Lowell Brueckner

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nov
13

Historias atemorizadoras

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Dios salvó al justo Lot

2 Pedro 2


 Falsos profetas y maestros 

1.      Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. 

2.      Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, 

3.      y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. 

 Pedro sigue incitando la memoria de los creyentes, recordándoles las historias del Antiguo Testamento, que les eran muy conocidas. Les advierte que habrá falsos maestros entre ellos, como los hubo entre los judíos en el pasado. Pablo también previno a los ancianos de Éfeso, que se habían reunido con él en Mileto, antes de navegar hacia Jerusalén. Primeramente, quiero informar que Pablo reconocía el triple ministerio de los ancianos, que estudiamos en 1 Pedro 5. Además de ser ancianos, eran obispos y pastores: “Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor” (Hch.20:28).

 Quiso advertirles: “De vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hch.20:30). Por cuanto estamos en este mundo engañoso, tenemos que cuidarnos de gente falsa, con doctrinas y motivos incorrectos. Jesús habló de ellos en Sus parábolas de Mateo 13, hablando de la cizaña entre el trigo; de la semilla de mostaza que se convirtió en un gran árbol; de la levadura mezclada en la masa; y de los peces malos entre los buenos. En Mateo 25, empezó: “El reino de los cielos será semejante a diez vírgenes… cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas”. Jesús expuso las falsas doctrinas de Balaam y los nicolaítas, de una profetisa falsa y sus discípulos, a las siete iglesias de Apocalipsis. ¿Podemos pensar que no veremos lo mismo en estos días de tantísimo engaño?

 Los falsos maestros no funcionarán abiertamente, sino en secreto, porque el engaño se desarrolla mejor en la oscuridad. Hoy en día, se escucha mucho de transparencia y responsabilidad, pero vemos poco de ambas. Pedro revela que la herejía está extendida en las iglesias, hasta tal punto que algunos “aun negarán al Señor que los rescató”

 El apóstol no utilizó la palabra griega más común para Señor, porque no es la misma que tenemos en el principio de su epístola, en el capítulo 1, versículos 2, 8, 11, 14 y 16, que es kuros. Esta palabra tiene una amplia definición: además de ser un título de respeto, también significa soberano o supremo en autoridad. A veces he sido fuertemente desafiado por apuntar al significado del griego original, que traduce Señor como despotes, en este capítulo 2, versículo 1, del cual se deriva déspota. Intento explicar que yo no soy el autor del término, sino el apóstol Pedro, y él fue inspirado por el Espíritu Santo. Entiendo que cada déspota humano es un tirano, pero nuestro Señor es digno de ser el Gobernador o la Autoridad absoluta, como el diccionario griego define la palabra. Las personas que son autosuficientes pueden pretender recibir a Jesús como el Cristo, pero para nada quieren postrarse ante un Dueño absoluto, ante Aquel que les ha comprado. Por su ardiente anhelo de ser independientes, dice Pedro, atraen “sobre sí mismos destrucción repentina”.  

 “Muchos seguirán sus disoluciones”, los cuales también serán destruidos repentinamente. La raíz de su error es un rechazo a andar en la verdad, la cual será blasfemada entre la sociedad mundana, y la mentira será popular y habitual. Hablar de muchos pone peso a la advertencia del apóstol. Los hombres son expertos en el arte de escapar del peligro y prefieren pensar que el engaño está limitado a unos pocos que están fuera de la iglesia, algo parecido a cuando los amalecitas atacaron a los débiles en la retaguardia de Israel (fíjate en Dt.25:18). ¡Seguramente piensan que ellos no pueden ser engañados!

 Buenos hombres de Dios nos han aconsejado que es sabio tener una falta sana de autoconfianza. Con esa ventaja, podemos reconocer la necesidad de confiar totalmente en el Señor. La fuente que Pedro tenía para considerar esta advertencia fue Jesucristo mismo, que dijo: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre… y a muchos engañarán… Muchos tropezarán… y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos… el amor de muchos se enfriará” (Mt.24:4, 5, 10, 11, 12). Él era el Verbo de Dios hecho carne, y aunque Su motivo no fue desalentar al creyente, halló sabio amonestarle (v.2).

