencia.

 Es interesante notar que los mismos discípulos estaban rendidos de sueño en el momento de la revelación (Lc.9:32), como también lo estuvieron en el jardín de Getsemaní. Su naturaleza carnal insensibilizó la fuerza espiritual en ambas ocasiones. “El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mt.26:41), les dijo Jesús. Al escribir su epístola, Pedro está investido con un bautismo del Espíritu Santo, añadiendo una realidad magnífica a sus palabras.

 Aprendo de Jamieson, Faucett, Brown que “la palabra griega traducida como “venida” siempre se utiliza para hablar de su segundo advenimiento. Era una negación del argumento de los burladores de 2 Pedro 3:4: Juan, Jacobo y él vieron con sus propios ojos un ejemplo misterioso de su gloria venidera”. Los apóstoles enseñaron a estos creyentes el poder y la segunda venida de Jesucristo (v.16). Los tres pudieron testificar que el Hijo “recibió de Dios Padre honra y gloria”. Cristo manifestó Su gloria en el monte cuando Sus ropas brillaron como la luz del sol. Jesús mandó que todos “honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Jn.5:23). Su honor es igual al del Padre. La misma voz del Padre testifica “desde la magnífica gloria: ‘Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia’” (v.17).

 Este fue el mismo testimonio del Padre en Su bautismo y, en esta sagrada ocasión, Él habla por segunda vez, confirmándolo. La “magnífica gloria” nos habla de gloria única, preeminente y celestial. Las epístolas de Pedro brillan con una gloria sobrenatural debido a su conocimiento personal del Padre y del Hijo. Esto les fue requerido a los apóstoles: transmitir a la siguiente generación un testimonio de primera mano (v.18). Pablo esperaba el mismo testimonio de las generaciones futuras. Tuvo en cuenta cuatro generaciones cuando escribió a Timoteo: “Lo que has oído (2) de mí (1) ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles (3) que sean idóneos para enseñar también a otros (4)(2 Tim.2:2).

Juan demuestra que una comunión viva y personal con el Padre y el Hijo, por medio del Espíritu Santo, no disminuye a través de las generaciones: “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo (1 Jn.1:3). Una generación tras otra, aunque hayan pasado veintiún siglos, no debe perder nada de la realidad del cristianismo original, ya que estamos tratando con cosas espirituales y eternas.

 Pedro declara que, sobre esta obra providencial de Dios, como fue la transfiguración, tenemos las Escrituras proféticas. La providencia confirma la Palabra y la hace vivir en el creyente. Sobre todo, estemos atentos a las Escrituras, que son la luz que alumbra a este mundo oscuro, como la vida de Jesús brilló en una Galilea en tinieblas, en los días de Su humanidad. Malaquías emitió su última palabra profética desde el Antiguo Testamento, prediciendo Su primera venida: Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación” (Mal.4:2). Él vendrá otra vez. Mientras, la Palabra vive, guiando nuestros pasos en las densas tinieblas que nos rodean. Él es “el Lucero de la Mañana” que brilla en nuestros corazones ahora, trayendo el cielo a la tierra, y la gloria al corazón humano. Sin embargo, un día amanecerá sobre todo este planeta; Cristo vendrá otra vez y Su gloria llenará la tierra (v.19).

 La Biblia es una sola historia: el Evangelio. En este sentido, toda la Escritura antiguo testamentaria es profecía del Cristo que vendría. La historia es proclamada por la profecía literal, pero también por sus genealogías y su geografía. Es la historia que Él mismo ha escrito, y en la historia se manifiesta el evangelio. Su tierra, Israel, es la que Él ha escogido para que en ella se desarrollen los eventos que han ocurrido. El Espíritu Santo inspira e interpreta la Escritura. Ninguna idea o pensamiento humano ha penetrado jamás en la Palabra de Dios, y ningún hombre podrá poner sobre ella una opinión que tenga valor. El Espíritu Santo es el único Maestro y el único Interprete (v.20).

 El plan de Dios es lo que Pedro llama la palabra profética, que es la palabra inerrante de Dios, porque toda la palabra es una gloriosa profecía de la eternidad por venir. El plan es totalmente de Dios; Su voluntad y Su placer. El Señor ha apartado a hombres santos, totalmente dedicados al solo propósito de escribir con tinta y papel lo que les ha sido dictado desde el cielo. ¿Te has fijado en cuántas veces les mandó escribir? El Espíritu Santo cayó sobre ellos, moviéndoles a hablar y a escribir Su palabra, que es pura e infalible. El canon de la Escritura es fiel y fue perfectamente terminado (v.21). Nos ha sido transmitido y lo tenemos ante nuestros ojos para nuestra devoción cotidiana. Igual que el maná celestial, puede ser ingerido por nuestras almas para que sean nutridas. 

 


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