 Lo que motiva al falso maestro es la avaricia, y por eso explotará a los cristianos, aprovechándose de su generosidad, mientras ellos van acumulando sus propias riquezas. Dios sabía de antemano que la tendencia humana de creer la mentira era un real y verdadero peligro, incluso en la iglesia, y ya había preparado el castigo para el engañador, que será ejecutado repentinamente. La condenación está activa y no se tarda ni duerme. Desde antes de la fundación del mundo, Dios había creado el infierno (v.3).

 

Ángeles caídos, la inundación, Sodoma y Lot

 4.      Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los                        entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; 

5.      y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos; 

6.      y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, 

7.       y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados 

8.    (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), 

La historia del engaño incluye a los ángeles caídos (v.4). Lucifer, el hijo de la mañana, dijo en su corazón: “Junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono… seré semejante al Altísimo” (Is.14:12-14). Su ambición arrogante hizo que engañara a la tercera parte de las huestes celestiales. Tenemos una breve definición en Apocalipsis 12:4: “Su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra”. Apocalipsis 12:7 nos anuncia una guerra entre los ángeles, que está por venir: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles”. El mismo libro nos habla de ángeles encarcelados, que serán librados para cometer maldad en los últimos días (Ap.9:1-11; 14:19; 16:13-16).

 La próxima lección histórica es del tiempo de Noé, cuyo oficio fue predicar. Mientras hablaba de la justicia de Dios, preparó un arca de salvación. De toda la población del mundo antiguo, solamente ocho personas, incluido Noé, escucharon, creyeron, y fueron salvos. Él y su familia sobrevivieron para preservar la raza humana y empezar una nueva civilización. El resto fue borrado de la faz de la tierra, y tal desastre sentó un precedente para el resto de la historia mundial, es decir, el precedente de un principio espiritual que indica que pocas personas, en todas las épocas, serán salvos (v.5).

 Uno de entre la multitud que seguía a Jesús, le preguntó: “¿Son pocos los que se salvan?”, a lo que Él contestó, para el beneficio de todos: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” (Lc.13:23-24). En el Evangelio de Mateo nos aclara algo más: “Ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (7:13-14). 

 Después de mencionar el diluvio, Pedro habla de la destrucción de Sodoma y Gomorra, ciudades que fueron reducidas a ceniza, donde toda la población fue exterminada (v.6). Fueron a unirse con las multitudes de los eternamente condenados, quienes llegaron a ser un ejemplo del juicio seguro de Dios contra el pecado y los pecadores, en el Antiguo Testamento. Los profetas trajeron estas ciudades a la memoria de Israel, advirtiéndoles que el mismo juicio podía caer sobre ellos. Isaías, incluso, les llamó Sodoma (Is.1:10), y el apóstol Juan también llamó a Jerusalén, Sodoma (Ap.11:8). Jesús dijo que los pueblos galileos que rehusaron arrepentirse experimentarían un juicio aun más grande que el de Sodoma y Gomorra (Mt.11:23-24). De igual manera, Dios prometió que la destrucción de Babilonia sería como la de estas dos ciudades condenadas (Jer.50:40), igual que Edom (Jer.49:18), nación vecina de Israel.

 Debe ser un gran consuelo para nosotros ver a Lot, con sus errores, hallado entre los justos (v.7). El sobrino de Abraham participó en la fe preciosa de su tío, y Dios le declaró justo ante Él. Como hemos estudiado en el último capítulo, la fe es la única manera, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, por la cual la justicia de Dios es satisfecha. Junto con la justificación, Lot recibió una naturaleza que se afligía por el pecado que le rodeaba, y no pudo acostumbrarse a ello. Durante todo el tiempo que moró en Sodoma, permaneció como un extranjero en su corazón, y el pecado fue una aflicción espiritual y diaria (v.8). Una pregunta: ¿Es el mundo una atracción o una aflicción para ti? Nadie conoce al escritor de esta antigua canción evangélica:

 El mundo no es mi hogar, sólo voy pasando por él,

Mis tesoros me esperan, en un lugar más allá del cielo azul;

Los ángeles me llaman, desde la puerta abierta del cielo,

Y no puedo sentirme en casa, ya en este mundo.

  

Ejemplos de una impiedad engañosa

 9.      Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados                    en el día del juicio; 

10.  y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, 

11.  mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor. 

12.  Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición, 

13.  recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Éstos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores. 

14.  Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición. 

15.  Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, 

16.  y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta.

 El versículo 9 nos muestra un principio espiritual que viene directamente de la naturaleza del Señor. 1. El Señor siempre liberta a su pueblo. 2. El Señor siempre castiga a los impíos.

Incluso en Sodoma, el Señor supo cómo librar a los Suyos, enviándoles a ángeles que “daban prisa a Lot… deteniéndose él, los varones asieron de su mano… según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron (Gé.19:15-16). ¡Es un maravilloso ejemplo de la misericordia del Señor, a pesar de que Lot se detuvo!

 Arde el corazón al ver Su gracia moverse a favor de gente indigna. ¡No hay límites para Su amor y el poder libertador que lo acompaña! Pero tan segura como es Su misericordia por el justo, es Su aborrecimiento por el malo. Por eso, Su pueblo tiene que huir de lo que John Bunyan llamó “La ciudad de destrucción”, porque Su juicio sobre ella es seguro. Vemos la sentencia sobre Sodoma y Gomorra, y también contra Jericó (Jos.6:20-25) y Babilonia (Ap.18:2-8), otros dos ejemplos sobresalientes. Recomiendo que cada lector los vuelva a examinar.

 Específicamente, Pedro muestra los caminos de los impíos. Su mayor error es que caminan “siguiendo la carne”; carne es el término utilizado para la naturaleza caída. Es la naturaleza vieja de Adán la que controla a toda la raza humana. La cruz, no solamente trató con el pecado, sino que también destruyó esta fuerza interior, irremediablemente pecaminosa, que esclaviza al pecador. Cristo la sepultó y después resucitó, y sopló la vida del Espíritu Santo sobre Sus discípulos (Jn.20:22). “Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante” (1 Co.15:45). 

 Los impíos continúan andando en la inmundicia en la que cayó Adán. Tienen una naturaleza rebelde, caracterizada por la insubordinación contra toda autoridad. También tienen una mentalidad enloquecida, una arrogancia irrazonable y un egocentrismo que solo busca satisfacer sus cinco sentidos. Se enfrentan, con una actitud desafiante, contra las autoridades superiores (v.10), lo cual demuestra una presunción atrevida e insensata.

 La Biblia nos enseña a tener cierta precaución al tratar con fuentes demoniacas. Mientras apreciamos la asombrosa autoridad dada al creyente, según esta declaración: “Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Jn.4:4), no tenemos derecho a insultar neciamente a los espíritus malos. Los ángeles, que tienen más autoridad que los humanos, nos dan ejemplo, ya que “no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor”.  Recuerda siempre que un orgullo contumaz es fruto de la egoísta naturaleza caída (v.11).

 Mira de qué manera tan fuerte describe Pedro esta característica humana: “Animales irracionales”, es decir, animales salvajes y destructivos, a los cuales les falta sentido común y un temor apropiado, y por ello tienen que ser exterminados. Son criaturas irracionales y corruptas que se autodestruyen, son ignorantes de sus propias acciones. No hay remedio para esta característica, y la poseen todos los que están bajo la naturaleza adámica. A menudo digo que Cristo no es un mecánico que vino a “juntar las piezas de un corazón roto”, como dice una canción, sino para llevarlo a la cruz para ser total y absolutamente destruido (v.12).

 “La paga del pecado es muerte” (Ro.6:23); la alternativa a la cruz es el infierno de fuego. Pedro describe la falta de vergüenza de aquellos que “cuentan por deleite andar en placeres disolutos durante el día (LBLA). Su audacia incluso los lleva a la iglesia, manchando las aguas puras de las que bebe el creyente. Son engañados y engañan. No tienen un deseo de alcanzar a los perdidos y moribundos, sino de estar mezclándose con creyentes para poder propagar sus falsas doctrinas, las que no son más que “inmundicias y manchas”. Pedro lo observó en su día y persiste en el nuestro (v.13).

 Un cristiano se une con el Señor en la batalla contra su propia carnalidad, estando muy consciente de su presencia en él. El apóstol Pablo admitió: “Yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien” (Ro.7:18). Pedro dice que los ojos que son las ventanas de un corazón malvado, que anhelan cumplir con deseos inmundos, y no pueden ni quieren cesar de pecar. Son egocéntricos y están en guerra contra el Señor. Revelan su naturaleza como un mar inestable, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra”, como declara Santiago 1:6. Pablo nos enseña acerca de la disciplina de un atleta: “Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire” (1 Co.9:25-26).  Por otra parte, Pedro escribe a aquellos que se ejercitan para obtener deseos egoístas y que viven bajo maldición (v.14).

 El versículo 15 nos enseña la clase de profeta que era Balaam. Cuando bendijo a Israel, estaba obligado a actuar de forma contraria a sus deseos internos. Él dijo cosas correctas porque el Señor desautorizó sus propios pensamientos. En su corazón, “abandonando el camino recto, se han (había) extraviado”. En el relato del Antiguo Testamento, “se puso en un sitio estrecho donde no había manera de volverse ni a la derecha ni a la izquierda” (Nú. 22:26). Anduvo locamente bajo los ojos de un Señor airado y, en ese tiempo, casi terminó su vida. Más tarde, murió junto a los reyes madianitas (Nú. 31:8). En el caso de José, el Señor, en su soberanía, intervino cambiando la mala acción de sus hermanos en una bendición. Tenemos el gran ejemplo de la cruz, cuando los hombres, haciendo todo lo peor posible para destruir a Jesús, solamente estaban cumpliendo el plan eterno de Dios. Balaam, queriendo cumplir el propósito del rey Balac, solamente profetizó lo que Dios quiso que dijera. Algo semejante pasó en la iglesia de Pérgamo, porque el espíritu de Balaam estaba en algunas personas de esta iglesia (Ap.2:14). Balaam “amó el premio de la maldad”.

 Una bestia muda supo más que este hombre carnal y pienso, a veces, que la maldad de la humanidad supera a la de los demonios. ¿Te acuerdas de cómo Satanás reaccionó a la palabra del Señor cuando Jesús le desafió? Muchas veces vemos que los hombres son totalmente mudos y ciegos a Su palabra. Los demonios reconocieron la presencia del Señor mientras que los líderes religiosos no. La bestia habló con lenguaje humano para refrenar al profeta, pero no le paró definitivamente. Balaam actuó locamente, y también lo hace la naturaleza humana revelándose entre la población hoy en día (v.16).


La zoología espiritual

 17.  Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa                   oscuridad está reservada para siempre. 

18.  Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error. 

19.  Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció. 

20.  Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. 

21.  Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. 

22.  Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno. 

Las fuentes provocan una esperanza de hallar agua, que es esencial para la vida. Pero Pedro escribe acerca de un tipo de fuentes que apagan la esperanza, y dejan seca la boca del sediento. Las nubes traen la esperanza de una lluvia refrescante, pero las nubes a las que se refiere el apóstol pasan por encima y dejan la tierra seca y dura. Los que personifican estas fuentes y nubes vacías, posiblemente deseen la gloria del cielo, pero solamente les espera la “más densa oscuridad” (v.17). El escritor de Hebreos describe: “Pero la (tierra) que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada” (He.6:8).

 Fuentes y nubes sin agua, igual que “palabras infladas y vanas”, se dirigen y conquistan a la naturaleza adámica, pero no atraen a la nueva naturaleza en Cristo. No puedo ver lo que los predicadores de “prosperidad y salud” tienen que ofrecer a la naturaleza piadosa; ellos solo despiertan la codicia por el dinero y las posesiones de la naturaleza caída. Una vez despertada, la codicia lleva al alma a concupiscencias más perversas: “Los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Tim. 6:9). Ellos trabajan en la iglesia, “entre los que verdaderamente habían huido de los que viven en error”. Jesús halló esta doctrina en la iglesia de Tiratira y, como resultado, las personas cayeron en inmoralidad (v.18).

 Esta enseñanza llega más allá de la libertad que tiene sus raíces en la verdad, como Cristo la ofrece en Juan 8:32: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. La ‘libertad’ que los falsos maestros enseñan abre la puerta al libertinaje, peligro del cual Pablo avisó a los gálatas (5:13): “Vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”. La libertad en Cristo halla satisfacción en poder servir a otros por amor. Los deseos que vencen la voluntad cristiana en la iglesia, solo traen ataduras y no conducen a la libertad (v.19).  

 El versículo 20 nos vuelve a los que “verdaderamente habían huido” en el versículo 18. Por tener un encuentro personal con Jesucristo el Señor, Él llegó a ser su Salvador. Sin embargo, engañados por una falsa doctrina, su última condición fue peor que la que habían vivido antes de conocer el evangelio. Jesús habló de esto en Mateo 12:43-45, aplicándolo a la sociedad judía de Jerusalén, pero también pasa lo mismo, literalmente, en cualquier individuo: Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación”. 

 Es mejor morir en una ignorancia total, como un pagano en la jungla, sin jamás haber tenido contacto con la justicia de Dios revelada en el Evangelio, que darle la espalda, rechazando o teniendo una reacción indigna de Él. Los corintios, por ejemplo, tomaron la Santa Cena indignamente, y Dios les juzgó por haberlo hecho: “El que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen” (1 Co.11:29-30). Estos versículos deben despertar temor en el corazón. Estamos involucrados con una Palabra santa que conduce a una vida santa (v.21).

Vance Havner, un predicador sencillo, de las colinas de Carolina Norte, recomendó al cristiano aprender algo acerca de la zoología espiritual. Se refería a versículos como el último de este capítulo, acerca de perros y puercas. La Biblia también enseña mucho sobre ovejas y cabras. Pedro cita un proverbio muy legítimo que ilustra algo más allá del hábito de los perros. Está hablando de un ‘perro espiritual’, que siempre manifiesta la naturaleza de un ‘perro’ que nunca llegó ser transformado en una ‘oveja’. Creo que el mensaje de Pedro, en este capítulo especialmente, fue dirigido a una categoría de personas que estaban expuestas al Evangelio. Podían haber llegado a tener cierto reconocimiento en la iglesia, pero seguían andando, básicamente, en la carnalidad. Sabemos también de gente en Pérgamo y Tiatira, por ejemplo, que seguían siendo ‘perros’ con gusto por su propio vómito; continuaban siendo ‘puercos’ a los que les obsesionaba acostarse en la inmundicia.  Su cristianismo es superficial o muerto, y no han conocido la naturaleza verdadera del evangelio, el perdón de los pecados y el amor de Dios. El mejor remedio para curar los males de los que han sido contagiados por una falsa doctrina es la sana y verdadera predicación de la gracia. Hacía falta la piedad, la naturaleza divina, de la cual escribió Pedro. Nada es mejor que la vida que Cristo ofrece.

 


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